sábado, 26 de julio de 2014

Carta abierta a Alfredo Leuco (H. Presman)


Te aseguro Alfredo que no me hubiera imaginado, allá por los primeros años del siglo XXI cuando mantuvimos varias conversaciones telefónicas, que llegarías a los extremos que transitás desde hace varios años. Había algunas coincidencias  políticas, algún pariente en común en Catamarca y el hecho que ambos fuéramos padres de un único hijo y que lleven el nombre “Diego”.  Un día, invitado a nuestro programa El Tren, allá por el 2005, estabas tan entusiasmado con el gobierno de Néstor Kirchner que lo considerabas el mejor de los que habías conocido. Pero cuando el 13 de marzo del 2007 publicaste una nota en “La Nación” con el título  “Ni Menem había llegado a tanto”, te dejé un mensaje en tu celular diciéndote que algunas de las críticas podía compartir, pero no en el medio en que la hacías.


Pero aun así, nunca podía suponer que un día escribirías un  editorial leído en tu programa en Radio Mitre  el 19 de junio con el título  “Carta abierta al juez Griesa”  en el que te dirigís a quien coloca a nuestro país,  a los millones de argentinos, al futuro tuyo y mío  y de los dos Diegos, llamándolo “Estimado Mister Thomas Griesa”, Dear Mr Griesa (en dos ocasiones), compañero Griesa. Cuando eras un joven militante del Partido Comunista, estoy seguro que nunca pensaste que alguna vez llegarías a escribir esto: “Para el final, compañero Griesa, quiero informarle que nosotros tenemos una interpretación especial del inglés. Los argentinos sabemos de todo y estamos a la vanguardia de la traducción simultánea. God save de Queen en Inglaterra tiene un significado. Acá, significa Dios salve a Cristina. O Dios nos libre y nos guarde. Hay sutilezas que usted no entiende, Mr Griesa. Por eso se atrevió a fallar en contra de nuestro país. Para este gobierno una cosa es perder UN juicio, que es lo que ha ocurrido y otra cosa muy distinta es perder EL juicio. Ese es nuestro verdadero problema.” Es como si te siguiera guiando, más allá de tus virajes, tu viejo mentor Don Victorio Codovilla que no tuvo inconveniente de marchar codo a codo con Spruille Braden, el embajador norteamericano para oponerse a Perón,  como vos hoy lo hacés con “el compañero Griesa”, para oponerte a Cristina Fernández. Te quejás que el gobierno presionó a auspiciantes tuyos o que usó a la AFIP como elemento de presión hacia familiares. Si es así es una actitud muy criticable del gobierno. Pero cuando uno tiene convicciones  no mide lo que sucede en el país conforme a  cómo a uno le va en el mercado, no puede envilecer las opiniones y destilar un odio que en tus editoriales siempre ponés del lado de lo que denostás. En aquellas conversaciones ya muy lejanas en el tiempo, nos contamos nuestras historias políticas. Me comentaste de tu paso por el Partido Comunista y te informé  que mi matriz ideológica es la izquierda nacional,  la  que desde un origen trostkista estuvo desde el 17 de octubre de 1945 del lado del peronismo y de todos los movimientos nacionales y populares de América Latina. Te aclaré que desde 1979  no estoy en ninguna de las fracciones en que se ha dividido y que incluso disentí con su máximo referente, Jorge Abelardo Ramos en algunas de sus posturas de los ochenta y noventa.  Te comenté entonces que para comprender la realidad es fundamental tener una visión clara del pasado y que el enorme desprendimiento y pasión militante de los jóvenes comunistas tropezaban con el obstáculo que el Partido suscribía  la historia mitrista a la que se le agregaba un aditamento de lenguaje marxista.

Intercambiando confesiones juveniles  te conté que para acceder a un intento de análisis y comprensión, en mi caso, tuve que desaprender  lo que me había enseñado la escuela sarmientina con sus méritos de universal, laica y gratuita, pero con el contrapeso sobre el pasado argentino y latinoamericano de pasarlo por el axioma de civilización y barbarie. Por eso en mi caso, abrevé en aquellos que se abocaron a una reinterpretación histórica aplicando el marxismo como un método de análisis e interpretación y no como un dogma. Y te cuento algo con relación a no obnubilar la comprensión de la realidad anteponiendo facturas personales: a Trotsky, Stalín le mató a dos de sus hijos, enloqueció a una de sus hijas, mandó a  asesinar a la mayor parte de sus seguidores y amigos,  lo mandaron a prisión y luego lo desterraron de su país donde fue figura fundamental de la Revolución de Octubre. Por presiones diplomáticas stalinistas lo expulsaron de Noruega donde estaba asilado y el planeta careció de visado para el creador del ejército rojo. El Méjico revolucionario de Lázaro Cárdenas fue el único país que  le abrió sus puertas y en dos años de residencia en un  mundo que ignoraba propuso “Los Estados Unidos Socialistas de América Latina”, como contemporáneamente y sacando lo de socialista impulsó tu odiado Hugo Chávez. Cuando Hitler empezó a considerar romper el pacto de no agresión que había firmado con Stalín y en consecuencia invadir la Unión Soviética, la consigna de Trotsky a sus seguidores fue: “Contra la burocracia soviética, defensa incondicional de la Unión Soviética”.Te recuerdo todo esto para que veas cómo cuando se tienen convicciones, nunca pero nunca se hace alianza con el enemigo y no se las cambia aunque te saquen avisos o presionen para que no lo hagan los anunciantes. Aunque, como es tu caso, odies hasta extremos viscerales al gobierno que enfrenta al juez que ampara a los fondos buitres, el rostro más depredador del capitalismo salvaje.

No se abraza al enemigo Alfredo, como lo hicieron los unitarios exiliados en Montevideo del gobierno de Rosas, y por eso  apoyaron el bloqueo anglo francés de 1838 y 1845 que intentaban declarar la libre navegación de los ríos interiores y llegar con sus manufacturas a destruir al Paraguay, que con su proteccionismo fue el estado más desarrollado de América Latina en el siglo XIX. Lo que no pudieron concretar entonces,  lo consiguieron años después  con inspiración inglesa y de la nobleza portuguesa asentada en el Brasil, y con el entusiasta apoyo de los comerciantes importadores de los puertos de Buenos Aires y Montevideo en la guerra de la Triple Infamia perpetrando un genocidio, exterminando dos tercios de la población. Por esa heroica defensa de los intereses nacionales, San Martín le legó su sable a Rosas y le escribió una carta que comenzaba así:  “Boulogne Sur- Mer, 2 de noviembre de 1848. Excmo. Sr. Capitán general D, Juan Manuel de Rosas. Mi respetable general y amigo: A pesar de la distancia que me separa de nuestra patria, usted me hará la justicia de creer que sus triunfos son un gran consuelo a mi achacosa vejez. Así es que he tenido una verdadera satisfacción al saber el levantamiento del injusto bloqueo con que nos hostilizaban las dos primeras naciones de Europa; esta satisfacción es tanto más completa cuanto el honor del país, no ha tenido nada que sufrir, y por el contrario presenta a todos los nuevos Estados Americanos, un modelo que seguir y más cuando éste está apoyado en la justicia.”

Como ves, son posiciones y actitudes que están en las antípodas de tu carta al juez Griesa. Y San Martín estaba exiliado en una de las dos potencias bloqueadoras y no por eso iba a adoptar una actitud genuflexa con el país que le brindaba hospitalidad.
Es posible que te diste cuenta que habías superado un límite y ni siquiera era posible refugiarse en que todo no era más que un ejercicio de ironía fallido, por lo que que sin venir a cuento en el editorial del 25 de junio escribiste: “….el repugnante e injusto fallo del juez Griesa”

Previamente, el 23 de junio, habías insistido con tu inveterado maniqueísmo: “En un par de días pasamos de humillar a los fondos buitres a autohumillarnos…” Es de Perogrullo, que en una negociación se avance y se retroceda, para volver a avanzar, salvo que simplemente se vaya a firmar lo que el oponente propone.

No se puede hacer periodismo Alfredo, invadido por un odio efervescente y visceral que obnubila la visión y distorsiona todo lo que aborda.

Pero no llegaste hasta aquí de casualidad sino transitando un camino barroso y en permanente pendiente. Siempre desmedido en el elogio al poder económico o en la crítica a quienes lo enfrentan. Cuando el gobierno entró en conflicto con las patronales del campo, eras columnista estrella de Radio Continental, cuyo slogan es “La radio que escucha el campo argentino”, con abundantes avisadores vinculados a la actividad, a la siembra directa y a la soja.


Seguramente fue una casualidad, pero pasaste a ser un fervoroso defensor de la Sociedad Rural y de CARBAP. Es cierto que movilizaron mucha gente, como nunca hubieron imaginado instituciones representativas de la oligarquía. Como se te escapa el diccionario edulcorando adjetivos y  tropezás con la  historia en momentos que te enfervorizás, hablaste que era “El 17 de octubre de los pueblos del interior”. Tal vez ese desliz deba atribuirse a que  hace mucho miras más hacia arriba que para abajo, que en  este nuevo 17 de octubre que sólo vos imaginaste, la clase obrera estaba enfrente y lo protagonizaban  franjas urbanas y rurales de las clases medias que le daban cobertura popular a los titiriteros: la Sociedad Rural, Carbap, La Nación, Clarín, entidades empresariales y partidos opositores movidos a control remoto por el multimedio más poderoso, con la tradicional cobertura infalible para el error de ciertas sectas de izquierda. Más que un 17 de octubre de 1945 parecía un 16 de septiembre de 1955. Un tropezón con el almanaque no cualquiera da en la vida.

Mientras el 17 de octubre de 1945 abrió un período histórico que incluso ha sobrevivido a retrocesos y traiciones del movimiento creado por Perón, del 17 de octubre que vos descubriste, a sólo seis años no quedan ni los escombros y a tres años del 2008, en las elecciones presidenciales del 2011, mucha de esa clase media urbana y rural que le daba el toque popular a movilizaciones reaccionarias votaron por Cristina Fernández cuando alcanzó un 54% de los votos y le sacaba una diferencia al segundo sin antecedentes.


Cuando Jorge Bergoglio fue proclamado y asumió como Papa Francisco, esperabas que proyectara su papel de opositor, ahora a nivel planetario. Fue entonces que escribiste desmesurado el 26 de julio del 2013 con el título de “Prócer y Presidente”: “Le quiero hacer una confesión muy personal. Ya tengo elegido mi candidato a presidente para el 2015. Ya me convenció. Creo que no hay un argentino mejor que él para que conduzca los destinos del país y nos lleve por el mejor de los caminos. ¿No me cree? Mire, yo le voy a poner mi voto de confianza a un compatriota extraordinario que es lo mejor que produjo estas tierras, tal vez, en toda su historia. ¿Sabe porque lo quiero votar? Porque tiene las virtudes, los valores y las ideas de los dirigentes políticos más importantes de nuestro país y porque por su capacidad y su impronta revolucionaria debería estudiarse en los colegios como uno de los máximos próceres de la argentinidad y del planeta. ¿No me cree? ¿Le parece que exagero? Escuche y después me cuenta”

Y después hacías un resumen: “De José de San Martín tiene el coraje para pelear por la libertad de los pueblos y para enfrentar las más grandes dificultades, incluso las que tienen el tamaño de la cordillera de los Andes. Se siente un hombre libre y quiere que todos los hombres sean libres. De Manuel Belgrano tiene la obsesión por la educación, la excelencia intelectual y la flexibilidad para moverse en todos los terrenos. También es creador de una nueva bandera de la fe.

De Mariano Moreno tiene la voluntad revolucionaria. La pasión por romper las burocracias del atraso y la apuesta al cambio de las viejas estructuras. De Hipólito Yrigoyen tiene su amor por los más humildes, su lucha eterna para que la tortilla se vuelva, su profunda fe democrática.

De Juan Domingo Perón tiene su habilidad para conducir, ese liderazgo planetario que lleva a buen puerto porque predica con el ejemplo. Tiene esa sensibilidad especial y sabiduría popular que se cosecha con mucho pavimento recorrido. Tiene humor y picardía. Se podría cantar una marchita que diga: “Por ese gran argentino/ que se supo conquistar/ a la gran masa del pueblo/ con astucia clerical.

De Evita tiene su amor por los grasitas. Su opción por los pobres, por los cabecitas negras……..De Arturo Illia tiene la austeridad republicana y franciscana. Los votos de pobreza, el despojo de todo tipo de vanidad o riqueza frívola. No vive rodeado de millonarios ni de estrellas mediáticas. …. Francisco fue forjado por dos matrices que atravesaron y transformaron la historia de nuestro país. Por el catolicismo y el peronismo. En esas fraguas se formó. En esas convicciones e ilusiones. En esa fe. Muchas veces me pregunto qué me despierta tanta admiración en el Papa si yo no soy católico ni peronista aunque a veces me gustaría serlo. Para tomar lo mejor de ambos. Para tener un oído en el pueblo y el otro en el evangelio o en la doctrina, como decía Monseñor Angelelli. Ya sé que no lo puedo votar. Ya sé que no es candidato. Pero es el espejo que refleja lo mejor de este país. Es el argentino que nos transmite esperanza y capacidad transformadora. Es el Papa. Tranquilamente puede ser un presidente y un prócer. Podrán imitarlo, pero igualarlo jamás. Porque el país no está temblando. Esta latiendo patriotismo, solidaridad y emoción. Se siente, se siente, Francisco presidente. Y si él no puede ser, que algún argentino que se atreva a recoger su nombre y lo lleve como bandera a la victoria.”

De toda esta exageración, hago votos fervorosos para que en el futuro se cumpla tu deseo Alfredo: “Para tener un oído en el pueblo” y no sigas confundiendo aserrín con pan rallado.

El periodista Claudio Díaz, que murió hace unos años, escribió recordando tu pasado más lejano: “Se lo recuerda como el ochentoso apologista de la Junta Coordinadora y Alfonsín; el Chupamenem de revista Gente que entre 1991 y 1993 elogiaba al Rey de Anillaco en sus giras como enviado especial por el mundo occidental y cristiano; el guapo que en 2003, cuando Kirchner decidió meter mano en la efectiva sanción a tanto criminal suelto, contó en Página 12 que él en persona, sí, el propio Leuco, siendo colimba había estado a punto de matar al Cachorro Menéndez, en un impagable autobombo de soldadito revolucionario que se retobaba en el cuartel en pleno ’76, hasta diciéndole a un milico que hay un ejército nacional, sanmartiniano y todo eso…”

Hay actitudes tuyas Alfredo, que ya no son diferencias políticas sino agachadas a las que pueden aplicarse el mal uso que hacés en forma intensa de una frase desdichada: “todo argentino bien nacido”. Es una expresión  Lambrosiana, Alfredo. Todos nacemos iguales y no hay bien y mal nacidos. Pero por un momento me olvido y la tomo como vos la usás.


Estuviste muchos años en Radio Continental como columnista político de Fernando Bravo y con Víctor Hugo Morales dejaron de hacer  el pase separados por diferencias ideológicas y personales.  Nunca hiciste ninguna mención a esa situación inamistosa. Pero bastó que pasaras a Radio Mitre del grupo Clarín para que dieras reportajes descalificando al notable relator uruguayo en la revista Noticias de Editorial Perfil, o en el programa de Mariana Mariani, en canal 13, donde trabaja tu hijo y que por casualidad es del grupo Clarín, o mencionándolo críticamente en la mayoría de las columnas del bisemanario Perfil en donde también por casualidad pasaste a ironizar sistemáticamente  sobre que se le atribuya la totalidad de los males a Héctor Magnetto. Hay una tendencia a actuar genuflexamente con los que te contratan, en una sobreactuación que estoy convencido que nadie te pide. Caminar de rodillas voluntariamente es considerado por algunos, equivocadamente, como un ejercicio de  libertad.


Sobreactuar la línea editorial del medio que te contrata, es muy parecido al obrero que se siente más identificado con su jefe que con sus compañeros. Todo esto  te ha dado puntos para formar parte de la reunión de consorcio de los lunes en canal 13 con las estrellas del Canal, de TN y del diario, donde el que actúa como  epicentro es el reconvertido Jorge Lanata. Es un espejo en donde por tus elogios permanentes al ex director de Página 12, te gusta verte reflejado.

Otra actitud cuya adjetivación escapa a la línea de esta carta, pero que es fácil imaginar, es cuando escribiste contra el periodista Eduardo Aliverti que mantuvo una posición impecable en el doloroso episodio que protagonizó su hijo. Aliverti  hizo conocer su posición  mediante un editorial en su programa “Marca de Radio” de una precisión  notable. Llegaste a leer Alfredo, el 26 de septiembre del 2013, en tu columna habitual entonces en Radio Continental, en el programa conducido por Fernando Bravo, la nota “Críe Cuervos”, que luego fue publicada el domingo 29 de septiembre en el bisemanario Perfil

La misma comenzaba así: “Críe cuervos. A sus hijos no les exija nada. No les ponga ningún límite. No sea autoritario ni padre castrador de su creatividad. Hijos de tigre. Sea compinche, cómplice de sus ocurrencias. Sea canchero, piola. Vaya a la toma del colegio y apoye la profundización de las medidas y que también corten las calles. Corra a su hijo por izquierda. Dígale que no sea pecho frío, que se la juegue. Que no sea reformista. Saque pecho y cuéntele con orgullo que en su época armaban bombas molotov como si fueran sándwiches y que los más valientes mataban policías……

Críe cuervos. Comente con sus amigos lo genial y vanguardista que es su hijo. Confiese que tiene ganas de fumarse un porro con él. Que el otro día le robó plata de su billetera, pero usted se hizo el boludo para no hacerlo sentir mal ni frustrarlo. A lo sumo háblelo con su psicoanalista. O mándele un mensaje por Facebook. Usted sabe que chupa un poco, tres o cuatro noches por semana, pero que eso es parte de la vida. ¿O vos nunca te pusiste en pedo? Dedíquele tiempo a su hijo. Ayúdelo para que complete su posgrado en transgresión. No se quede en el chiquitaje. Ofrézcale cocaína….”

Así sigue la nota. Son una serie de consideraciones absolutamente opinables y que  realizás en el ejercicio de tu libertad. Hasta llegar a un punto en donde rencores a flor de piel te llevan a un territorio que parece reñido con la ética y la verdad: “Críe cuervos. Si su hijo atropella, mata y arrastra a un ciclista durante kilómetros arriba del capó del auto, juegue a fondo. Diga que el ciclista era un padre de familia que iba bien temprano a trabajar por un lugar donde no debe transitar y que el muy turro le pegó un tremendo bicicletazo al auto de su hijo. Si su hijo no podía estar parado y tenía más alcohol en sangre que un tonel, minimice el hecho, justifíquelo y recurra al manual del buen padre que le comenté hace un instante. Repita conmigo: ¿Y vos nunca te tomaste una copita de más?”

Concluye con el siguiente párrafo: “Finalmente, amigos, sepan que cada padre tiene los hijos que se merece. Críen cuervos. Pero, por favor, no se quejen el día que les saquen los ojos.”

Otra frase que utilizas con reiteración es “que del ridículo no se vuelve” Y sin embargo hay un hecho ridículo del que fuiste protagonista y del cual has vuelto, al punto que hoy integras la cuadrilla de demolición de Radio Mitre, el periodismo más militante (a favor de un grupo económico)  de la Argentina que sin embargo se oculta bajo el estandarte del periodismo independiente.  Algunos han recogido pudorosamente lo vacío de esa caracterización y ahora se proclaman “periodismo crítico”


Pasó en el 2010. El entonces bloguero oficialista Lucas Carrasco estaba enamorado de una chica que trabajaba con vos. Escribió entonces en algo que a todas luces era una broma y que hasta el lector menos perceptivo se hubiera dado cuenta: “Hasta que supe, y esto es imperdonable, que Agustina, que está en el rincón, hablando con un gil, sí, que trabaja con Leuco. Ese, un gil. Voy a juntar gente, irme a la puerta de canal 26, hacerle un escrache. Si me la enamoras a Agustina, ay, dios. Voy a matar a todos. No va a quedar ninguno vivo. Este post servirá de prueba. Voy a entrar con una metralleta a ese programa. Voy a matar a todos. Agustina, por dios, sos la mina más linda del mundo, no podes, ok, te entiendo que no me des bola, por eso, sos la más linda del mundo, en ésa te banco, ahora bien, convengamos; con ese gil no…..”

Alfredo, es poco creíble  que estuvieras dispuesto a matar a Luciano Benjamín Menéndez, en plena dictadura y te hayas asustado, en democracia de una broma en forma de amenaza.

En un tono dramático editorializaste en el programa de radio de Fernando Bravo en radio Continental y en tu programa de televisión “ Le doy mi palabra” bajo el título de: Amenaza de muerte: “Lamento tener que dar esta noticia el día de la primavera.Pero es muy grave y no la puedo dejar pasar. Lucas Carrasco, integrante del aparato de comunicación kirchneristame amenazó de muerte y prometió ir con una metralleta al canal 26 para matarnos a todos. No lo dijo en un instante de calentura en una discusión callejera. Lo escribió en su blog que tiene 787 seguidores y que es muy visitado por los sectores juveniles del oficialismo que lidera Máximo, el hijo del matrimonio presidencial……… Los Kirchner concentran tanto el poder que, en general, suelo atribuirle a sus órdenes gran parte de los hechos que genera el oficialismo. Pero esta vez es distinto. Creo que en esto no tienen nada que ver porque como queda claro, mis compañeros de la tele y yo somos las víctimas de estas amenazas pero el principal perjudicado es el gobierno nacional. Un alto funcionario al que consulté me dijo que “Carrasco era un loco suelto, capaz de hacer cualquier cosa al que no había que darle importancia”. Yo le contesté que precisamente por eso había que hacer pública su amenaza. Porque es un loco, es decir alguien poco racional que no se subordina a la disciplina partidaria y porque “es capaz de hacer cualquier cosa”. Por lo pronto sin adjetivar ni editorializar, y con la sola intención de actuar en defensa propia quiero que hable la contundencia de los hechos. Les transmito lo que leí y lo que voy a reproducir esta noche por televisión en el canal 26 si es que llego antes que su metralleta.”

Incluso conseguiste la solidaridad automática de colegas que imprudentemente te acompañaron  entusiastamente en el tránsito por el ridículo.

Cuando en tus editoriales, incursionás en el campo de los pronósticos, tus aciertos brillan por su ausencia. Por ejemplo: al finalizar el 2008 escribiste: “En el calendario político de la historia argentina, 2008 quedará marcado como el año de la decadencia del imperio kirchneriano.”

También se te ve en una entrevista televisiva, en el gobierno de la Alianza, afirmando que sin el FMI no se puede vivir.

Con un lenguaje belicoso que atribuís sólo a los que te critican, repetís permanentemente expresiones como “ladriprogresistas”, “pauta dependientes”, “el goebbeliano sistema propagandístico del gobierno”, y cuando vivía Néstor Kirchner y Cristina ya era presidente lo denominabas “el jefe de la jefa de estado”.

En la recordación de los 20 años del feroz atentado a la AMIA, hubo cuatro actos. Tres de ellos convocados por los familiares que se alejaron de las instituciones representativas de los argentinos de origen judío, con fuertes críticas a la complicidad de dirigentes de las mismas en el encubrimiento de la investigación. Por casualidad, sólo por casualidad, hablaste por segunda vez en el acto convocado por el establishment de la colectividad.


Ahí pronunciaste un discurso con el maniqueísmo que te caracteriza. En un tema complejo con múltiples aristas, apuntaste en forma genérica a todos los gobiernos, diluyendo las distintas responsabilidades. Apuntaste al memorándum con Irán, imputando al canciller Timerman del delito de lesa impunidad y sin la menor duda señalaste a Irán como el que perpetró el atentado. Es posible que haya sido, pero en una “investigación” donde quedaron procesados el juez Galeano que la realizó y los fiscales Muller y Barbacchia, donde aún hoy no existe ninguna seguridad sobre la existencia del coche bomba, con imputados perejiles que luego quedaron en libertad, donde se le pagó a un imputado, hecho que fue grabado y pasado por televisión, donde se destruyeron y plantaron pruebas falsas por parte de la policía y los servicio de inteligencia locales y extranjeros, donde no se avanza sobre el encubrimiento local, no se descubrió un solo cómplice en el país  y se sabe con certeza lo que se tramó a 13.778  kilómetros de distancia, donde el fiscal Nisman que participó y continúo con la investigación impugnada, recibe indicaciones en reiteradas ocasiones de la Embajada Norteamericana sobre lo que hay que investigar ( Irán) y lo que hay que relegar, el encubrimiento local, como quedó reflejado en los wikileaks,  el haber desechado  la pista siria y así hasta el infinito. Mostrando una ubicuidad para nada sorprendente, no mencionaste el papel desempeñado por el ex Presidente de la AMIA Rubén Beraja, que irá a juicio oral por el encubrimiento porque era como mentar la soga en la casa del ahorcado y te perderías una tercera invitación para hablar en el acto. Llamativo escamoteo en alguien tan valiente que estuvo, según propia confesión, dispuesto a asesinar, en los años de plomo, al carnicero de Córdoba.

Por si lo olvidaste o no lo leíste te recuerdo: “Los funcionarios estadounidenses de la embajada le dijeron a Nisman que se dejara de embromar con la llamada “pista siria” señala el cable diplomático.....Al advertir el malestar de los diplomáticos estadounidenses por el pedido de captura de Menem, Nisman les aseguró que no iba a insistir con sus averiguaciones acerca de la “conexión local”. Dijo que le había entregado esa investigación al juez Lijo y que de ahora en más se dedicaría a seguir la recomendación que le habían hecho los funcionarios de los Estados Unidos. Escribió Wayne ( el embajador): “Nisman aseguró que ya no tendría ningún rol en ese aspecto del caso (la investigación de la conexión local) y que continuaría enfocado a descubrir nuevas pistas y fortalecer las pruebas contra los iraníes”   (Paginas 38 y 39 de ArgenLeaks. Los cables de Wikileaks sobre La Argentina de la A a la Z de Santiago O`Donnell). A su vez, del mismo autor en su  libro siguiente “PolitiLeaks” escribió: “Los cables muestran que el gobierno de los Estados Unidos impulsó y alentó la investigación de los sospechosos iraníes acusados de haber cometido el atentado que en  1994 mató a 85 personas. Distintos funcionarios estadounidenses mantuvieron contactos con el fiscal encargado de llevar adelante la investigación, Alberto Nisman. En esos encuentros, los estadounidenses dejaron en claro que no dudaban de la culpabilidad de los iraníes acusados  por la fiscalía, e insistieron que Nisman dejara de lado  la “pista siria” y la “conexión local, por considerar que esas pistas podían debilitar el “caso internacional” en contra de los acusados iraníes” ( Páginas 259 y 260). Nada de todo esto te ha hecho por lo menos dudar y tampoco considerar que estas instrucciones de una potencia extranjera a un Fiscal de la Nación es un delito de lesa impunidad. Esto no significa que Irán no pueda ser culpable, sino que previamente se determinó  quien es el culpable y luego se buscaron las pruebas en esa dirección.

Es que el odio, Alfredo, se convierte en un par de anteojeras contra el entendimiento.

Siempre repetís casi como una muletilla que “el periodista tiene que ser el defensor del hombre común y el fiscal del poder”. Y considerás que sos la expresión acabada de esta contundente afirmación.

Pero los hechos desmienten tu relato. Tomemos los últimos años: tu discurso estaba en línea con los intereses económicos del grupo Prisa propietaria de Radio Continental. Te alineaste con las patronales del campo, sobreactúas los posicionamiento del grupo Clarín ( lo que ya es mucho decir) y del bisemanario Perfil, te abrazás con las instituciones establishment de los argentinos de origen judío. Tenés una rara capacidad, o sos  víctima de la casualidad permanente, el estar siempre del lado del poder económico y mediático hegemónico.  No sos entonces un fiscal sino un  defensor y militante de sus intereses, mientras te envolvés en la bandera del pretendido periodismo independiente. Confundís llamativamente los roles, te ves como fiscal del poder cuando actúas como su defensor y el hombre común que mentas, rara vez cuenta con tus servicios.

Dejo aquí porque esto ya se ha hecho largo y poco aportaría seguir abundando en tu pendiente.

Te aseguro Alfredo que me hubiera costado imaginar, allá por los primeros años del siglo XXI, cuándo mantuvimos varias conversaciones telefónicas, que llegarías a los extremos que transitás, de los cuales la carta a Griesa es tu obra maestra. Arturo Jauretche la hubiera incluido en su “Manual de zonceras argentinas”. Y como vos decís: “Te doy mi palabra”

Fuente

martes, 22 de abril de 2014

La Gente

Está en la voz de casi todos; en la televisión, en la radio y en la prensa escrita a cada momento asistimos a su apelación: “la gente”.

Todos hacen decir a “la gente” lo que cada uno cree que siente o expresa esa porción indeterminada de personas que hacen al colectivo (¿?) “la gente”; en realidad todos hacen decir a “la gente” lo que a cada uno le interesa que “la gente” sienta o exprese.

“La gente” funciona como una suerte de validación más o menos incuestionable: lo dice “la gente” y ya ¿cómo atreverse a contradecir? “La gente” juega a funcionar como una noción sustituta de “la mayoría”. Cuando escuchamos “la gente” podemos sospechar que quien lo dice lo dice como resultante de una exhaustiva encuesta en toda la sociedad: “es lo que la gente está pidiendo”.

“La gente” es un sucedáneo generacional de “el pueblo”. En los 70 las izquierdas locales aludían a “el pueblo” tanto como hoy se convoca a “la gente”. “Es lo que el pueblo está pidiendo”, “la lucha del pueblo”, “el pueblo llama a la revolución”. Los líderes revolucionarios no dudaban un segundo en estar interpretando fehacientemente la voluntad de “el pueblo”: siendo exégetas de “el pueblo” es que tomaban sus decisiones. Ya pudimos comprobar que resultó de esa creencia.

“La gente” es una suerte de naipe comodín, multiuso. Su apelación juega a producir puro consenso: “es lo que la gente en la calle pide”. Los mismos que hablan de “grieta” hablan de “la gente” como una noción maciza, homogénea, fácilmente ubicable. ¿En dónde es que operaría, entonces, esa “grieta”? Si la sociedad está partida por una grieta ¿cómo “la gente” se presenta como una idea uniforme?

Un uso abusivo de “la gente” suele ser el de trasladar pensamientos o ideas de uno a esa entidad en definitiva híper anónima que es “la gente”: no lo digo yo, lo dice “la gente”. Mirtha Legrand es una especialista en esto: ella es LA exégeta de “la gente” (uno se la imagina traqueteando las calles del país empapándose de “la gente”). Especialmente la televisión es la que nos ofrece el uso más indecente de esta modalidad.

El trayecto mediático de “la gente dice” es más o menos el siguiente: en los medios hegemónicos se comienza a germinar un rumor (“hay gente que dice…”) que no demora en caer a la calle y desparramarse para luego volver a los mismos medios bajo el formato de “en la calle la gente dice”. Es decir, un bumeran que comienza y acaba en el mismo sitio. La mejor explicitación de este trayecto está en este breve texto: En Australia no se consigue, de Verbitsky.   

Muchas veces se me ocurre pensar que todos los que dicen “la gente” son los mismos que utilizan “sentido común”: “este país necesita sentido común”; “es una cuestión de sentido común”, etc. Dicen que fue Barthes el que dijo que el “sentido común” es el menos común de todos los sentidos. La idea que pretende invocar la frase “sentido común” es desde todo punto de vista inviable, hasta absurda. ¿Común a quién o quiénes?

Con “la gente” sucede algo similar. Siempre me da la sensación que cuando un tipo en la televisión dice “la gente quiere…; la gente pide” se está refiriendo a no más de diez o doce personas con las que se vincula en la cotidianidad. Es un recorte universal que se hace a partir de la voz de no más de veinte tipos.

Están, finalmente, los que no dudan en emparentar los resultados de las mil y una encuestas que se hacen a diario con la voz, unívoca, de “la gente”. Como si todas estas encuestas ofrecieran un exacto resultado y no, como la realidad demuestra, muchos y bien diferentes.

“La única verdad es la realidad”: he aquí otra falacia de adopción multiuso. Hasta el más gorila acepta citar a Perón con este apotegma. No advierten, eso sí, que si algo lo destacaba al General por sobre el resto era su infinita capacidad de persuasión en la negociación (el año 45 fue esencial en esto). Podría decirse que el truco consiste, primero, en hacer una descripción de “lo que sucede” sin nombrar la palabra “realidad”, para finalmente lanzar la frase “la única verdad es la realidad”: la que te acabo de contar.

Creer que la realidad contiene una sola versión monolítica es semejante a creer que “la gente” refiere a una sola voz, homogénea y clara y que “sentido común” responde a una lógica colectiva, masivamente consensuada. El lenguaje está lleno de estas expresiones vacías de sentido que pugnan por presentarse como verdades reveladas de la cultura.   

sábado, 19 de abril de 2014

Intratables (por C. Barragán)

EL CUPO

¡Alegría! El programa Intratables de Santiago del Moro parece ser el nuevo foro democrático donde podemos asistir al mejor pluralismo televisivo. Ahí podemos encontrar desde un Alfredo Casero hasta un Luis D´Elía, pasando por Jorge Yoma, Massa, De Narváez, Altamira, Insaurralde, y otros. Pero Intratables no sólo hace gala de esa pluralidad de bazar a la hora de las invitaciones, también parece plural en su estructura donde cuenta con un panelista diferente encarnado en Diego Brancatelli. Brancatelli funciona ahí como la palanca que pone en marcha la falsa democracia del programa cuando Del Moro decide escuchar y presentarle a su audiencia al “fenómeno”, el kirchnerista, el peronista que muchas veces es acompañado por la marcha ad-hoc en un gesto de sarcasmo que es festejado por el resto del grupo conformado por panelistas normales. Digamos que Intratables es un programa normal, hecho por gente normal, menos uno –Brancatelli- que vendría a ser el que cumple con el cupo de discapacitados. Un hecho que Del Moro asume con paciencia y responsabilidad como lo haría cualquier patrón sensible a las leyes laborales. En este caso las leyes del rating.

En Intratables nunca se presenta a cualquier otro panelista como el radical Mengano, el fascista Zutano, o el ignorante tal, el acomodaticio tal, el gorila tal, el trosko tal, o el boludo tal. Sólo Brancatelli necesita ser adjetivado y encuadrado en su pertenencia política que lo destaca como una deformidad dentro de un grupo normal de personas normales. Hasta Alfredo Casero zafa de calificativos y se vuelve normal, como un día se volvió normal el ex-anormal Lucas Carrasco con el sencillo expediente de sentarse ahí y no decir nada que favoreciera al gobierno sino todo lo contrario. Nadie se ríe de ellos, nadie les pone una marchita, se los deja hablar amablemente, y el trato es el que se le dispensa a cualquier persona respetable u opositora, que son sinónimos.

En realidad la lógica que impone Intratables es la misma que podemos ver en los medios más poderosos. Sólo el oficialista Brancatelli es sospechado de recibir dinero de manera espuria, y sólo a él se le pregunta cuánto gana y cómo lo gana, y para qué se lo pagan. Los demás pueden decir lo que quieran, operar para el candidato que quieran, sumirse en la imbecilidad que quieran, bajar la línea política que quieran, que eso jamás supondrá una sospecha sobre las intenciones íntimas o los objetivos no dichos que figuran esos discursos. Y mucho menos se indagará sobre qué ventaja monetaria les trae realizarlos.

En términos televisivos uno diría que Brancatelli es a Intratables lo que Pardini es a Duro de Domar. La diferencia es que en DDD Pardini está ahí para generar alguna polémica y nunca para ponerlo en la picota de la desconfianza y la corrupción. Diríamos que Pardini funciona en el grupo como el amigo diferente, mientras que Brancatelli funciona como el enemigo diferente. Al primero se lo escucha con cariño y con ganas para ver de qué manera se le devuelve la pelota, al segundo se lo tapa con las voces normales para después sospecharlo de corrupto como el gobierno al que apoya. En DDD Pardini participa de la relativa anormalidad del grupo, en Intratables Brancatelli garantiza la absoluta normalidad de los demás exponiendo su deformidad K.


DEFENSA DE LA NORMALIDAD

Después de tantos años de pelearnos contra la hegemonía de la lógica liberal en los medios hay que asumir que fue poco lo que pudimos hacer para cambiarla. No es un cambio ver a uno de los nuestros metido entre esos normales de siempre que saben transitar desde 678 hasta aterrizar en el programa de Luis Majul, como es el caso de Oliván. Ella es la muestra perfecta de quien supo salvar su normalidad a tiempo, y comprendió pronto que para seguir perteneciendo a la corporación periodística debía abandonar la conducción del monstruo y renegar de cualquier pretensión de cambiar o al menos criticar esa lógica de la dominación que hoy se reproduce en Intratables.

La normalidad de siempre es lo que Del Moro logra conservar en cada emisión de su programa. La normalidad de siempre es lo que se refuerza mostrando a Brancatelli como lo que no es normal. La normalidad de siempre es la que diferencia al “vecino” que lincha, del “delincuente” linchado. La normalidad de siempre es la que le permitió a nuestra clase media sentirse exenta de lo que ocurría durante la dictadura del 76. La normalidad de siempre es Massa. La normalidad de siempre es Mercedes Ninci. La normalidad de siempre es Clarín con las medialunas del domingo. La normalidad de siempre es que somos un país de mierda. La normalidad de siempre es el humor de Borenzstein. La normalidad de siempre es Bonelli. La normalidad de siempre es que nos dejen ahorrar en dólares, que la sirvienta trabaje en negro, que los poderosos escriban sus leyes, que el gobierno es un gestor al que contraté votando, y que lo privado es más transparente y limpio que lo estatal. Pero sobre todo, la normalidad de siempre es que los medios de comunicación sepan instruírnos sobre qué es normal. Esa es la lucha que nunca abandonaron –la de ser nuestros instructores- porque saben que la clase media burguesa y quienes la ansían son muy sensibles a que los consideren seres anormales, incorrectos, kirchneristas. Ese terreno fértil sobre el cual trabajan es lo que les da energías y esperanzas en volver a tener un país como el que tenían. Y yo no sé si estamos a tiempo o no de dar vuelta la pelea, pero eso no me influye a la hora de seguir peleando por la anormalidad general. Supongo que a Brancatelli le pasa lo mismo.

sábado, 8 de marzo de 2014

Falta de códigos (por L. Bruschtein)

Dos personas reclaman por seguridad. Una de ellas ha sido asaltada. La otra es un político en campaña que reproduce calcado el mismo discurso. Una de las dos está mintiendo y obviamente no se trata de la que ha sido víctima de la inseguridad. El enojo y el dolor, el sentimiento de impotencia y vulnerabilidad ante la violencia que ha sufrido, explica la reacción exaltada, la necesidad y la exigencia de una respuesta inmediata. No solamente la explica, sino que además despierta un sentimiento de identificación y solidaridad en el resto de la sociedad. El político, en cambio, utiliza ese discurso para usurpar el lugar de la víctima, está tratando de capitalizar esa reacción, aunque sabe que lo que sucedió no puede ser reparado, que lo que se haga tendrá efecto mayormente como prevención hacia el futuro, y sabe que aún así será necesariamente en forma parcial y progresiva, porque no puede haber resultados inmediatos.

Los políticos son los primeros en identificarlo cuando uno de ellos está usando la inseguridad como tema de campaña. Cuando una persona ha sido víctima de un delito violento resulta ilógico y hasta cruel tratar de discutir con ella, lo único que se puede hacer es solidarizarse con su dolor y tratar de contenerla. Cuando un político imita el discurso de la víctima está buscando la misma reacción, o sea que cualquier intento de discutir con él sea identificado como un acto desnaturalizado en detrimento de la víctima y a favor de los victimarios.

Esa metodología transmite la apariencia de abordar la problemática de la inseguridad, pero en realidad la está blindando ante cualquier intento de hacerlo y discutirla desde enfoques ciudadanos que puedan traspasar la ilusión de respuestas inmediatas y milagrosas. Y se trata justamente de un problema que requiere la convergencia de miradas diferentes y de una reflexión que pueda superar incluso, en el caso de las víctimas, la ira y el dolor que enturbian más de lo que aclaran.

Es una metodología también que pone en juego las peores herramientas de la política, porque no se motoriza sobre el afán de justicia, sino sobre el temor y el dolor de las personas. Convierte el temor y el dolor en mercancías para la demagogia. Son mecanismos emotivos que han usado los peores tiranos para justificar sus excesos.

Ha sido una práctica habitual de las dictaduras. Lo cual no implica que todos los que las usan sean tiranos, pero se ubican en los niveles más bajos de calidad cívica donde la carga demagógica y emotiva es tan fuerte que obstaculiza y ensucia la posibilidad del debate democrático. El debate es instalado en un terreno pantanoso, en una situación similar a la de alguien que tratara de imponer racionalidad en una turba futbolística.

La oposición reculó en bloque cuando detectó que Sergio Massa usaba estos mecanismos para embestir contra la reforma del Código Penal, en la que varios de sus miembros habían participado como parte de la comisión multisectorial que trabajó durante dos años. No le importaron los argumentos ni si era necesaria la reforma ni desautorizar a dos de sus figuras más prestigiosas, el radical Ricardo Gil Lavedra y Jorge Pinedo, del PRO, con tal de zafar rápidamente y dejar solo al oficialismo. La Coalición Cívica se había negado a integrar la comisión multisectorial porque no concibe que pueda existir la necesidad de consensos que incluyan al oficialismo.

La reforma del Código no se ha plasmado todavía como proyecto. No se ha llegado a discutir ni a presentar. Más allá del ámbito del derecho y la Justicia no se entiende la importancia del tema, por qué es necesario y por qué requiere consenso más que aprobación por mayoría y minoría y mucho menos entienden los aspectos técnicos. Se trata de un debate no nato y toda la campaña de Massa ha sido justamente para impedirlo.

La consigna principal de esa campaña ha sido que la reforma del Código está pensada para favorecer a los delincuentes y no para proteger a los ciudadanos. El rechazo del debate, la forma extremista como está planteada y el momento en que se lanzó muestran más la urgencia de Massa de recuperar espacio para sostener su candidatura presidencial para el 2015 que preocupación por la inseguridad.

Hay periodistas que vienen repitiendo que Massa ocupa el primer lugar en encuestas que nadie ha visto. Ha sido siempre la forma de Massa para instalarse como candidato. Pero las primeras encuestas que aparecieron mostraron a Daniel Scioli por delante de Massa, que a su vez tiene problemas para retener al voto conservador no peronista que tiende a migrar tras la candidatura de Mauricio Macri. Además, la estrategia del ex intendente de Tigre apuesta a mostrar una imagen ganadora para traccionar dirigentes del peronismo. Es más difícil hacerlo si aparece segundo, tercero o cuarto a nivel nacional en las encuestas.

La embestida furiosa contra la reforma del Código está más relacionada con esa necesidad electoral del massismo que con una preocupación real sobre el tema. Básicamente porque la esencia de la reforma en realidad es la unificación de legislación que ya existe y que se fue superponiendo a lo largo de décadas. Lo nuevo que se agregue seguramente tendrá un tratamiento diferente. Como gran parte de esa base electoral conservadora no peronista en disputa es radical o macrista, con esta maniobra Massa trató de dejar emblocados a la UCR y al PRO con el oficialismo.

La reforma del Código fue asumida por una multisectorial porque se trata de normas que encuadran la convivencia de la sociedad en su conjunto y que por consiguiente exceden al pensamiento de una sola fuerza política, sea del oficialismo o de la oposición. La CC despreció la participación en esa tarea y el Frente Renovador no existía cuando se formó la comisión. Las fuerzas de oposición que se incorporaron junto con juristas y expertos asumieron esa responsabilidad cívica porque entendieron la importancia del tema y no para secundar al oficialismo. Fue una actitud elogiable que se desmereció ahora con el apresuramiento a desdecirse ante la ofensiva demagógica del Frente Renovador.

Massa adelantó los tiempos electorales porque necesita retener su base electoral y está obligado a mantener autoinflada una imagen ganadora para atraer a otros dirigentes del peronismo. Los partidos de oposición plantearon entonces que no es el momento para discutir la reforma del Código, con lo que un tema de fondo fue finalmente postergado por un juego político que adelanta la competencia electoral.

De todos modos, el uso de soluciones mágicas, absolutas e inmediatas para problemas complejos durante una campaña electoral es un recurso de baja calidad. Esta campaña ubica al Frente Renovador como un heredero del viejo peronismo menemista, con las mismas artimañas que se le han cuestionado a la vieja estructura del PJ bonaerense. No hay ninguna renovación en ese sentido, sino por el contrario, la repetición de viejas mañas.

El problema de la inseguridad no se resuelve con la reforma del Código Penal y menos con su rechazo, pero su debate forma parte de un proceso para buscar soluciones e incluso para agilizar el ejercicio de la Justicia al facilitar el trabajo de los jueces. Usurpar el discurso de las víctimas con fines electorales es un recurso puramente demagógico y como tal siempre tendrá un efecto contrario al que dice perseguir. Las consecuencias de llevar al extremo ese discurso han sido, entre otras frustraciones, Aldo Rico como jefe de la Bonaerense y Juan Carlos Blumberg como legislador ad hoc. En todo caso, el problema de la Justicia y la inseguridad tendría que ser más importante que la circunstancia de una disputa electoral.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Relata, relata que algo quedará

Cuando hablan o escriben del “relato (K)” están diciendo: “este Gobierno construye un verso para que te lo creas pero en realidad no es más que eso, un verso, una ficción, una total falsedad imaginada para los giles propios y los despistados ajenos”. Cuando hablan o escriben del “relato (K)” también están diciendo: “nosotros, que de esto sabemos mucho porque ya lo vivimos en otro tiempo, nosotros, que a este gobierno le sacamos la ficha al toque, te vamos a ayudar para que te des cuenta del gran verso de estos tipos”.

La imposibilidad de asistir a todas las posibilidades de expresión que “la realidad” tiene para ofrecernos obliga a que, en la enorme cantidad de los casos, esa realidad deba sernos transmitida por alguien: es ahí cuando nace el relato. Nada más normal y atávico que esto.  

Lo gracioso e insólito de los medios de comunicación enfrentados al gobierno (porque si algo los define es la subestimación intelectual hacia sus destinatarios) es la pretensión de hacer creer que la realidad argentina es producto de un único y falaz relato (el relato K). En ningún momento le insinúan a sus lectores la posibilidad de que ellos también, cada día, están construyendo un relato, otro relato, de esa realidad. No, la propuesta alucinada de estos medios es hacer creer que en la realidad argentina hay dos opciones: su interpretación falsa (el relato K) y su interpretación verdadera, la realidad real, la indiscutible (obviamente, la de ellos).

Afirmar y repetir incansablemente que toda versión del gobierno es una total falsedad, una pergeñada impostura tiene la intención de simplificar al máximo cualquier lectura o interpretación de la realidad. Los medios de comunicación no enfrentan al “relato k” en sus contenidos, simplemente lo descalifican, le imputan una completa falsedad. ¿Qué más perverso que un grupo de personas que deciden construir una Gran Mentira con el fin de engañar a toda una sociedad? En lo que estos medios parecieran no reparar (porque saben del adiestramiento de sus consumidores) es en la posibilidad de que esta estrategia frente al enemigo sea leída como una auto confesión.  

A continuación presento una lista de notas publicadas en apenas cuatro medios en cuyo título es posible leer la palabra “relato (K)”. Se trata de una lista parcial, en absoluto completa. Por supuesto, esta lista no incluye las otras cientos de notas que incluyen la idea de “relato (K)”. La obsesión, recurrencia y estrategia de instalar la idea de un (falso) relato K en torno a la realidad argentina nos conduce a la hipótesis de “el relato del relato”.
           

La Nación:

* Relato e impunidad, el refugio que busca Cristina (F. Laborda)

* El kirchnerismo y la guerra del relato (F. Laborda)

* El nuevo relato de Cristina que nos lleva a 1952 (F. Laborda)

* Golpe al corazón del relato (F. Laborda)

* Nueva fase del relato K: ahora, a los jueces (F. Laborda)

* El poder cristinista, el relato oficial y los límites de la sociedad (F. Laborda)

* Cristina, del Día del Relato Oficial al tan mentado 7-D (F. Laborda)

* Cristina, presa de la fragilidad de su relato (F. Laborda)

* El país de las maravillas del relato cristinista (F. Laborda)

* El nuevo relato de Cristina: las uvas están verdes (F. Laborda)

* El relato K para los nuevos desafíos (F. Laborda)

* Un cúmulo de contradicciones y distorsiones en el relato K (F. Laborda)

* El fin de la épica, ¿el fin del relato? (O. D'Adamo)

* Mística e identidad: las cuatro fases de la relatocracia (O. D’Adamo)

* El relato cambia, para que nada cambie (P. Mendelevich)

* El capítulo onírico del relato K (P. Mendelevich)

* Yahuar, más preocupado por el relato que por la realidad (C. Mira)

* Farándula K: los traductores del relato (L. Di Marco)

* La Presidenta, ante un relato que se aleja de la realidad (J. Oviedo)

* Inflación, interés y el relato que no cierra (J. Oviedo)

* Un relato, el único plan de Gobierno (J. Oviedo)

* Relato y victimización en lugar de política (J. Oviedo)

* Los peligros de un nuevo relato (G. Montamat)

* Construir un relato alternativo (G. Montamat)

* El “relato” y los cortes de luz (Editorial)

* La imagen del “relato” nos cuesta demasiado (Editorial)

* Brasil jerarquiza su educación y Argentina, el relato (Editorial)

* El fútbol, al servicio del relato kirchnerista (Editorial)

* YPF, otra frustración del relato kirchnerista (Editorial)

* El “relato” y la mentira (Editorial)

* Un relato oficial plagado de flagrantes contradicciones (Editorial)

* La desaparición de Julio López y los límites del relato (Editorial)

* Una década ganada sólo en el relato (Editorial)

* YPF, con tanque lleno, no depende del relato (P. Sirvén)

* Boudou, el personaje preferido del “relato” K y anti K (P. Sirvén)

* Un relato kirchnerista se estrelló en Washington (A. Ventura)

* La épica del relato llegó a la ciencia (H. Sábato)

* El Gobierno configuró un relato cuando debió instalar el diálogo (E. Galli)

* El relato de la antipolítica (M. Devoto)

* Un “nosotros” ausente en las grietas del relato oficial (F. Sandez)

* Otro relato para el país que viene (F. Pinedo)

* Las mil y una noches del relato kirchnerista (F. Seminario)

* Economía, interpretación y relato (E. Levy Yeyati)

* El guardían del relato kirchnerista (M. Veron)

* La outsider que discutió el relato kirchnerista (J. Fernández Díaz)

* Otro relato de la Argentina kirchnerista (J. Morales Solá)

* Contradicciones de un relato que prescinde de la realidad (J. Morales Solá)

* En busca de un nuevo relato (N. Scibona)

* Un giro en la política militar y en el relato ideológico (R. Fraga)

* La venganza del relato (D. Larriqueta)

* El Gobierno no cree en su relato (M. Rodríguez Yebra)

 

Clarín:


* Cuando se acaba la política del relato (Van der Kooy)

* Cristina, sin relato y con más enemigos (Van der Kooy)

* El relato naufraga frente a la adversidad (Van der Kooy)

* El modelo y el relato K están en crisis (Van der Kooy)

* Como tambalea el relato, vuelven las guerras (Van der Kooy)

* Sobra el relato, pero faltan las respuestas (Van der Kooy)

* A pesar del relato, algo no anda bien (Van der Kooy)

* Un relato con militares, gendarmes y policías (J. Blanck)

* Conflicto a la vista entre relato y realidad (J. Blanck)

* La crisis del relato K, clave en la histórica elección de la izquierda dura (L. Fernández Moores)

* En 2014, publicitar el relato K costará unos 3 millones por día (A. Alfie)

* El desendeudamiento, otro relato más (J. Lanata)

* Chau relato, hola ajuste (J. Lanata)

* El próximo proyecto de Guillermo Moreno: escribir "El relato del Modelo" (J: Blanco)

* Relato K: ya se gastan 2 millones por día para difundir actos de gobierno (M. Bidegaray)

* El relato épico sobre YPF, sometido a un examen (M. Bonelli)

 

 Perfil:

 
* Celebraron el Día de la Memoria con relato K y críticas a Macri y Clarín

* Diccionario del relato K (P. Mendelevich)

* Relato económico (R. García)

* Relato blanqueado (A. Leuco)

* Relato vs realidad (A. Leuco)

* Ni el endeudamiento ni el relato evitarán el ajuste (E. Szewach)

 
El Cronista:
 

* Directv, la operadora preferida del relato k

* Hay más deseo de purificar el relato que de corregirlo (H. de Goñi)

* Una luz roja que atraviesa el telón del relato (H. de Goñi)

* El aggiornado relato kirchnerista también incluye al Fútbol Para Todos (B. Vázquez)

* El costo del relato (M. Tombolini)

* Se viene el film de Caetano: ¿una autocrítica del relato K? (M. Pérez)

* Democratizar la Justicia o ¿una nueva trampa del relato K? (M. Pérez)

* Con el relato no se resuelven los problemas (P. Pérez Paladino)

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Las grietas del doble pacto (Marcelo Sain)

(Este texto fue publicado en la última edición de El Dipló, Diciembre 2013 (antes de los acontecimientos de estas últimas semanas), por Marcelo Sain, Diputado provincial por Nuevo Encuentro y director del Núcleo de Estudios sobre Gobierno y Seguridad de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo).

En agosto de 2011, dos meses antes de las elecciones presidenciales, en el marco de un ajuste de cuentas entre grupos narcos de San Martín, en la provincia de Buenos Aires, se produjo el secuestro y asesinato de Candela Sol Rodríguez, una niña de 11 años. La policía bonaerense, bajo la supervisión directa de sus jefes superiores y de las propias autoridades ministeriales, construyó una presunta banda criminal a la que le imputó el hecho. Lo hizo utilizando testigos de identidad reservada vinculados al mundillo criminal de baja estofa o que eran informantes de la propia policía. Ello fue posible porque el fiscal dejó en manos policiales la conducción de la investigación y consintió, junto al juez de garantías, el armado de la causa.

El objetivo era ocultar las extendidas relaciones construidas desde hace más de una década entre la policía y los grupos narco que operan en San Martín. En septiembre de 2012, la Comisión Especial de Acompañamiento para el Esclarecimiento del Asesinato de Candela Sol Rodríguez, creada en el Senado provincial, confirmó la vinculación del crimen con el narcotráfico. Los legisladores no se anduvieron con eufemismos: “Algunos funcionarios policiales, denunciados por sus vinculaciones con el narcotráfico y referenciados de una u otra manera en la causa, son narco-policías que cobran a las bandas locales para que operen libremente”.

En octubre de 2012, el jefe de la Policía de Santa Fe, comisario general Hugo Tognoli, fue detenido sospechado de proteger a grupos narco que operaban desde hacía mucho tiempo en las grandes ciudades de la provincia. A partir de entonces, fueron detenidos numerosos jefes y oficiales acusados de formar parte de emprendimientos narco o de tener algún tipo de vínculo con ellos. En junio de este año la justicia federal imputó a Tognoli, junto a otros policías, como partícipe necesario del comercio de estupefacientes agravado por su rol de funcionario público.

En septiembre pasado, efectivos de la Dirección de Drogas Peligrosas de la Policía de Córdoba, incluyendo al jefe, fueron detenidos. En el marco de la causa judicial y a través de los sucesivos testimonios que se conocieron y de los eventos que ocurrieron desde entonces –entre ellos los supuestos asesinatos de dos policías que fueron presentados como suicidios–, se supo que, desde mucho tiempo antes, los policías cordobeses, de estrechísima relación con la Drug Enforcement Administration (DEA) estadounidense, protegían narcos y regulaban el negocio a cambio de dinero y drogas.

Los tres casos confirman la idea central de este artículo: el Estado, a través de las prácticas ilegales de sectores activos y poderosos de sus policías, no sólo forma parte del narcotráfico, sino que ha sido el factor determinante de su expansión y configuración actual.

El tema es tanto más grave cuanto que la clase política, sea de derecha, centro o izquierda, lo rehúye, y para ello apela a gambetas discursivas: algunos dirigentes han señalado que los poli-narcos son funcionarios deshonestos institucionalmente aislados que no comprometen al resto de la organización ni, muchos menos, a sus responsables políticos. Otros indicaron que los policías implicados son víctimas inofensivas de operaciones mediáticas de la oposición. Unos pocos dan cuenta del problema pero no comprenden su envergadura institucional. La mayoría guarda un activo silencio.

Lo que se intenta ocultar es que el involucramiento policial en el narcotráfico es la consecuencia inevitable de una modalidad de gestión del crimen inscrita en un doble pacto de gobernabilidad de la seguridad pública que se impuso en Argentina desde los años 80. Este doble pacto implicó, por un lado, la delegación del gobierno de la seguridad por parte de las sucesivas autoridades gubernamentales a las cúpulas policiales (pacto político-policial). Y, por otro lado, el control de los delitos, y en especial de la criminalidad compleja, por parte de la policía a través de su regulación y su participación (pacto policial-criminal). Este doble pacto está en la base del problema actual.

El doble pacto

Desde la recuperación de la democracia en 1983, la política argentina se desentendió de la seguridad pública. Se impuso, casi unánimemente, el desgobierno político de la seguridad y, junto a ello, la gobernabilidad policial de la seguridad, lo que se tradujo en la delegación de la gestión de la seguridad a las cúpulas de las instituciones policiales y en la conducción autónoma de éstas.

Esta delegación se explica por dos razones. Por un lado, la consideración en el mundo político de que las instituciones policiales, aun conservando las mismas bases funcionales, orgánicas y doctrinarias que se establecieron cuando fueron creadas hace medio siglo, y aun reproduciendo casi las mismas prácticas represivas y corruptivas del pasado, constituyen el principal instrumento institucional para el control del crimen y la gestión de la conflictividad social. Y, por otro lado, la tradicional apatía e incapacidad con que los sucesivos gobiernos abordaron los asuntos de la seguridad pública, y fundamentalmente las cuestiones policiales y las problemáticas criminales.

En los 90, cuando el tema se convirtió en un asunto de relevancia para la opinión pública, el pacto político-policial no sólo se mantuvo indemne sino que resultó funcional a la lógica por medio de la cual los gobernantes intentaron surfear los problemas derivados de la inseguridad. Mientras las autoridades gubernamentales desplegaban discursos y acciones tendientes a atenuar los efectos políticos y sociales de la ola de inseguridad, sobre todo en tiempos de campaña electoral, las policías abordaban la problemática procurando impedir que dichas cuestiones originaran escándalos o dieran lugar a situaciones de crisis institucional. En suma, se trataba menos de enfrentar el delito que de evitar sus efectos políticos desestabilizantes.

En el contexto de este pacto político-policial, los sucesivos gobiernos consintieron –casi siempre de manera tácita pero también a veces de forma manifiesta– la regulación policial del crimen. Lo importante no era la ilegalidad de la actuación policial y, en ese marco, la reiteración sistemática de prácticas abusivas y corrupciones, sino la ausencia de problemas que enturbiaran la gestión oficial o la situación política. Todos callaron –y, por ende, avalaron–que el Estado controlara el crimen mediante el crimen.

Dicho de otro modo: la política argentina acordó que los asuntos criminales son de incumbencia policial y que su control bien puede implicar la participación de la policía en su regulación ilegal y la estructuración de un dispositivo estatal paralelo, siempre que ello no dé lugar a coyunturas críticas que pongan en tela de juicio la legitimidad y estabilidad de los gobernantes o de algunos de sus ministros o secretarios de Estado. En este sentido, la policía gestionó las problemáticas delictivas más complejas y de mayor rentabilidad interviniendo en ellas (1).

Mercados ilegales y policías reguladores

La regulación policial ha sido la condición fundamental para la formación y expansión de los mercados ilegales de bienes y servicios más diversificados y rentables: el de las drogas ilegales; el de los autopartes y repuestos obtenidos del desguace de automóviles robados, y el de los servicios sexuales provistos a través de la explotación de personas.

Durante el período constitutivo, los grupos criminales se movieron buscando la consolidación del emprendimiento delictivo y la estabilización de las relaciones con la policía, así como con los clientes y otros actores económicos clave. Peter Lupsha (2) denomina esta fase como “etapa predatoria”: los actores delictivos procuran el dominio exclusivo sobre un área, vecindario o territorio que resulta fundamental para el desarrollo de sus actividades o para la expansión de las mismas, garantizando dicho dominio mediante el uso de la fuerza o la violencia “defensiva” a los fines de “eliminar enemigos y crear un monopolio sobre el uso ilícito de la fuerza”, siempre persiguiendo la obtención de “recompensa y satisfacción inmediatas” más que detrás de “planes u objetivos a largo plazo”. En esta fase inicial, el grupo criminal mantiene una relación de subordinación a los actores políticos y económicos brindándoles fondos o sirviendo para eliminar o extorsionar a grupos disidentes o enemigos de éstos. “La pandilla criminal –afirma Lupsha– es sirviente de los sectores políticos y económicos y puede ser fácilmente disciplinada por éstos o sus agencias de ley y orden.”

En el caso argentino, el actor clave que garantizó la estabilidad del ambiente, la clandestinidad del negocio y los medios para consolidarlo como emprendimiento económico fue la policía. El amparo y la protección de los “representantes de la ley” a los grupos criminales han sido, en este nivel inicial, la principal condición de desarrollo de los mismos. Por cierto, sin la protección policial en Argentina habría, sin dudas, narcotráfico, robo de autos o trata de personas. Pero el significativo aumento de estas modalidades criminales –y, en particular, la rápida estructuración de los mercados y las economías ilícitas vinculados a ellas– ha encontrado en la regulación policial un enorme impulso. Y ello fue así porque, hasta ahora, la envergadura del negocio criminal no ha hecho posible la autonomización delictiva respecto de la ordenación policial.

Como destaca Matías Dewey, el éxito de los grupos criminales no se fundó apenas “en su destreza o capacidad logística sino en que han logrado relacionarse con ciertos sectores de un socio muy exclusivo: el Estado”. La protección policial constituyó el eje de la articulación entre agentes estatales y miembros de organizaciones criminales. Como explica Dewey, nadie la necesita más que un criminal y nadie tiene más posibilidades de otorgarla que un agente estatal (3). En suma, la policía ha sido la verdadera “autoridad de aplicación” de las reglas de juego del negocio criminal. Y ello sólo ha sido posible porque, aun con deficiencias e imperfecciones, logró mantener el control efectivo de los territorios y de sus poblaciones.

Esta regulación supone una modalidad particular de protección estatal al emprendimiento delictivo. A diferencia del patrocinio efectuado por los grupos mafiosos italianos o rusos, que no ha implicado ninguna forma de asociación con el Estado, en Argentina la regulación policial del crimen apuntó básicamente a evitar que las reglas formales sean efectivas, es decir, suspender la aplicación de la ley y crear espacios con una “regulación interna sui generis” que resulten propicios a los emprendimientos criminales (4). Pero esta falta de acción no equivale a no hacer nada. Al contrario, implica una serie de operaciones activas que no se limitan a crear zonas liberadas, sino que también conllevan la detención y la liberación de personas y la protección de informantes, entre otras cosas.

Así, la venta de protección va más allá de ciertas modalidades de corrupción tendientes solamente a obtener ganancias o generar fondos para el autofinanciamiento ilegal de un sector de la policía. Se trata, en realidad, de una transacción ilegal estructurante del propio negocio criminal. En otras palabras, un arreglo derivado del manejo por parte de la policía de un conjunto de dispositivos y destrezas informales mediante las cuales ha sido capaz de brindar estabilidad y seguridad a la trama criminal y, con ello, garantizarle una relativa previsibilidad. La policía, explica Dewey, construyó “un ambiente relativamente seguro y predecible para ciertos intercambios económicos”, lo que la convirtió en parte de la empresa criminal.

Todo esto con dos objetivos fundamentales. Por un lado, obtener fondos. Y, por otro lado, ejercer un cierto control del delito mediante su regulación efectiva. En el marco del pacto político-policial, el compromiso político de la policía estuvo orientado a garantizar una gobernabilidad de la seguridad pública y gestionar las problemáticas criminales sin notoriedad social ni escandalización. De este modo, la tutela policial a los embrionarios grupos narco fue la condición necesaria para la expansión y estabilización del mercado ilegal de drogas, en la medida en que permitió tanto el dominio territorial como la clandestinidad que los hicieron políticamente viables. Pero todo cambia.

Las grietas

La posición dominante de la policía ante los grupos criminales operó como la principal condición de reproducción del crimen. En Argentina, a diferencia de otros países de la región, la envergadura y diversificación de los emprendimientos criminales aún es acotada desde el punto de vista de su densidad económica así como también en su incidencia sobre sectores y actividades legales. Hasta ahora, las actividades del narcotráfico –y de las otras manifestaciones criminales organizadas– eran llevadas a cabo por grupos que no poseían autonomía respecto del Estado y, en particular, de las fuerzas de seguridad que los han protegido, favorecido, moldeado y alentado. Estos grupos no han detentado una capacidad de cooptación o control directo de porciones del sistema institucional de persecución penal –fiscales, jueces y policías– ni de las estructuras de gobierno encargadas de la seguridad pública. Tampoco cuentan con la capacidad para llevar a cabo estrategias de contestación armada contra el Estado. Hasta ahora, dependían del Estado, de sus dispositivos paralelos, de la policía. El doble pacto era eficaz.

Pero ya se ven grietas. El caso Candela, así como las detenciones de narco-policías en Santa Fe y Córdoba, son una manifestación elocuente. Y ello porque implicaron el quiebre de la capacidad policial de regulación eficaz del crimen y, por ende, el fin de la invisibilidad política y social del entramado policial-criminal y del involucramiento político más o menos directo en esa modalidad de gobernabilidad de la seguridad. Estos casos revelan el paulatino desfasaje entre ciertos emprendimientos del narcotráfico y el sistema policial de regulación.

La causa hay que buscarla en la transformación del narcotráfico en nuestro país. En la última década, el crecimiento sostenido del consumo de drogas ilegales, en particular de cocaína, en las grandes ciudades argentinas favoreció la formación paulatina de un mercado minorista creciente, diversificado y altamente rentable, cuyo abastecimiento fue provisto mediante una diversificada estructura de menudeo. Esta expansión se explica por una serie de condiciones y disposiciones culturales y económicas pero también por un factor fundamental: la proliferación de “cocinas” en las que se comenzó a producir localmente cocaína. La adquisición en países limítrofes de pasta base y su traslado transfronterizo, el fácil acceso a los precursores químicos necesarios y el aprendizaje para la elaboración del clorhidrato de cocaína les brindaron a los grupos narco locales la oportunidad de convertirse en productores.

Esto cambió todo. No sólo se diversificó el emprendimiento criminal en cuanto a su estructuración espacial y organizacional sino que se amplió significativamente la disponibilidad y oferta de cocaína en el mercado interno. “Empezaron a aparecer las cocinas, en las cuales, en un pequeño espacio y con un par de bidones de precursores se elabora la droga”, explica el sociólogo Enrique Font (5). Eso hizo que se diversifique territorialmente la producción y que se multipliquen las personas vinculadas a la venta de drogas reproduciendo un sistema parecido al de la economía informal.

Esta novedosa vinculación directa de la producción con la venta minorista de cocaína amplió la envergadura del negocio, que se hizo más complejo y rentable. Pero también favoreció la competencia entre grupos criminales por el dominio de ciertos territorios o circuitos de producción y comercialización de drogas, lo que derivó en ajustes de cuentas mediante el accionar de sicarios o enfrentamientos armados. Todo esto, sumado a la intromisión de alguna que otra policía no vinculada al negocio y dispuesta a desarticular el pacto bajo el amparo de algunos pocos jueces y fiscales, comenzó a horadar poco a poco la eficaz clandestinidad, que le garantizaba estabilidad y discreción al emprendimiento narco.

Las incógnitas

El desarrollo del negocio narco y, en ese contexto, la diversificación y el fortalecimiento organizacional de los grupos criminales que lo llevan a cabo se conjuga con las cada vez más evidentes incompatibilidades entre el dispositivo legal del Estado y el esquema paralelo creado por la policía, que genera confrontaciones por la protección del crimen. Esto está contribuyendo a inviabilizar, política y socialmente, la regulación policial del crimen.

Los grupos criminales que consiguen afianzarse en un determinado ámbito geográfico, ampliando sus negocios y conexiones, comienzan a entablar relaciones de creciente paridad con los actores institucionales –entre ellos la policía– y económicos, mediante la combinación de una destreza empresarial dirigida a satisfacer la demanda de bienes y servicios ilícitos. Con el tiempo, van fortaleciendo su capacidad corruptiva mediante acciones sistemáticas de soborno y la inversión en actividades económicas lícitas o, directamente, en el financiamiento de la política, de algún gobernante o de algún candidato. Se trata del período que sigue a la etapa inicial de penetración, lo que Peter Lupsha denomina “etapa parasitaria”, en la que el grupo criminal desarrolla una interacción corruptiva con los sectores del poder. “La corrupción política que acompaña la provisión de mercancías y servicios ilícitos –explica Lupsha– proporciona el pegamento necesario para unir los sectores legítimos de la comunidad y las organizaciones criminales del bajo mundo”, posibilitando que el grupo criminal adquiera una significativa incidencia sobre la economía, la política y la institucionalidad locales. Esto, a su vez, le permite quebrar la posición de subordinación que mantenía con la policía y la justicia. Así, la expansión del grupo criminal lo ubica en una relación de “mutualidad” con los sectores económicos, políticos e institucionales y hasta de subordinación de los mismos, en un contexto signado por un creciente control de las estructuras gubernamentales. “El anfitrión, los sectores políticos y económicos legítimos, se vuelve ahora dependiente del parásito, los monopolios y las redes del crimen organizado, para sostenerse a sí mismo”. Se pasa así a una etapa simbiótica, en la que el crimen es dominante: “Los medios tradicionales del Estado para hacer cumplir la ley ya no funcionan, pues el crimen organizado se ha vuelto parte del Estado; un Estado dentro del Estado” (6).

La incógnita pasa por saber si la política tendrá la voluntad y la capacidad para abandonar esta modalidad de gestión del crimen o si, en su defecto, insistirá en su reproducción, incluso al riesgo cierto de que la transformación del fenómeno criminal termine quebrándola. El panorama es poco alentador. Luego de destapado el caso Candela, el oficialismo se impuso cómodamente en las elecciones de gobernador de la provincia de Buenos Aires de octubre de 2011. Lo mismo sucedió en las elecciones legislativas de 2013 con las victorias oficialistas en Córdoba y Santa Fe. Estos triunfos se produjeron a pesar de las evidencias de que sus gobernantes habían consentido el doble pacto, lo intentaron ocultar cuando se hizo público y lo continuaron, aggiornándolo apenas, después, lo cual confirma que la incidencia electoral de estos desmadres es menor. Todo esto, en definitiva, alimenta el letargo gubernamental y refuerza el riesgo de que derive en una peligrosa reproducción caótica del doble pacto.

1. Marcelo Fabián Sain, “La policía, socio y árbitro de los negocios criminales”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, julio de 2010.
2. Peter Lupsha, “El crimen organizado transnacional versus la Nación-Estado”, Revista Occidental, Instituto de Investigaciones Culturales Latinoamericanas, Tijuana, Año 14, Nº 1, 1997, pp. 27 y 28.
3. Matías Dewey, “Al servicio de la comunidad… delictiva”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2011.
4. Matías Dewey, “Illegal Police Protection and the Market for Stolen Vehicles in Buenos Aires”, Journal of Latin American Studies, Cambridge, Volumen 44, noviembre de 2012, p. 687.
5. La Capital, Rosario, 28 de septiembre de 2011.
6. Peter Lupsha, “El crimen organizado transnacional…”, op. cit., pp. 28 y 29.
 

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿Quién está saliendo de la crisis? (por V.Navarro, en Público.es)

El título de este artículo no es del todo acertado, pues implica que antes de salir de la crisis, alguien estaba en crisis y, sin embargo, ha habido personas que nunca han experimentado negativamente la crisis. En realidad, varios estudios muestran que en la mayoría de los países a los dos lados del Atlántico Norte, el 10% (no solo el 1%) nunca ha estado en crisis. Y ha aprovechado la crisis del 90% de la población para mejorar todavía más su riqueza, desde su renta hasta su propiedad. Y los números hablan por sí mismos.

Así, en EEUU, donde los datos son, por lo general, creíbles, se puede ver que la mayoría de la riqueza que se ha ido creando durante estos años de crisis ha ido a parar a este 10%. Robert Reich (que había sido Ministro de Trabajo durante la Administración Clinton, y que, desde que dejó el cargo, se ha ido convirtiendo en una de las voces más críticas hacia el Estado federal y su instrumentalización por el capital financiero -que quiere decir la banca-, instrumentalización que también ocurrió durante la Administración Clinton en la cual Robert Reich sirvió) ha escrito extensamente indicando que a la Bolsa (es decir, Wall Street, el centro financiero de EEUU) le ha ido muy bien, pero que muy bien. Se ha disparado en los últimos años de la crisis. Solo este año ha crecido un impresionante 24%, siendo el mayor beneficiario de esta situación el 10% de renta superior, que posee el 80% de todas las acciones que se cotizan en la Bolsa (es más que probable que una situación semejante haya estado también ocurriendo en España). Robert Reich (que es ahora Profesor de Políticas Públicas de la Universidad de California en Berkeley), se refiere a una encuesta a las familias estadounidenses (hecha por el American Affluence Research Center) en la que se muestra que las familias pertenecientes a este 10% indicaban que su situación financiera era mucho mejor ahora que antes de que comenzara la crisis.

Mientras, la situación del 90% continúa siendo más que preocupante. El 75% de la población indica que el estado de la economía es negativo o pobre. Es difícil alcanzar niveles más altos de insatisfacción. Y tal insatisfacción está basada en un sufrimiento generalizado entre la población El porcentaje de niños en EEUU que recibe algún tipo de ayuda federal y/o estatal en algún momento de su infancia para poder comer, ha alcanzado la cifra del 50%, el mismo porcentaje de todos los adultos (de 18 a 65 años). Nunca antes se había llegado a estas cifras de dependencia de ayudas del Estado, incluso en áreas tan vitales como el alimento y la nutrición.

Ahora bien, lo que es incluso más notorio de distinción es que este enorme crecimiento de las desigualdades (una minoría rica que se ha ido enriqueciendo incluso más a costa de la mayoría, la cual se ha ido empobreciendo) ha sido consecuencia de las políticas públicas llevadas a cabo por el gobierno federal, que ha ayudado enormemente (y por todos los medios) al capital financiero, es decir, a la banca y a lo que en EEUU se llama la Corporate Class, es decir, a los miembros propietarios y gestores de las grandes corporaciones del país. Como denunciaba recientemente la senadora Elizabeth Warren, en su revisión de las agencias reguladoras de la banca (ver esta sesión del Congreso en mi blog www.vnavarro.org), es imperdonable que los grandes bancos responsables de la crisis sean hoy todavía más grandes y más opacos que al inicio de la crisis, y todo ello con la ayuda del gobierno federal. Según la senadora Warren, los cuatro bancos más importantes de EEUU son nada menos que un 30% más grandes de lo que eran antes de comenzar la crisis, y controlan más del 50% de todos los activos bancarios del país. Pero, aun cuando la banca y compañías de seguros han sido las más beneficiadas, otros sectores de la clase corporativa se han beneficiado también enormemente. ¿Por qué esta ayuda masiva y sin precedentes a la Corporate Class?

La respuesta es fácil de ver cuando se ve quién financia las campañas electorales del Congreso de EEUU. En uno de los informes publicados por el centro Citizens United que analiza quién financió en el año 2012 las campañas electorales en EEUU, el lector encontrará la respuesta. La lista de donantes a candidatos al Congreso es la lista de quién es quién en la Corporate Class, es decir, quién está al servicio de quién. Las mayores empresas bancarias en Wall Street, las grandes compañías de seguros, las grandes compañías energéticas, el American Petroleum Institute, ExxonMobil, y un largo, largo etcétera. Son las que financian el Congreso de EEUU. Y España está yendo en esta dirección en líneas muy rápidas y a marchas forzadas. ¿Alguien duda de que los partidos gobernantes hoy en España y en Catalunya hayan recibido dinero de grandes compañías, incluidos bancos?

En realidad, la gran mayoría de partidos políticos (y de medios de información y persuasión) están endeudados hasta la médula. Y la deuda es con los bancos, que tienen un enorme poder político, sin que nadie les haya elegido. En una democracia donde, en teoría, cada ciudadano tiene que tener la misma capacidad de decisión en el proceso político, los banqueros tienen muchísima (repito, muchísima) más influencia política que usted o yo. En realidad, ellos son los que mandan (ver mi libro con Juan Torres Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero). Y a eso tienen la desfachatez de llamarlo “democracia”.

Fuente

jueves, 14 de noviembre de 2013

Un poco de peronismo

Cuando me separé de los estudiantes volví a casa y en la esquina de Nassau Street y Harrison encontré a un hombre, con jeans y campera de franela a cuadros, que hacía propaganda política aprovechando el semáforo largo de la avenida. Alzaba un cartel de apoyo al candidato republicano en las elecciones legislativas de mayo. Le había agregado una banderita norteamericana, señal de que pertenecía a la derecha patriótica. Nunca había visto el acto proselitista de un solo hombre. Todo se individualiza aquí, pensé, no hay conflictos sociales o sindicales, y si a un empleado lo echan de una oficina de correos en la que trabajó más de veinte años, no hay posibilidad de que se solidaricen con un paro o una manifestación, por eso, habitualmente, los que han sido tratados injustamente se suben a la terraza del edificio de su antiguo lugar de trabajo con un fusil automático y un par de granadas de mano y matan a todos los desocupados compatriotas que cruzan por allí. Les haría falta un poco de peronismo a los Estados Unidos, me divertí pensando, para bajar la estadística de asesinatos masivos realizados por individuos que se rebelan ante las injusticias de la sociedad.

El camino de Ida. Ricardo Piglia. Pág. 44
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