jueves, 14 de abril de 2011

El Néstor de José Pablo

Cualquiera hubiera escrito un libro al estilo “mis días con…”. Es decir una pormenorizada transcripción más o menos descriptiva del autor con la celebridad en cuestión. Pero de la mano de un novelista, ensayista, guionista y filósofo debía salir algo superior. Por eso El Flaco es mucho más que una mera traslación de las conversaciones mantenidas entre el autor, José Pablo Feinmann, y el ex presidente Néstor Kirchner.
¿Qué más es El Flaco?
Es la puesta en escena (puesta en escritura) de una tensión. Una tensión, a estas alturas, histórica: la que se da entre El Intelectual y El Político. El hueso del libro de Feinmann está aquí. La breve relación que supieron mantener el intelectual y el político (desde 2003 y por un par de años) fue un vínculo predilectamente dialógico, verbal: dialéctico. Desde aquí es que comienza a esparcirse la tensión del libro. Tensión que nunca se resuelve; afortunadamente. Pero sí se expande desde la primera página hasta la última.
La tensión encuentra anclaje tanto en la minuciosidad de los avatares políticos de nuestro país en los años a los que fundamentalmente se dedica El Flaco, como así también en espectros mucho más amplios, filosóficos. La tensión es de origen particular y de destino general, histórico-filosófico. No pretendo explicitar la tensión de la que escribo pero sí su móvil estelar: el poder. Quiero decir: su construcción, su preservación, sus límites, sus peligros. En las diversas facetas de este gran diamante (el Poder) se teje la urdimbre que fatalmente separa (uniendo) al intelectual del político; y viceversa.
Además. En El Flaco se nos regala la exclusividad de ser testigos, o mejor voyeurs, de las entrañas domésticas del Poder. Feinmann nos abre la puerta trasera del gran teatro de la Política y desde allí, como intrusos mudos e irreverentes, se nos da la gran chance de escuchar (y ver) la conflictividad inicial de la experiencia política que comenzó en 2003. Muy lejos de una mera exhibición al estilo backstage, El Flaco funciona como un capítulo del gran manual de la política argentina: con sus aristas polvorosas, su esencia conflictiva, sus quistes históricos, su irremediable esperanza.
Somos testigos, además, de un gran retrato: claro, el de Néstor Kirchner. Quién pudiera saber anticipadamente lo que harán los años (el tiempo) con la figura del ex presidente. De lo que no quedan dudas es de que la inmensa mayoría que desde el vértigo del presente pretendieron y pretenden tratar la figura de Kirchner se han dejado guiar por versiones odiosas, por una horrible fidelidad al sentido común que estólido desciende desde los poderes merodeadores de la política. Al Néstor de Feinmann difícilmente lo encontremos en otro sitio. Pocas figuras de nuestro panteón político, muy pocas, han sabido ser tan maltratadas, desdibujadas y envenenadas como la del ex presidente. El retrato que se propone y consigue El Flaco, muy por el contrario, es el de una persona cualquiera a la que le ha tocado, casi involuntariamente, conducir los destinos de un país.
Estos diálogos irreverentes son el resultado, sin lugar a duda, de un escritor. Cómo adivinar las zonas precisas en las que la literatura copa el espacio de la crónica, en la que la trabajada cadencia dialógica pigmenta los calores inevitables de la dialéctica apasionada. Como en el primer tomo de Peronismo, Feinmann no le dice que no a ninguna vía narrativa y, menos que menos, a la preciosa aventura de la digresión.  
Qué será de El Flaco con los años, con el tiempo. No hay por qué dudar de que continuara siendo una gema provechosa de la experiencia kirchnerista. Sospecho que no se podrá decir lo mismo de tanta bibliografía espuria, resultante del vago oportunismo de tanto periodistucho con ambiciones de escritores.                                  

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