lunes, 28 de febrero de 2011

Zurdaje recargado o los peligros del fanatismo ciego

Desde hace unos días los pasquines opositores se han dedicado a atacar por diversas vías a una nueva juventud militante afín al gobierno. ¿Por qué ahora? ¿Qué se persigue “persiguiendo” a las nuevas camadas de futuros dirigentes políticos? ¿Puede ser una mera casualidad que los pasquines, casi al unísono, dirijan sus misiles hacia el mismo blanco?


El recurso de la incitación al miedo por parte del FPLN (Frente Periodístico para la Liberalización Nacional) no es nada nuevo. Hoy les toca a los jóvenes que cada día se suman a una militancia en línea a las políticas ejecutadas desde 2003 a la fecha.


(Entre paréntesis). ¿El FPLN no es capaz de advertir, ni siquiera, cuánta responsabilidad posee en el resurgimiento de la militancia de los jóvenes? ¿Cuánta responsabilidad tienen de la reacción popular frente a la falacia diaria en las lecturas que el FPLN hace de la realidad? ¿No sospechan, acaso, que la mentira y el falseamiento sostenidos son capaces de engendrar más aquiescencia oficialista?


En vísperas de las elecciones de octubre la oposición periodística (fuente en la que abreva buena parte de la vacua oposición política) no puede menos que reforzar la incitación al miedo apelando a la peligrosidad de los jóvenes K. La visión que de éstos se pretende construir y agitar es la de una horda de fanáticos que, como tales, pueden prescindir de racionalidad y verdadera vocación militante. Para el FPLN estos jóvenes gozan de un fanatismo ciego que los arrastra hacia la adulación, hacia la falsedad del mito kirchnerista, hacia la avidez de futuros cargos políticos.


La derecha real que hoy encarnan los medios hegemónicos, sabemos, detesta la ideologización (mucho más en manos de los jóvenes; para ellos la juventud suele ser un período irreflexivo, hasta instintivo). Para ellos, la politización de un joven acaba siendo siempre una amenaza. Existe, en consecuencia, una voluntad de degradar a las nuevas camadas (salvo, por supuesto, cuando se trate de camadas afines a los intereses que ellos mismos defienden). Hacia esa degradación es que se emplean términos como “ultra” o “filo”. Se busca con estos términos acentuar la parte fanática de los jóvenes militantes.


El hombre de derecha ya ha sido inoculado hace rato con la idea superficial de que el gobierno actual está infectado de montoneros, zurdos, vengativos y corruptos. El refuerzo de la incitación al miedo coordinado por los pasquines en estos días pre-electorales pretende alertar: ¡más montoneros, zurdos, vengativos y corruptos están en camino! Alientan, de este modo, la figura del nido en el que no cesan de reproducirse las alimañas del mañana. Los periodistas que así azuzan el miedo de sus fieles lectores saben perfectamente aquello que dijo Bertolt Brecht: “un fascista es un burgués asustado”.


Se trata de la misma demonización (madre paridora del miedo) que supo escupir el malogrado de Aguinis cuando se mandó a comparar a un grupo de niños felices por estar cerca de la presidenta de la Nación con las juventudes hitlerianas. También el inefable de Grondona se atrevió a asociar a La Cámpora con los mozalbetes nazis. Los dos saben perfectamente de la falacia de sus comparaciones pero no les importa: con que a algún burgués asustadizo (e ignorante) haya quedado prendido ya está, suficiente.   


Los pasquines no sólo incitan el miedo sino que, fundamentalmente, lo instalan como tema. La liviandad de la oposición política, como ha venido sucediendo desde hace tiempo, confecciona su agenda política a partir del diario que consumen con el desayuno. Luego, a la noche, son invitados a la tv para que hablen ¿de qué si no? de lo que han leído por la mañana. Y así. Este es someramente uno de los modos mediante el cual los medios concentrados pretenden adueñarse de “la realidad”.


Es claro, además, cómo la actuación del FPLN, frente a la cercanía de las elecciones presidenciales, es diseñada en conjunto. ¿Cómo, si no, en un mismo día tres o cuatro diarios salen con los mismos ejes temáticos? Los jóvenes militantes no han provocado una noticia puntual que los llevó a las páginas de los diarios. Son éstos quienes en coordinada tarea se proponen tematizar el peligro de “la avanzada juvenil ultra K”.


Restan pocos meses para octubre y el FPLN está seriamente turbado (diría crispado) por las insinuaciones de las encuestas. Ellos saben que sólo un cambio de gobierno haría posible la disolución de la Ley de Medios Audiovisuales y el regreso de las divisas de la publicidad oficial (entre otros tantos e históricos beneficios). De manera que nos espera mucho más de lo mismo por parte de estos desesperados “constructores de realidad”. Ellos continuarán siendo perseverantes en lo mismo que vienen haciendo desde hace tiempo: “hacer creer que sus intereses personales son los mismos intereses que los de la gente de a pie”.   

martes, 22 de febrero de 2011

37 años después




Tendríamos que retrotraernos a 1958 para hallar los primeros contactos entre los gobiernos de Paraguay y Argentina con el fin de comenzar tibiamente los primeros estudios técnicos para la obtención de energía eléctrica del río Paraná, a la altura de las islas de Yacyretá y de Apipé.
A fines de 1973 los nefastos de Stroessner y M. E. Martínez de Perón sellan el Tratado de Yacyretá por el cual se comprometían a encarar las obras para el aprovechamiento hidroeléctrico de ambos países.
Tuvieron que transcurrir 10 años, 1983, para que las obras se pusieran en marcha. Pero las interrupciones no se demoraron y hasta existió un intento para privatizar la obra; fue en 1994 ¿adivinen quién deseó esa privatización? Sí, así es.
A un 60% del diseño original la obra quedó paralizada durante otros diez años.
En 2004 el ex presidente Néstor Kirchner impulsó el PTY (Plan de Terminación de Yacyretá) con su par paraguayo N. Duarte Frutos.
El PTY, básicamente, consistió en la concreción de 1300 obras civiles y acciones sociales que permitirían el traslado de 17000 familias hacia zonas urbanizadas; recibiendo, además, infraestructura educativa, salud, acceso viales y comunicaciones, también programas de inclusión social para todas estas familias relocalizadas.
Este próximo viernes, finalmente, luego de 37 años de demora, la presidenta Cristina Fernández junto al mandatario vecino F. Lugo inaugurarán la conclusión de la obra.    

lunes, 21 de febrero de 2011

La realidad líquida

Todo es relato. De acuerdo en esto. Están los hechos y están los diversos modos de transmitirlos. Una frase dignísima de Perón, “la única verdad es la realidad”, pretende hacernos creer que sólo contamos con una realidad única. No lo creo así. A Perón, sin embargo, la frase le rindió tanto como le rindieron otros cuantos asertos de incuestionable pregnancia.

La actualidad (“un complejo amasado con el barro de lo que fue y el fluido de lo que será”, escribió Jauretche) señala que el gobierno y las principales corporaciones de medios se encuentran severamente enfrentados.

Con lo único que cuentan los medios para librar su parte en la batalla es, precisamente, con la mediación de los hechos de la realidad: la manera en cómo se deciden a transmitir los sucesos diarios al público consumidor de noticias. Por eso es que el principal oponente para ellos no es el gobierno en sí mismo sino la propia capacidad de dañar, de horadar su sustentabilidad, mediante la transmisión de los sucesos de la actualidad. La “actualidad”, para las corporaciones de medios dispuestas a defender ciegamente sus intereses (como si se tratara de los mismos intereses de la ciudadanía en general) funciona, a la vez, como aliada y enemiga según convenga; después de todo es con lo único con que cuentan. Y no es poco.

Si uno agudiza la lectura acaba resultando simple comprobar los modos de manipulación, las tretas que se ponen en juego cada día. Ejemplos de estos días.

Luego de meses de intentar horadar los vínculos de Scioli con el gobierno, siempre a costa de interpretaciones libres e intencionadas, en La Nación de hoy el inefable de Pagni se propone un castigo duro por… ¿por qué? Simplemente porque el gobernador no da señales de quebrar con el kirchnerismo.

Otra costumbre es la de perseguir la enemistad de los mandatarios vecinos con el gobierno nacional. Se lo hizo con Piñera y el caso Apablaza y ahora se pretende lo propio con Mujica a raíz de las trabas a determinadas importaciones. La Nación no pudo, sin embargo, ocultar las declaraciones del canciller uruguayo Almagro quien reconoce que dichas trabas no han afectado a las exportaciones de su país. Clarín, siempre más osado que el resto en su personal batalla contra el gobierno, ni siquiera menciona las palabras del canciller uruguayo. En noviembre de 2010 los medios pretendieron, también, enemistar al gobierno con el de Brasil a causa del “maltrato” de Moreno hacia el embajador del país vecino: “Brasil le baja el tono al episodio de Moreno con su embajador”, titula Clarín en lugar de reconocer la falsedad de un supuesto conflicto.

Otro recurso utilizado hasta el hastío es el de recurrir a las estadísticas. ¿Cuántos lectores se preocupan por ir a comprobar las mil y una estadísticas que los diarios utilizan para remarcar cuán desastroso que anda todo en la Argentina? El honor del colmo al respecto lo tuvo en su edición de ayer el diario La Nación. En una de sus páginas nos dice que el precio de los lápices se fue por las nubes y, algunas páginas más adelante, una publicidad de Coto nos indica la mitad de ese precio para el mismo producto. En sus ediciones veraniegas de enero Clarín hizo explosión de estadísticas negativas: desde la infidelidad en las parejas hasta la inflación del morrón, ningún relevamiento fue capaz de tirar aunque sea un mínimo de positividad.

Otro recurso harto utilizado es el de “hacer tambalear” la continuidad de determinados funcionarios. Hace más de un año que persiguen la destitución de Boudou; a Aníbal Fernández lo tienen alquilado hace tiempo con el recorte a sus poderes (en lugar de alegrarse por esto deciden entrar en la infantil humillación de recordar día tras día la supuesta pérdida de poder). Con estas como con otras tantas falsas noticias suelen hacer lo siguiente: un día lanzan “se suspenderán las asignaciones universales por hijo”; a los pocos días lanzan “marcha atrás del gobierno con las suspensiones de la asignación”. La “marcha atrás”, obviamente, nunca existió, ella sólo fue posible en la engañosa treta periodística de Clarín. En los diarios de los últimos tiempos se pueden ver infinidad de “marcha atrás del gobierno”.

¿Qué hacer con las noticias de indudable corte positivo? Esto suele ser un verdadero problema para los diarios. A lo que más se recurre en estos casos es a la ornamentación negativa de una noticia claramente positiva. “Dilma llega con apoyo al país, pero también marca diferencias”, titula Clarín. Miles y miles de personas pueden salir de vacaciones pero los medios resaltan el caos en las rutas, los restaurants, las playas, etc. La fijación de los grandes medios con un tono de permanente desánimo es ya patológica. “El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”, escribió al respecto Jauretche.
Los medios opositores se encuentran hoy librando un combate diario con la realidad. Sólo les interesa de ésta lo que tenga de deprimente y negativo para ofrecer. Esta circunstancia no puede menos que colocarlos en una histórica encrucijada que involucra al periodismo todo: cuando se mantienen vínculos de interés corporativo con los sucesos de la realidad la única salida que queda es la de su manipulación. Cualquier CEO de estos grandes medios sabe y conoce que la realidad puede llegar a ser una plastilina capaz de dejarse moldear a gusto.

Pocas veces como esta en la historia argentina los vínculos de los medios y el poder, los medios y sus intereses corporativos, los medios y su capacidad para tergiversar los hechos, los medios y sus dependencias del poder político, los medios y las subjetividades esclavizadas de sus empleados, se encontraron en un estado de tanta transparencia. Ni siquiera en los tiempos oscuros de la última dictadura, tiempos en los que los grandes diarios ofrecieron lo peor de sí, el lugar de cada quien se dejó ver con tamaña evidencia. Algo cambió, algo existente desde hace décadas se puso en discusión. No es poco.

martes, 15 de febrero de 2011

200 años no es nada


Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Sarmiento. Los pasquines liberales y hoy encarnizadamente opositores no han demorado, claro, en salir a cantar loas al autor de “Facundo”; tampoco han podido evitar caer en la porfiada obviedad de “usar” el bicentenario del sanjuanino para el único objetivo que los obsesionará, cuanto menos, hasta octubre: horadar al gobierno nacional.

Detengámonos en el ideólogo de Facundo. Civilización y Barbarie. ¿Cuál fue el propósito de Sarmiento al escribir este libro?

Sarmiento se encontraba exiliado en Chile cuando en 1845 llega al país trasandino el doctor Baldomero García, enviado desde Buenos Aires por Rosas. Para que se comprenda: Sarmiento odiaba a Rosas con la misma furia con la que odiaba a uno y a cada uno de los caudillos del interior del país. A todos ellos nunca dejó de identificarlos con la barbarie, la ignorancia, la bestialidad, el retraso y, fundamentalmente, con la anti-civilización.

Aprovechando la llegada a Chile del enviado de Rosas Sarmiento se dispone a escribir lo que luego sería el libro Facundo. Civilización y Barbarie. El texto fue publicado por entregas en el periódico chileno El Progreso; su título inicial fue Civilización y Barbarie. Vida de Facundo Quiroga y aspecto físico, costumbres y hábitos de la República Argentina.

Uno de los tantos artilugios ideológicos y literarios de Sarmiento consistió en ensayar una biografía del caudillo riojano Facundo Quiroga (asesinado en 1835) con el fin (pretendidamente) subliminal de fustigar a su odiado Rosas. Aún estando muerta la figura del tigre de los llanos le serviría a Sarmiento para tejer una furibunda y literaria propaganda en contra de quien lo obligaba al exilio chileno: J.M. Rosas. Propaganda pensada para y dirigida a toda la intelectualidad argentina exiliada y anhelante por ver caer de una vez por todas al “tirano”.

Pero como el que se pone a escribir es un escritor de pura cepa, dueño de conocimientos literarios y artimañas retóricas de toda laya, el resultado acabará siendo una verdadera lección de literatura. Lo singular de Facundo es que se pretende biografía, ensayo, propaganda, programa político, estudio sociológico, tribuna de ideas, estudio tipológico, topográfico y psicológico: lo singular es que siendo todas estas cosas a la vez lo que Sarmiento fundamentalmente explota son los vastos recursos de la Ficción.

La pretensión esencial de Sarmiento era arruinar, devastar la figura de Quiroga, hacer de ésta un sinónimo cruel de lo que él entendía por Barbarie, para llegar, refractariamente, a producir lo mismo con la figura del odiado tirano Rosas. En pos de estas intenciones es que Sarmiento hace usos y abusos de cuanta hipérbole literaria tiene a la mano: Quiroga (y Rosas) son retratados poco menos que como monstruos, enviados del mal (enviados de la Barbarie), despiadados, sedientos de sangre y carne humana, etc. Pocos personajes de la literatura argentina irían a ser más salvajes que estos dos de Sarmiento.

Facundo es, por sobre todas las cosas, una gran Ficción. Ya Valentín Alsina, en una extensa anotación al Facundo que le hizo llegar al propio Sarmiento, se encargó de relevar las falsedades de cientos de apreciaciones del sanjuanino. La verdad es que Sarmiento lo hizo pasar todo por el tamiz de la Ficción (es probable que a mediados del siglo XIX las cosas no se hayan interpretado así). En ello no dudó en fantasear, inventar, tergiversar, exagerar, re significar y auto exaltarse: literatura pura.

Literatura pura que la Historia Oficial (aquella que comenzó a ser a partir de Caseros, 1852) adoptó como Verdad Única. Aquella que aún hoy se nos pretende hacer creer desde las mismas tribunas periodísticas que sirvieron a la promulgación de una Historia hilvanada por los triunfadores.

Volvamos al hoy.

La Nación es el medio sarmientino por excelencia (ya sabemos que Clarín siempre se ha volcado mucho más a la conservación de sus intereses económicos que a la “pérdida de tiempo” que para sus dueños significarán las posturas ideológicas). La Nación continúa interpretando a la sociedad a partir de binarismos que todo lo simplifican (“civilización y barbarie”, sin ir más lejos). Sus escribidores, como Sarmiento, adoran los modelos extranjeros, el poderío de las naciones ricas; ellos detestan los rasgos originarios y lamentan nuestra condición de sudamericanos; ellos entienden el progreso a costa de ser el patio trasero de las naciones poderosas; la realidad de un mundo de pocos ricos y muchos pobres, para los escribidores de La Nación, es algo que es así, simplemente.

Tan sarmientino es La Nación que desde un tiempo a esta parte han venido emulando al sanjuanino (o pretendiéndolo) en su Facundo. El Facundo Quiroga de La Nación fue (y lo sigue siendo aún después de muerto, tal cual lo hizo Sarmiento con Quiroga) Néstor Kirchner.

Ya aparecerá algún esmerado investigador que se ponga a estudiar las “opiniones” de los escribidores de La Nación de un tiempo a esta parte (desde que deciden con Clarín hacer un frente de batalla para proteger sus intereses, sobre todo aquellos que les otorgan una clara ventaja comercial con el resto de los diarios argentinos). Tal investigador descubrirá uno y cada uno de los recursos con los que fueron construyendo “el Monstruo Kirchner”. Los emplearon todos, no les faltó usar ninguno. Jamás llegaron a la pericia literaria de Sarmiento, claro está. El trabajo fue burdo, mediocre y sobre todo desesperado. Sólo la feligresía de La Nación, aquellos que entienden que en sus líneas se halla la verdad, la seriedad y la objetividad, podrán comprar la fiesta del monstruo.

Kirchner era Satán, era Hitler, era Menem, era Chávez, era la corrupción, era la violencia, la avidez por el poder, la irracionalidad, la furia desatada, el vengador, el estratega falaz, el marido dominado, el esposo dominador, el tramoyista de la mentira, el encantador de serpientes. En el Monstruo cabían (y caben) todas estas cualidades.

Un día el Monstruo murió. ¿Y qué fue lo que sucedió? Cientos de miles de ciudadanos salieron a las calles a despedirlo, a rendirle el último adiós. Otros tantos salieron a relatar anécdotas íntimas en las que el Monstruo cobraba, inesperadamente, carácter humano, demasiado humano. Cada uno de los mandatarios de la región emitió sus sentidas condolencias y reconocimientos a la labor y aptitudes del Monstruo.

Un día la fábula del Monstruo reveló su carácter de fábula. La Nación, y tantos otros, volvieron a demostrar que sus interpretaciones de la realidad no se condicen con las de la masa ciudadana, que su tribuna de opinión se encuentra cegada en un combate mano a mano con la realidad de la calle, que el ejercicio del periodismo puede llegar a ser una verdadera mierda cuando sólo se juega por los intereses propios, por una sociedad de notables y otra, siempre desestimada, de sujetos descartables.

Las fórmulas binarias de Sarmiento, a 200 años de su natalicio, continúan vigentes en pasquines que se resisten a abandonar un conservadurismo enfermizo y clasista. Los vientos de la época actual, afortunadamente, los colocan bien lejos de la calle, como siempre estuvieron aunque pocas veces de manera tan flagrante como en los días en que vivimos.

jueves, 10 de febrero de 2011

Interviniendo a un pichón de crack

O este muchacho se propone mentir descaradamente para que algún distraído le crea, o la preservación del trabajo lo obsesiona, o es decididamente bruto.

Empieza como empezaría la voz en off de un trailer de cine catástrofe:

Controlar a la prensa, dominar a los jueces y debilitar a los partidos políticos. Con esos tres mecanismos, el Gobierno busca ejercer el poder sin límites. Todo poder tiende, por naturaleza, a su propio desborde y a evitar los controles. Pero en el ámbito judicial hay quienes sostienen que la gestión kirchnerista parece ir más allá: buscaría directamente desarticular esas instituciones”.

A continuación una apología de la prensa libre, independiente y democrática. Es fabuloso, lean:

No es un exceso considerar a la prensa privada e independiente una institución democrática (No sólo es un exceso muy poco creíble a estas alturas sino que además por ahí se escapó un oxímoron: “Privada e independiente”; ¿independiente de quién? ¿un periodista de Clarín es independiente, libre, por ejemplo, de escribir en contra de una empresa que pone pauta publicitaria en el mismo medio?). La libertad de prensa se consolidó en la misma época en que nació la democracia norteamericana; está garantizada por las constituciones de todo el mundo libre y por tratados supranacionales. Los países y organismos internacionales consideran que el grado de libertad es un termómetro de la democracia y aceptan que la prensa, para ser independiente, debe tener su propia fuente de financiamiento (publicidad privada) (Acá falta algo: ¿Qué sucede con el financiamiento a costa de lobbys políticos que, por ejemplo, le permitió a La Nación y a Clarín obtener un precio exclusivo con el papel prensa? ¿Qué pasa cuando el que pone la mosca con la publicidad es una empresa agro exportadora que explota a trabajadores?)
En efecto, el Poder Ejecutivo distribuye arbitrariamente la publicidad oficial (el 47% de la publicidad gráfica se dirige al grupo Szpolski y a Página/12), acosa al Grupo Clarín y a La Nacion; persigue a Papel Prensa, que produce insumo para 170 periódicos; (Error: los 170 periódicos son clientes de Clarín y La Nación, éstos le venden el papel a un precio superior; esto gracias al pacto Ernestina-Videla a costa de protección mediática, es decir no mencionar los miles de casos de terrorismo de estado en el período 76-83. Si la prensa y la democracia nacieron juntas ¿por qué Clarín, La Nación y tantos otros fueron tan condescendientes con la masacre?)”.

Por suerte el artículo de Ventura carece de extensión. Ahora, algunas preguntas, tal vez las mismas de siempre:

¿Qué expectativas alberga un periodista que así escribe que alguien le crea?

¿Cuando un periodista que así escribe estampa sus falsedades él mismo también se las cree?
Para pegar trabajo en La Nación ¿es más necesario el talento o la habilidad para simular la ignorancia?

Si el gobierno continúa un período más ¿hasta dónde será capaz de llegar la inventiva de periodistas como el que así escribe?

Si el gobierno K sigue ¿qué sucederá con la revista Barcelona, quebrará o se convertirá en un multimedios, Grupo Barcelona?

sábado, 5 de febrero de 2011

Abyectos

El o los tipos que son capaces de escribir una editorial de esta calaña, además de sujetos miserables, son decididamente garcas.

Cuando se leen este tipo de cosas la primera pregunta que surge es ¿a quiénes les está “hablando” La Nación? El o los tipos que así escriben ¿verdaderamente creen en lo que escriben? Si así fuera ¿creen que también el lector va a creer en lo que lee?

El nivel de subestimación hacia sus lectores que diarios como La Nación, Clarín o Perfil manifiestan día tras día ¿se corresponderá, acaso, con el nivel de idiotez que efectivamente esos lectores ostentan? Si parte de los lectores son aquellos que deciden estampar sus finas observaciones en los foros debajo de las noticias estamos en condiciones de afirmar que perfil.com es aquel que, por lejos, triunfa en la posesión de lectores fascistas, homofóbicos, antisemitas, golpistas, groseros, brutos e iletrados.

Sólo un estado desesperado puede hacer posible que un tipo que escribe un editorial como el de hoy en el diario La Nación crea que su lector le va a creer. Desesperación u omnipotencia feroz. Año tras año (y este más que nunca antes) estos diarios han decidido adoptar como interlocutores fieles a lo peor de lo peor. Lo más grave de todo, paradójicamente o no, es que estos pasquines han decidido, a su vez, jugar, engañar y enfurecer a “lo peor de lo peor”: ni siquiera protegen a su abyecta clientela.

“(…) el propio ministro de Trabajo de la Nación, que debería mostrar un justo equilibrio en el contexto de las relaciones laborales. Más aún la Presidenta, quien debería medir el perjuicio que se ocasiona no solamente a las empresas vinculadas a los hechos mencionados, sino al agro y al país todo, a la luz del comportamiento anómalo de importantes funcionarios y ámbitos del Poder Judicial (…)”.

Más evidente que esta reflexión imposible. El estandarte que La Nación está levantando con ella es la defensa ciega de las empresas multinacionales por sobre los derechos mínimos de los trabajadores maltratados. Neoliberalismo en estado puro y pútrido. Lo que no se dice es: “Protejamos a las multinacionales / no ventilemos irregularidades banales / qué van a decir de nosotros afuera / la dignidad humana de un puñado de tipos no puede dañar nuestra imagen / custodiemos el capital y no sus inhumanos perjuicios”.

El editorial pretende míseramente deformar la evidencia de la explotación laboral en un ataque a la nación, al “campo”, “al país todo”. “Este infierno inventado”, llega a escribir la firma ausente del editorial. Porque es bien sabido ya que cuando las firmas no están los tipos se animan a mucho más.

Es una verdadera suerte que hoy nos sea tan simple comprobar la intención manipuladora del periodismo (neo) liberal. La manera en la que día a día intentan forzar, desde la retórica más infame, la subjetividad ya de por sí odiadora de sus lectores. Fogonean aquí y allá, sin miramientos. Este editorial, sin ir más lejos, está dirigido, entre otros, a lo que ellos llaman “el campo”. Hace décadas que la prensa se acostumbró a no agarrar las armas sino a servirlas; la cobardía de la no-firma es la misma cobardía que coloca el odio, el furor y la reacción en ese otro que es muy capaz de organizar el caos. Luego el caos se sucedía, se volteaba al gobierno y la prensa comenzaba de cero. Y así los años y los negocios.

Este editorial debería ser ofrecido en todas las universidades del país como muestra del lugar aborrecible al que han sabido llegar las empresas de medios en la Argentina. Cómo han acabado defendiéndose a ellos mismos, a sus propios intereses; cómo “la gente”, para ellos, es apenas una entelequia de poca monta.

Canal Encuentro Versión PRO


Programación:

Filosofía Aquí y Ahora: Conducción: Alejandro Rozitchner.

Escritores en primera persona: Mario Vargas Llosa – Marcos Aguinis – J. L. Borges – Juan José Sebreli

Periodismo sin Fronteras: Conducción: Sergio Lapegüe. Invitados: J. Morales Solá – Jorge Lanata – Pepe Eliaschev – Nelson Castro

La Historia con Mayúsculas. Breves y entretenidas biografías de nuestros héroes: D. F. Sarmiento – B. Rivadavia – J. A. Roca – Carlos María de Alvear – Juan Lavalle – Federico Rauch

Epopeyas que no fueron: La Vuelta de Obligado – La invasión de los Ingleses – Guerra del Paraguay

Nuestro cine: Los bañeros más locos del mundo 2 – Papá se volvió loco – Cohen vs. Rossi – Comodines

La TV por dentro. Ciclo de entrevistas profundas: Conducción: Pablito Sirvén. Invitados: José María Listorti – Mariano Peluffo – Luis Ventura – Lucho Avilés

Números y cuentas. Economistas por economistas: Carlos Melconian – Roberto Alemann – Erman Gonzalez – Ricardo López Murphy – Alfonso Prat Gay

Archivos Históricos. Historias íntimas de nuestros Bandidos Rurales: Juan Bautista Bustos – Pancho Ramírez – Facundo Quiroga – Martín Miguel de Güemes – Felipe Ibarra

Conociendo el mundo. Cultura y Viajes: Cancún – Abu Dabi – Hawaii – Ibiza – Fort Lauderdale

miércoles, 2 de febrero de 2011

Boludo Total

A avivarse muchachos

En La anomalía Argentina escribe Ricardo Forster:

"Una aguda metáfora del filósofo Alejandro Kaufman plantea que los medios de comunicación son como el agua: nos acompañan cotidianamente sin que nos interroguemos por su sentido; se han vuelto parte de nuestra “naturaleza” y bebemos ese líquido sin siquiera ejercer el acto consciente de reflexionar por su salubridad. Nos acompañan al acostarnos y al levantarnos; “educan” a nuestros hijos y movilizan nuestros prejuicios; amamos, odiamos y nos atemorizamos a su ritmo; van definiendo con astucia lo que finalmente terminará siendo lo que ellos mismos denominan “opinión pública”, masa crítica diseñada en el interior de la usina comunicacional y que suele exacerbar lo peor de nosotros mismos. Son como retinas invisibles que introducen en nuestra visión de la realidad un núcleo decisivo a partir del cual esa misma realidad tiende a cobrar determinados sentidos.

Suelen apelar a la idea de objetividad y, cuando les gusta ofrecerse como reaseguro liberal, se definen como “auxiliares de la justicia”, como buscadores de la verdad imparcial. Son algo así como la última reserva moral que le resta a la sociedad una vez que las anteriores (tan bien conocidas por los argentinos en otras épocas oscuras) han perdido toda legitimidad y se expresan apenas como resabios antediluvianos de un tiempo autoritario y conservador. Su lógica empresarial es cuidadosamente invisibilizada, del mismo modo que lo son también sus compromisos políticos y la manera en que persiguen la realización de sus intereses, tanto económicos como ideológicos. Como decía sin medias tintas Nicolás Casullo, “los grandes medios de comunicación son hoy, entre nosotros y en esta sociedad, la derecha real”, aquella que incide sobre el sentido común y va trazando los rasgos de una profunda revolución cultural neoconservadora, aquella que hizo posible la hegemonía de un capitalismo financiero-especulativo cuya depredación dejó exhaustos a los países pobres del mundo, y que hoy estalla en mil pedazos en el centro de las economías poderosas.

Los medios de comunicación concentrados son el último baluarte de esa gramática de la aglomeración de la riqueza y de la especulación financiera; siguen ofreciendo su interpretación mezquina y el ocultamiento de lo mismo que defienden contra viento y marea".
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