sábado, 30 de abril de 2011

Tres tristes tigres escriben hoy: si pasa pasa

PE.
"(...) La Italia de Berlusconi, como la Argentina 2003-2011, exhiben panorámicas mortificantemente similares, incluyendo la gestión del Estado como “cosa nostra”, la devoción bárbara al poder vertical, el escarnio o compra de los jueces, el apoderamiento de los medios (sobre todo la TV) como joya de la corona del poder, la apelación a un lenguaje brutal disfrazado de honestidad y maquillado como anti hipocresía. En el medio, un vacío (...)"
MG.
"(...) Si bien ambos pretendían en común el poder, ya se empieza a vislumbrar, a seis meses de la muerte de su marido, que Cristina no es Néstor. Es que, en tanto que éste actuaba como lo hacen los hombres, Cristina actúa en cuanto mujer. Néstor atacaba frontalmente. Cristina actúa con sutileza. Véase si no cómo está manejando el desafío de ese otro "machista" que es Hugo Moyano. Este ha planteado, desde que Cristina quedó sola, que él también quiere el poder. Como su meta es llegar al poder recién en 2015, cuando termine el próximo período presidencial que podría protagonizar Cristina, lo que intenta Moyano es avanzar paso por paso en procura de su ambición sin romper en el camino la asociación que por ahora mantiene con su "hermana-enemiga" (...)"
CP.
"(...) Es una escena curiosa, en cuyo centro estaría instalado el duelo de dos deudos. La Presidenta, que no abandona el luto y siembra sus discursos con referencias a "él", y Alfonsín, mimetizado con los trajes, los gestos y las ideas de su padre.
Ambos participan del mismo prodigio: deben su principal atractivo a que una parte del vecindario ha decidido embellecer a sus familiares post mórtem.
La señora de Kirchner corre con una pequeña ventaja en esta rara carrera de ultratumba: la semana de las elecciones será la del primer aniversario de la partida de su esposo.
Pero no hay que engañarse. Esta atmósfera necrofílica, o fetichista, no habla de los candidatos. Habla del electorado. De su fascinación por el pasado, de sus dificultades para proyectar. Es un regodeo con la muerte que pone en duda, en definitiva, la vitalidad de la democracia en la Argentina (...)" 

domingo, 17 de abril de 2011

Ultimátum de La Nación: de no creer


Editorial I

El deber de la oposición

Las fuerzas políticas preocupadas por el deterioro de las instituciones deben dejar de lado las mezquindades personales


Los argentinos estamos hoy frente a un enorme desafío: reconstruir las instituciones republicanas y sus principios esenciales, vulnerados en los últimos años por acciones de un gobierno que, amparado en su legitimidad de origen, se creyó con derecho a violentar una y otra vez la división de poderes, y a imponer un proyecto hegemónico desconocedor de la seguridad jurídica y de las reglas de juego propias de un país moderno y previsible.

Cuando la inacción del Estado hace peligrar elementales garantías constitucionales, cuando el Poder Ejecutivo Nacional desconoce órdenes judiciales tendientes a brindar protección a la población; cuando desde el Gobierno se intenta coartar la libertad de expresión, se ofrece un silencio cómplice a quienes bloquean la distribución de diarios o se castiga con absurdas sanciones económicas a consultoras que, a falta de estadísticas oficiales confiables, miden el aumento de precios, es la República la que está en peligro.
A principios de este mes, seis precandidatos presidenciales pertenecientes a fuerzas políticas de la oposición dieron un acertado paso al suscribir un documento conjunto en el que se comprometieron a cuidar la democracia frente a aquella clase de ataques.

Ahora es necesario profundizar ese camino.

Nadie puede ser obligado a forzar la constitución de alianzas electorales. Es elemental que, detrás de todo acuerdo de esa clase, debe existir, ante todo, una voluntad de asociación y un mínimo de coincidencias programáticas. Pero rechazar la posibilidad de alcanzar acuerdos sobre políticas públicas a partir de la fijación de límites por diferencias netamente personales no es precisamente una muestra de la madurez política necesaria en el actual contexto del país.

Días atrás, el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, formuló un llamado a las fuerzas políticas de la oposición a acordar coincidencias básicas en políticas de Estado como punto de partida hacia un amplio entendimiento electoral. Entre los puntos sobre los cuales propuso arribar a consensos figuran el acceso gratuito a la educación pública, los incentivos para trabajadores y empresas, los planes contra la inseguridad y el narcotráfico, las estrategias para erradicar el hambre y la pobreza, un plan nacional de infraestructura y un pacto fiscal. Esta idea está alineada con el acuerdo de políticas públicas promovido desde hace algo más de un año por Eduardo Duhalde y Rodolfo Terragno.

La nueva iniciativa recogió apoyos en el Peronismo Federal y en algunos dirigentes del radicalismo, como el vicepresidente Julio Cobos, y silencio en otras figuras de la oposición. Días antes, el precandidato presidencial de la UCR, Ricardo Alfonsín, había señalado equivocadamente: "Nuestro límite es Macri".

Al margen de las diferencias que conlleva la competencia electoral, sería deseable que ni los vedetismos ni la pugna por los cargos hagan perder de vista que ningún debate sobre coincidencias en materia de políticas públicas puede tener limitaciones. La esencia de la política pasa por el diálogo y la búsqueda de consensos en pos del bien común.

La sociedad argentina, además de soluciones concretas a problemas como la inseguridad, la pobreza, la inflación y el narcotráfico, reclama de sus dirigentes generosidad. Es menester que pongan fin a viejas o nuevas antinomias y consoliden una nueva forma de hacer política, ajena a la construcción artificial de enemigos y proclive a la generación de un clima de diálogo y a la unión nacional, objetivo que nada tiene que ver con las tendencias a cultivar un pensamiento único.

La gran tarea de los dirigentes preocupados por el avance del autoritarismo y el vaciamiento de los principios de la República debe consistir en superar la fragmentación a partir de compromisos que el día de mañana puedan traducirse en políticas de Estado y, de ser posible, plantearse una amplia coalición sustentada en ese consenso. Para eso, claro está, habrá que dejar de lado cualquier mezquindad y dejar de pensar en simples liderazgos personales, que deberían ser sustituidos por el imperio de las ideas.

jueves, 14 de abril de 2011

El Néstor de José Pablo

Cualquiera hubiera escrito un libro al estilo “mis días con…”. Es decir una pormenorizada transcripción más o menos descriptiva del autor con la celebridad en cuestión. Pero de la mano de un novelista, ensayista, guionista y filósofo debía salir algo superior. Por eso El Flaco es mucho más que una mera traslación de las conversaciones mantenidas entre el autor, José Pablo Feinmann, y el ex presidente Néstor Kirchner.
¿Qué más es El Flaco?
Es la puesta en escena (puesta en escritura) de una tensión. Una tensión, a estas alturas, histórica: la que se da entre El Intelectual y El Político. El hueso del libro de Feinmann está aquí. La breve relación que supieron mantener el intelectual y el político (desde 2003 y por un par de años) fue un vínculo predilectamente dialógico, verbal: dialéctico. Desde aquí es que comienza a esparcirse la tensión del libro. Tensión que nunca se resuelve; afortunadamente. Pero sí se expande desde la primera página hasta la última.
La tensión encuentra anclaje tanto en la minuciosidad de los avatares políticos de nuestro país en los años a los que fundamentalmente se dedica El Flaco, como así también en espectros mucho más amplios, filosóficos. La tensión es de origen particular y de destino general, histórico-filosófico. No pretendo explicitar la tensión de la que escribo pero sí su móvil estelar: el poder. Quiero decir: su construcción, su preservación, sus límites, sus peligros. En las diversas facetas de este gran diamante (el Poder) se teje la urdimbre que fatalmente separa (uniendo) al intelectual del político; y viceversa.
Además. En El Flaco se nos regala la exclusividad de ser testigos, o mejor voyeurs, de las entrañas domésticas del Poder. Feinmann nos abre la puerta trasera del gran teatro de la Política y desde allí, como intrusos mudos e irreverentes, se nos da la gran chance de escuchar (y ver) la conflictividad inicial de la experiencia política que comenzó en 2003. Muy lejos de una mera exhibición al estilo backstage, El Flaco funciona como un capítulo del gran manual de la política argentina: con sus aristas polvorosas, su esencia conflictiva, sus quistes históricos, su irremediable esperanza.
Somos testigos, además, de un gran retrato: claro, el de Néstor Kirchner. Quién pudiera saber anticipadamente lo que harán los años (el tiempo) con la figura del ex presidente. De lo que no quedan dudas es de que la inmensa mayoría que desde el vértigo del presente pretendieron y pretenden tratar la figura de Kirchner se han dejado guiar por versiones odiosas, por una horrible fidelidad al sentido común que estólido desciende desde los poderes merodeadores de la política. Al Néstor de Feinmann difícilmente lo encontremos en otro sitio. Pocas figuras de nuestro panteón político, muy pocas, han sabido ser tan maltratadas, desdibujadas y envenenadas como la del ex presidente. El retrato que se propone y consigue El Flaco, muy por el contrario, es el de una persona cualquiera a la que le ha tocado, casi involuntariamente, conducir los destinos de un país.
Estos diálogos irreverentes son el resultado, sin lugar a duda, de un escritor. Cómo adivinar las zonas precisas en las que la literatura copa el espacio de la crónica, en la que la trabajada cadencia dialógica pigmenta los calores inevitables de la dialéctica apasionada. Como en el primer tomo de Peronismo, Feinmann no le dice que no a ninguna vía narrativa y, menos que menos, a la preciosa aventura de la digresión.  
Qué será de El Flaco con los años, con el tiempo. No hay por qué dudar de que continuara siendo una gema provechosa de la experiencia kirchnerista. Sospecho que no se podrá decir lo mismo de tanta bibliografía espuria, resultante del vago oportunismo de tanto periodistucho con ambiciones de escritores.                                  

miércoles, 13 de abril de 2011

El Flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner. De José Pablo Feinmann (7)

Un día de junio de 2006 llaman de la Presidencia de la Nación. Una secretaria. Verifica mi mail.
-Sí, es ése.
-Bueno, licenciado: va a recibir un mail del Presidente.
Al rato fui a mi compu. Abrí el mail y ahí estaba. Decía: Mail del Presidente. Y es el que sigue:

Estimado José Pablo:
Hay veces que me decepcionás y otras que no. Los dos tenemos una historia anterior. Cada uno de nosotros sabe cuál es.
Cuando decís que no hemos resuelto la exclusión social sos injusto y cómodo a la vez.
Hemos bajado casi 30 puntos la pobreza, hemos llevado la indigencia a menos de la mitad y la desocupación ha bajado entre 12 y 14 puntos. Se redujo considerablemente la mortalidad infantil y la deserción escolar.
Triplicamos la jubilación mínima dando ocho aumentos y, por primera vez después de catorce años, otorgamos una suba general para todos los jubilados. Así achicamos la brecha entre los más ricos y los más pobres.
Aumentó el ingreso per cápita y el salario mínimo, vital y móvil se triplicó luego de diez años de estar estancado en la misma cifra.
Hacía cien años que Argentina no tenía una expansión de su economía como la que está viviendo.
No sé si pensar que tus declaraciones son el producto de una noche de insomnio o es esa tendencia de algunos que se dibujan intelectuales y se creen superiores, diferentes a los demás y hasta más inteligentes que el común de los mortales. Pero, y disculpame que recurra a una frase peronista, la única verdad es la realidad.
En tus opiniones también menospreciás la victoria del pueblo de la provincia de Buenos Aires sobre el aparato duhaldista y confundís el voto popular con movimientos de aparatos.
Cuando te quejás de la CGT no podés reconocer que, nos guste o no, son ellos los que hoy representan a los trabajadores.
También caés en el reduccionismo político de equiparar a la CGT con Barrionuevo. Sería equiparar a los empresarios con Martínez de Hoz.
Dentro del marco de esa realidad que nos toca vivir es que conseguimos una quita histórica de la deuda externa y cancelamos toda nuestra deuda con el Fondo, a pesar de lo cual, seguimos acumulando reservas. Esto, además, nos ha dado un nuevo marco de relacionamiento internacional y de autonomía en las decisiones.
José Pablo, yo no soy Mandrake el mago. Soy apenas un ser humano que asumió la Presidencia de la Nación con el menor porcentaje de votos de la historia argentina, 22 por ciento, y en el momento más difícil de nuestra historia reciente.
Acierto y me equivoco como cualquier ser humano. Vos sos una buena persona. No te voy a quitar méritos. A veces sos un intelectual brillante y a veces opaco. Pero no olvides que también fuiste un militante político y como tal merecés un análisis  más profundo y piadoso, pero siempre con los pies en la tierra.
Ser un intelectual no significa mostrarse diferente, tal como ser valiente no implica mirar a los demás desde la cima de una montaña.
Mi compromiso es el de siempre: gobernar, trabajar, administrar. Creo firmemente en mis convicciones y trato de llevarlas adelante con todas mis fuerzas, en el marco de la realidad que nos toca vivir. Los problemas de los argentinos no se resuelven a vendavales, sino gestionando todos los días.
Por eso creo que vos y yo no pensamos tan diferente, sino que tenés miedo. Miedo de que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. Pero no te olvides que pertenecemos a una generación que siempre creyó en las construcciones colectivas. La individualidad te pondrá en el firmamento, pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia. Al fin y al cabo todos somos pasantes de la historia.
Por último, quiero decirte que no hay nada más lindo que comerse unos fideos con la vieja el domingo y por la tarde gritar un gol de Racing, por lo menos, para este humilde argentino.
Atentamente,
Néstor Kirchner.   

martes, 12 de abril de 2011

El Flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner. De José Pablo Feinmann (6)

Estamos otra vez sentados. Así, a su derecha, me siento su Ministro del Interior. Debemos llevar más de una hora hablando. ¿Nos dijimos algo importante? Decido ir a fondo. Decirle lo principal que vine a decirle.
-Néstor, hay una decisión que tenés que tomar. Si querés, claro. Pero es la base, el punto de partida de todo. Tenés que abrir una nueva etapa histórica. Tenés que romper con el peronismo. Vi algunos actos tuyos y vi con alegría que no había fotos de Perón, una que otra de Evita. El peronismo es la antipolítica. Nada nuevo puede salir de ahí. Es un aparato. Nada más. Un aparato es una pura inercia. Se mueve por inercia. Se mueve por la guita. Por las ambiciones sin contenido de los corruptos, de los aventureros. Un aparato es una cosa. Es como una piedra. No va a cambiar nunca. Al contrario, está hecho para no cambiar. Tenés –es mi opinión, eh- que crear un partido de centroizquierda. Las bases ya están. Son los asambleístas de 2001, de 2002. Se quedaron huérfanos porque se jugaron a la política sin conducción. Sin jerarquías. (…) No hay política sin jefes. Ahora vos tenés el Estado. Ellos no querían tomar el poder. Construirlo afuera. Boludeces. Lecturas mal leídas. Pero buena gente. Con esa base y el Estado se puede crear algo nuevo. Una nueva forma de hacer política. Alejada de las mafias. De los mafiosos. Con gente nueva. Con…
-Eso lo pensé mucho, José. ¿Cómo no lo voy a pensar? Pero no es fácil dejar de lado el peronismo. ¿Vos sabés el poder que tiene?
-Un poder viejo. Que se vende al mejor postor. Que se vendió a Menem. ¿Creés en serio que te van a apoyar sinceramente? No, apenas puedan te clavan un puñal. En serio, te clavan un puñal. Si querés hacer política con ellos, tenés que ser como ellos. Cambiar, no los vas a cambiar. Se van a disfrazar de corderos. De amigos tuyos. Pero no son amigos de nadie. Sólo del poder. De la guita, la droga, la prostitución, el juego clandestino. Tuyos, no. (…) El peronismo es una cueva de escorpiones. Te matan y te dicen: “Perdoname, es mi naturaleza”. Y sí, lo es. Porque son eso: escorpiones.
-Me gusta la idea del centroizquierda. En serio, me gusta. Pero, ¿vos creés que desde ahí voy a acumular poder?
-Pero no se trata de acumular poder a cualquier precio. Suponete que mañana le afanás a Duhalde todo el aparato. ¿Triunfaste? ¡No! Perdiste. Perdiste tu identidad. Ahora sos Duhalde.
-¿Quiénes me van a seguir?
-Hay que sacar de nuevo a la calle a los asambleístas de diciembre del 2001. Están ahí. No se fueron.
-No creas. Mirá la cantidad de votantes que hubo en estas elecciones. La gente quería volver a lo tradicional. Un Presidente, un parlamento…
-Y el eterno bipartidismo.
-¿Y el PRI en México? ¿Y los yankis? Demócratas y replublicanos. Siempre la misma historia.
-Néstor, si vos impedís que el peronismo se convierta en el PRI, pasás a la historia grande de este país.
-No me pedís nada vos.
-Para pedirte nada ya debés tener un ejército de lameculos.
Se queda pensando. Cuando lo hace gira la cabeza hacia un costado. El contrario del que está uno. Se pone a mirar algo. Uno no sabe qué. Por ahí, nada. No mira nada. Se mira adentro. Busca. De pronto, el ejercicio se acaba y te mira de golpe:
-¿Cuántos poderes hay en la Argentina?- pregunta.
-En cualquier lugar del mundo hay muchos poderes.
-No, no, esas boludeces ya las conozco. La multiplicidad de poderes. Todo se multiplicó en los últimos años. Sin embargo, la globalización es una. Que no jodan. Es una. Son ellos quienes nos globalizan. Nosotros, de boludos, nos dejamos globalizar.
-Hay dos poderes en la Argentina. Los dos que Menem armonizó: el establishment y el peronismo. Menem sometió el peronismo al establishment.
-Entonces no los armonizó.
-Fue una armonía, pero desigual. Menem convenció al peronismo que el gran negocio, en los noventa, con la URSS hecha pelota, era seguir al establishment, al neoliberalismo. Nadie dijo que no. Total todo se había ido a la mierda. Era la hora de ser socios de los triunfadores, de ser parte de la gran cosecha, de afanarse el país con ellos. Esos dos poderes siguen siendo los de hoy.
-¿Y vos proponés que yo me abra de los dos?
-No, que crees uno nuevo.
-¿Y mientras tanto en qué me apoyo?
-Ni el peronismo ni el establisment te pueden atacar por lo menos durante un año y medio. Si abrís un nuevo espacio, muchos te van a seguir. De todos lados. Peronistas que están hartos del aparato, gente de la izquierda, de los derechos humanos, empresarios podridos de los carcamanes del peronismo, hasta Estados Unidos. En serio, puede interesarles una fuerza nueva, democrática, lúcida, limpia, más que la mafia del aparato duhaldista.
-A mí me interesa eso. Y lo voy a intentar. Sobre la marcha se verá cómo viene la mano. Para hacerlo voy a tener que hablar con todos. La política es eso, eh. La política es no hacerle asco a nada.

lunes, 11 de abril de 2011

El Flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner. De José Pablo Feinmann (5)

Pasé a la sala de gabinete. Primero hay que atravesar el universo de las secretarias. Saludan, sonríen. Se las ve radiantes.
Entro en la sala de gabinete. Kirchner está lejos. Mira por una ventana. La Plaza de Mayo, seguro. Sin saludarme, gira y dice:
-¿Ves estas coberturas doradas? ¿Son una mierda, no? Las puso Lanusse. Si las sacás, se ve la Plaza. Pero la Plaza te ve a vos. La seguridad aconseja dejarlas. Cubrir esas ventanas así la Plaza no te ve a vos y vos no ves a la Plaza. Pero yo, a la Plaza, quiero verla. Quiero estar cerca de la gente. Total, ¿qué va a pasar? Es muy pronto para que me peguen un tiro. Vení, sentate.
(…) –Yo no voy a andar con medias tintas. Ojo: soy un gradualista. Pero el país está por el piso y cuando uno encuentra un país así no puede dar el lujo de ser gradualista.
-Hay mucha pobreza, Néstor. Hay hambre. En algunas escuelitas de provincia los pibes se desmayan en el aula. ¿De qué? De hambre. Ese pibe está condenado. Entre tanto, un pendejo del Liceo Francés, rico, bien alimentado, desarrolla sus neuronas. Ése es un triunfador. El otro no. El otro está condenado. Tiene una existencia…
-Una existencia-destino.
-Gracias por leerme.
-Hace rato que te leo. Mis hijos también.
(…) –Decime, ¿qué pensás del poder? ¿Quién lo tiene? ¿Nosotros?
-No.
-De acuerdo: nosotros tenemos que pelearle el poder al poder. Sacárselo en la medida en que podamos. Pero no va a ser fácil. Ahora la derecha está tranquila. Se asustó con el “Que se vayan todos” y los despelotes del 2001 y el 2002. Pero no saben retroceder. Ya me dieron un pliego de condiciones.
-¡Qué hijos de puta! ¿Te dieron un pliego de condiciones?
-Sí.
(No me dijo quién. Fue José Claudio Escribano, el de La Nación. Ese tipo, durante la dictadura, era un ideólogo de primer nivel. Bajaba línea desde su “democrático” diario, que apoyó todos los golpes de estado. Y no sólo los apoyó. Les dio doctrina, hombres, economistas, teorías, les cubrió las masacres, mintió, usó el lenguaje militar, el de la dictadura. Por decirlo claro: las columnas del señor Escribano en La Nación mandaron a muchos a la muerte. Como las de Grondona. O las del diario bahiense La Nueva Provincia. Cuando mataron a Dardo Cabo en un fingido enfrentamiento titularon: Ha sido abatido el cabecilla subversivo Dardo Cabo. Se sabían el lenguaje de los genocidas mejor que ellos. El título que cité salió en Clarín, no en La Nación. (…) ¿Por qué dar así la noticia de su muerte? No era un cabecilla. (…) ¿Por qué lo calificaban como cabecilla subversivo? Porque eran los diarios del Proceso. Eran los diarios del Ejército desaparecedor. (…) Se trataba de agradecerle a Videla lo de Papel Prensa. Los grandes diarios fueron cómplices entusiastas de la dictadura (…) ).
-¿Conocés la respuesta que le dio Perón a Braden cuando le llevó su pliego de condiciones?
Larga una carcajada.
-Sí, pero yo al hijo de puta que me trajo el pliego de condiciones no le podía haber dicho: “No quiero ser bien mirado en su país al precio de ser un hijo de puta en el mío”. Porque los dos tenemos un mismo país. Él quiere una cosa. Yo quiero otra.
-Ésa es la historia de la humanidad: unos quieren una cosa, otros quieren otra. No tiene arreglo.
(…)
-Pero, ¿tan fuertes se creen como para traerte un pliego de condiciones? ¿O te creen tan débil?
-Lo segundo. No olvidés algo: soy el Presidente que asumió con el 22% de los votos. Nadie, nunca, en la puta vida, asumió con menos votos la Presidencia de un país. ¿Cómo querés que no me vean débil?
-Entonces, la cuestión es: cómo hacer para que te vean fuerte. O mejor: cómo hacer para que sepan que sos fuerte, que no les tenés miedo y que el 22% te lo pasás por el culo. Con perdón, Presidente. –Sonríe.- Eso te lo hizo el Turco. Si no se baja del ballotage, llegabas al 70%. Pero el establishment lo llamó y se lo dijo: “Menem, usted se baja”. Y, como buen esclavo del poder que fue y será, desensilló. La pregunta es la de siempre: ¿cómo se crea poder? ¿cómo se construye poder? Yo siempre dije una frase. La dije desde pendejo. Cuando se hablaba de “tomar el poder”. Todo el tiempo todo el mundo hablaba de tomar el poder. Y yo decía: el poder no se toma, se crea. Quería decir: para tomar el poder hay que tener un poder superior al del poder. Ese poder, ¿de dónde sale? El poder para tomar el poder, ¿cómo se construye?
-Eso era en los setenta. Se creía que tomar el poder era asaltar la Casa Rosada. Como lo hicimos el 25 de mayo de 1973. Con Cámpora en los balcones y nosotros dominando la Plaza. Pero hoy, ¿dónde está el poder? No creo que hoy –hoy, eh- construir poder sea algo posible de reducir al ámbito nacional. Y con esto vamos a la cuestión de América Latina. Acá ya nadie se libera solo.
-No hay liberación nacional.
-Eso está muerto. O la cosa es continental o no va.
-Creo que el tema es cómo se construye el poder. Vos necesitás hacerlo urgentemente. ¿Qué poder tenés? 22% de los votos. Y una sociedad que quiere un poco de sosiego. Pero todos los lobos están intactos. No les pasó nada. No perdieron ni un peso. Para ellos no hubo ni podía haber corralito. El corralito eran ellos. Ellos lo había puesto, ellos lo dominaban.
-Quiénes son ellos.
-Lo sabés mejor que yo. Son los de siempre. Las corporaciones financieras. Ahora unidas a las corporaciones agrarias. A las industriales. Todos atentos a las órdenes estratégicas que llegan del Imperio. Y el nuevo gran poder. El que resulta de la gran revolución que hizo el capitalismo. El poder de los medios.
-No tengo nada ahí. Tengo que moverme rápido o me van a hacer puré. ¿Cómo se construye poder hoy? No me vengás con la militancia barrial tipo Jotapé. Con unos treinta minutos en horario central en cualquier canal de televisión consigo más que con diez mil militantes haciendo laburo territorial. Tomá el caso de Tinelli. Ese tipo es un gran comunicador.
-Y un gran hijo de puta.
-Perdoname, pero ésa es una respuesta típica de un intelectual.
-Es un juicio ético. Si me decís que hoy hacer política es dejar de lado la ética, te entiendo. No sé si te sigo, pero te entiendo.
-Dejá de lado si Tinelli es un hijo de puta o no. Yo te pregunto: ¿comunica?
-Lo hace bien.
-¿De qué lado lo querés? ¿Del nuestro o en la vereda de enfrente?
-No lo quiero en ningún lado.
-Eso es negar la realidad. El tipo está. Está donde está y es por algo.
-Porque es un hijo de puta.
-¿Y? ¿Con eso qué hago? ¿Doy un discurso y se lo digo? “La Argentina no tiene futuro porque Tinelli es un hijo de puta”. ¿Eso le digo?
-Sé adónde vas. Hay que negociar con Tinelli.Habrá que comprarlo.
-Comprar no lo vas a comprar. Tiene más guita que el Estado argentino. Es nuestro pequeño Berlusconi.
-Todo el poder mediático es Berlusconi. Tinelli y todos los demás. Son todos menemistas. Todos fachos. Todos carajeadores, brutos, no tienen decencia ni moral ni nada. Eso lo consiguió el poder. Consiguió que estos tipos, estos canallas que crean el sentido común de la gente, sean la derecha más recalcitrante que existe en el país. Hoy, en la Argentina, el sentido común es fascista.
-¡Está bueno eso, eh! Te salen algunas frases redondas. ¿Cómo hacés?
-No me cargues.
-Te lo digo en serio. ¿No me creés?
-¿Se le puede creer a un tipo que llegó a Presidente de la República?
-Otra vez: ésos son prejuicios de intelectuales. –Se levanta y vuelve a caminar por la sala. Se pone las manos en los bolsillos. Le gusta hablar como si mirara alguna lejanía-. Sin embargo, es cierto: no es fácil creerle a un Presidente. Más aquí. Más en este país. Tantas veces nos metieron el dedo en el culo…
-Escribí una nota con ese título: El dedo en el culo.
-Cómo era.
-¿Te acordás cuando De la Rúa, casi al final, ya boqueando, lo llama a Menem a la Quinta de Olivos?
-Sí, hasta me acuerdo de la foto. Daba asco verlos a los dos juntos.
-Precisamente. De la Rúa ya era un dedo en el culo. Ahora lo llamaba a Menem. Otro dedo en el culo. ¿Para qué lo llamó? Porque quería una segunda opinión. Está basado en un chiste muy bueno. Un famoso urólogo en lugar de un dedo te metía dos. Quería una segunda opinión.
Ni bola le dio al chiste. Me sentí medio pelotudo. Siguió dando algunos giros por la sala. Las manos, las dos manos en los bolsillos del pantalón. Estaba en mangas de camisa. El saco andaba por ahí, tirado en algún sillón, la corbata también. Dice:
-Pero es cierto. Un Presidente ya no tiene credibilidad. Me la tengo que ganar. Hago cada cosa. No te imaginás. A la mañana hablo por teléfono a cualquiera. A cualquiera, eh. Agarro, marco un número y espero. Alguien atiende y le digo: “Buenos días, disculpe que lo moleste. Quería hablar con usted”. “¿Quién habla?” “El Presidente”. “¿Quién?” “El Presidente, Néstor Kirchner. Quiero preguntarle si está de acuerdo con lo que estoy haciendo”. Algunos me reconocen la voz. Ésos, aunque no lo pueden creer, me creen. “Qué honor, señor Presidente”, me dicen. Yo les digo que el honor es mío. Y que me diga qué le parece lo que estoy haciendo y qué haría él en mi lugar. Es genial, genial. De lo que estoy haciendo hablan poco. Ahora, de lo que harían en mi lugar… ¡mamita! Tengo que cortarles. O les digo que me disculpen. Que los vuelvo a llamar mañana.

domingo, 10 de abril de 2011

El Flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner. De José Pablo Feinmann (4)

El Flaco –mucho después de la primera y esencial reunión que tuvimos en la sala de gabinete- me llamará desde Washington. Estaba reunido con Rafael Bielsa, testigo privilegiado del rarísimo hecho, y por entonces al frente de la Cancillería. Néstor trataba con él un montón de cuestiones y de pronto le dice:
-Esto lo tengo que hablar con José Pablo.
Se levanta y lo deja. En Venezuela, en marzo de 2005, de madrugada, en una de esas largas sobremesas, con amigos, con otros funcionarios, con el encargado de protocolo (que se volvía loco con Néstor), Bielsa dirá:
-Nunca imaginé que un Presidente podía dejar plantado a su canciller para llamar por teléfono a un intelectual.
Suena mi teléfono. Cuando escucho la voz de Néstor atiendo.
-¿José?
-Sí. Qué tal Presidente.
-Y dale con “Presidente”. ¿Todavía me llamás Presidente?
-Qué le vas a hacer. Me sale. ¿Cómo preferís que te llame?
-¡Compañero!
Todavía oigo el tono entre desafinado, agudo, jodón con que dijo: ¡compañero! Lo dijo como si dijera: “Boludo, ¿cómo querés llamarme? ¿No somos compañeros?”
-Bueno, compañero. Qué sorpresa.
Mañana voy a hablar en las Naciones Unidas. Voy a estar muy duro. Hay que darles duro a estos. Que sepan que podemos ser duros. Que no les tenemos miedo.
-¿Qué vas a decir?
-¿Vos que dirías de las Madres y las Abuelas?
-Todo. Todo lo mejor que me saliera y que me saliera del corazón. Es lo más grande que dio este país. Es lo que frenó las venganzas.
-Sí, lo que frenó las venganzas. Ellos masacraron treinta mil y nadie les tocó un pelo. Las Madres y las Abuelas piden justicia. Es la mayor apuesta a la paz y a la vida que se puede hacer. ¿Sabés que voy a largar? Que somos sus hijos. Que somos hijos de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.
-Muy bueno. Adhiero. Hace tiempo que pienso en una bandera nueva para este país. Sé que es medio loco. Pero ya que vos hacés tantas locuras te lo digo. Nuestra bandera es más bien lavada, sin gracia. El bueno de Belgrano miró hacia arriba y dijo: “Listo, ya tengo la bandera. Celeste y blanca”. Comparala con la bandera norteamericana.
-Pero no es sólo celeste y blanca: tiene un sol en el medio, no te olvidés.
-Pero ese sol es el de la guerra. Es un sol militar. ¿Y si se sacara el sol y se pusiera ahí el pañuelo de las Madres?
-Tranquilo, te lo dije: soy un gradualista. Cuando podamos hacer tu bandera va a ser porque ya ganamos. Bueno, preparate para el discurso de mañana. Chau.
Volvió con Bielsa.
Colgué el auricular. Pensé: “este tipo es un fenómeno. ¿Quién nos lo iba a decir? ¿Quién nos iba a decir que iba a aparecer un loco así?

sábado, 9 de abril de 2011

El Flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner. De José Pablo Feinmann (3)


Al rato me quedo solo con Núñez (vocero presidencial). Suena el teléfono. Es el Presidente. Pide disculpas por la demora y avisa que baja. Que nos veamos en el hall de salida. Ahora estamos ahí. Viene un grupo de gente. Uno es más alto que los demás. Qué duda cabe: es el Flaco. Me ve y dice:

-¡José! Qué honor.
(...) -Gracias, Presidente. El honor también es mío.

-Decime Néstor.

Me agarra del brazo y vamos caminando hacia la salida.

-Mirá, aquí hay que empezar de cero. El país está destruido. Pero en serio. Destruido. Hay que remontar treinta años de fracasos. No hay Estado. Sin un Estado fuerte, ¿qué puede hacer un gobierno popular?

(…) – Nada, la economía no es nuestra. Nunca fue nuestra. La economía es de las clases poderosas y de sus socios externos. Que son titánicos. Lo único que podemos tener es la política. Y lo que hay que llevar al centro de la escena es la política. Desplazar a la economía.

-Acá la derrotada fue la política. Esa gran tarea la hizo el menemismo. Subordinar la política a la economía. ¿No lo decía Perón eso? Poner la economía al servicio del pueblo.

-Sí, aunque creo que hay que olvidarse de Perón. De Perón y del peronismo. Hay que hacer algo nuevo. Todavía está vivo el espíritu militante de las asambleas. Las de 2001, las de 2002. ¿Te digo una frase que escribí en un libro que publiqué en los setenta? Es sobre la economía.

-Dale.

-Los países periféricos no tienen economía, la economía los tiene a ellos.

Se rió con ganas.

(…) –Horacio González tiene otra. ¿Lo conocés a Horacio?

-De nombre, sí.

-La economía es reaccionaria, burguesa. Y todavía más: extranjera. No me digas que no es un concepto fuerte: la economía es extranjera.

-Pero desde la política la tenemos que recuperar.

-No te dije la conclusión de mi frase: los países periféricos no tienen economía, la economía los tiene a ellos. Lo único que tienen es la política. Tenemos que ver bien qué es la política. Qué es la política hoy. Cualquier cosa menos la violencia. No hay peor política que la violencia.

-No te preocupes por eso. Yo no le voy a pegar a nadie. Y menos que a nadie a los piqueteros. Nada de represión bajo mi Gobierno. Mirá, hasta pienso largar a los policías sin armas. Y a cada cana ponerle el nombre en la chaqueta.

Estábamos llegando a la puerta de salida de la Rosada. Un automóvil esperaba por él.

-Decime José, ¿qué podemos hacer?

-Mirá, yo soy un tipo limitado. Vivo de noche.

-¿A qué hora te acostás?

-A las siete de la mañana.

-Es linda la noche.

-Todo es mejor de noche. Pensás mejor, escribís mejor.

-¿Cuándo almorzamos? ¿Podes el martes a la una? –Gira hacia Miguel Núñez que está por ahí, no lejos, cerquita más bien-. Miguel, ¿cómo andamos el martes a la una?

Antes que Miguel pueda decir algo me adelanto y digo:

-Pará Néstor. Yo, a la una, estoy dormido. Te voy a decir pavadas. Y va a ser riesgoso. Podés creerme.

-¿Y a las dos?

-A las dos, sí.

-Pero vos… Cargos, ninguno.

-Podrías crear el Ministerio de la Noche.

-En serio te digo. ¿Dónde podrías estar?

-No, Néstor. Yo no sirvo para funcionario.

-¿Ni de asesor te puedo tener?

-Pero si me pongo de asesor tuyo voy a perder mi credibilidad. Los que me leen creen en mi palabra. Pero porque es la mía. Si te atesoro, mi palabra va a ser la tuya. Cuando hablés vos, van a decir que te lo dije yo. Cuando hable yo, van a decir que hablo en tu nombre. En el nombre del oficialismo. Que ya no soy un intelectual independiente.

-¿Tanto te importa ser un intelectual independiente? ¿No es más importante sumarte a un proyecto colectivo?

(Éste fue siempre uno de sus principales argumentos. Lo veremos en la carta que me enviará).

-Dame un tiempo. Dejámelo pensar. Puedo colaborar con entusiasmo. Pero tengo un problema. Y eso me lleva a soledad y al individualismo: lo más importante en mi vida es escribir. Si desde ahí puedo ayudar, todo bien.

-¿Qué estás escribiendo?

-Estoy terminando una novela. La crítica de las armas. Es la vida cotidiana, la vida de superficie bajo la dictadura y el problema de la culpa de los pueblos.

-Bueno, vamos a ver cómo sigue esto. Yo te llamo. Un gustazo, José.

Nos dimos un abrazo. Se metió en el automóvil y desapareció entre las sombras. Me despedí de los demás.

-Pará, te damos un remise.

jueves, 7 de abril de 2011

El Flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner. De José Pablo Feinmann (2)

Kirchner fue caminando hacia el Congreso. Su custodia enloquecía. Se les iba una y otra vez. Se tiraba sobre la gente. Tocaba, lo tocaban, lo abrazaban. Un fotógrafo lo lastimó en la frente con su cámara. Era de Clarín. Premonición. No, pura casualidad. Llega al Congreso con un apósito en la frente. Empieza su discurso.

Pocos días antes había ido –visita que pareciera inevitable en este país- al programa de la Señora que Almuerza. Él y Cristina, sólo ellos. La Señora que Almuerza, con su mejor sonrisa, les larga una frase gestada sin duda en los círculos del establishment con los que tan buena relación siempre ha tenido.

-¿Saben lo que se dice? ¡Se viene un zurdaje!

Cristina reacciona casi de un salto. Con claro fastidio, dice:

-¡Ay, esa palabra!

Más sereno, Néstor dice:

-Señora, esa palabra ha costado más de treinta mil vidas en la Argentina.

La Señora que Almuerza, sin dejar de sonreír, sin dejar traslucir que esa cifra, treinta mil, es, para ella y sus amigos, la cifra de los subversivos y sus madres, un invento, porque podemos asegurarle, señora, que si fueron ocho mil ya estamos concediendo demasiado, dice:

-Bueno, igual un poco de zurdaje no le va a venir mal al país en el estado en que está. Hay tanta pobreza, ¿no?

La Señora que Almuerza ha concedido que es el “zurdaje” el que se preocupa por la pobreza. Que los otros, sus amigos, los empresarios, los militares, los estancieros, no.

El Flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner. De José Pablo Feinmann (1)

Kirchner me dirá:
-         Le dije a Lula: o hacemos historia o somos dos boludos más.
Esta frase fue importante. Acababa de caer ignominiosamente De La Rúa. Un tipo con trayectoria política, que parecía haberse preparado la vida entera para la presidencia. Y termina ganándose el mote de Luis XXXII. “Porque es dos veces más boludo que Luis XVI”. De modo que la frase de Néstor podía tener otra formulación: “O hacemos historia o somos De La Rúa”. En algún duro momento de nuestras discrepancias estuve por escribirle algo que me guardé. Las “discrepancias” demoraron. Surgieron cuando él se lanza a copar el aparato duhaldista. A sacarle a Duhalde lo que hacía de él un hombre temible, poderoso. Lo que hacía de él Duhalde. Le diré:
-         Cuando le saques a Duhalde el aparato duhaldista, te vas a convertir en Duhalde. No llegaste para eso.
-         No, pero si no le saco el aparato, él me va a sacar a patadas en el culo de todas partes. Hasta de la Presidencia.
-         Vas a tener que hacer política de aparato. Política vieja, mafiosa, con personajes detestables. Habíamos hablado de otro tipo de política y de proyecto.
-         Para llegar a otro tipo de proyecto y de política tengo que liquidar a Duhalde. Para hacerlo tengo que presentarle batalla en su terreno y con sus métodos. Y hasta peores.
-         ¿Y si te quedas en eso?
-         No hay caso. No confiás en mí.
-         No confío en esa política. Te va a devorar. No vas a ser un boludo más porque de boludo no tenés nada. Pero no vas a hacer historia. Historia se hace cuando uno cambia las reglas de hacer política.   
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