lunes, 28 de noviembre de 2011

La era de la boludez (o periodismo leuquiano)

¿la gran del sel?

A Macri lo tienta Suar

El jefe porteño lo llamó para felicitarlo por sus críticas a CFK. La gran pelea que se viene con los gremios por el giro oficial.

“La señora Presidenta es muy polkiana. Es bonita y tiene fibra dramática, es recontra actriz.” (Adrián Suar)

—Te felicito, Chueco, fuiste muy valiente con tus críticas a la Presidenta.
—Gracias, Mauricio. Siento que me quedé corto, con más cosas para decir. Es que de verdad me parece violento ese estilo del dedito levantado: nunca me gustó.
—Me diste una alegría. Yo estaba medio desilusionado con vos porque no te jugabas, mirabas demasiado para otro lado.
—Me parece bien que el Gobierno controle, pero me da mucho miedo que diga: vos sí, vos no. ¿Dónde termina eso?


El miércoles 23, Mauricio Macri cortó su comunicación telefónica con Adrián Suar y les dijo a sus colaboradores más cercanos: “Ojo con Adrián, es un líder social, un empresario exitoso”. Marcos Peña, Miguel de Godoy e Iván Pavlovsky imaginaron un nuevo Miguel Del Sel, pero sólo se trató de una expresión de deseo. Las puertas del macrismo siempre están abiertas para este tipo de experimentos. Pero por ahora, Suar quiere seguir donde está, en la gerencia de programación de El Trece y al mando de su exitosa productora. Sus palabras habían rebotado fuerte porque atribuyó al kirchnerismo la responsabilidad de que la cosa se haya puesto “brava, que si no estás a favor del Gobierno, estás en contra”, después de confesar que tiene amigos con los que de estos temas “ya no se puede hablar”. Macri y Suar se prometieron ir a ver a Boca y dar la vuelta olímpica, y quedaron en comer juntos acompañados de sus bellísimas esposas. Dicen que están retirados pero, en sus momentos de soltería, juntos hicieron estragos en algunos corazones femeninos que navegaban por la noche porteña.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Gataflorismo atorrante


“La fiesta terminó”, “ajuste”, “tarifazo”, “noventismo”, “fondomonetarismo”…

El chiche nuevo de la prensa opositora es gritar a los cuatro vientos que el gobierno, finalmente, comienza a derrumbar su corte progresista. O, en su propia terminología, que “el relato” empieza a revelar su falacia. Pretenden hacerles creer a sus lectores (que seguro creerán) que ellos, los que desde hace años vienen avisando de La Gran Mentira Nacional y Popular, empiezan a tener razón: la ficción K inicia su debacle (¡a días de haber conseguido más de 12 millones de votos!). Pagni (quien tenía guardada la frase “la fiesta terminó” desde el 2008 y no dudó en creer que este era el mejor momento para lanzarla al ruedo) se animó, porque Pagni se anima a todo, a establecer un paralelo con los días siguientes al triunfo de CFK en 2007. ¿Qué pretendió con ese mamarracho de comparación? Lo mismo de siempre: escribir acerca de sus deseos: CFK caerá. 

A partir de la quita parcial de los subsidios los opinadores referentes del periodismo opositor están por demás de felices. Entendieron que este es el momento preciso para quitarle el polvo a palabras-pánico: “tarifazo”, “ajuste”, etc. Se desviven insistiendo en que no hay creerle al siempre tramposo y archipopulista gobierno: “¡esto es tarifazo!”, clama VDK. Lo paradójico es que son los mismos que apuraban al gobierno para que meta ajuste y ahora, en una atorranteada de puro gataflorismo, titulan pretendiendo aterrorizar con lo que antes apuraban. 

Lo que el periodismo opositor pretende decirle a sus malogrados lectores es que la gran puesta en escena que fue siempre el kirchnerismo (teoría estrella de Sarlo) comienza, ¡por fin!, a desenmascarase. Conclusión: “¡teníamos razón nosotros!”. Dominados por el deseo de ser los grandes reveladores de la Gran Mentira pergeñada por el gobierno nacional (¡ellos, los que vienen errando pronósticos desde el 2008 para acá!) caen en un juego de niños del tipo “leru leru ahora ajustan”. Reclamaban la quita de los subsidios y el ajuste (como medidas positivas y necesarias) y ahora corren por derecha al gobierno y azuzan el pánico de sus lectores. No hay caso: cuando se la meten chillan, cuando se la sacan lloran.  

Una mano siniestra


Los opinadores hablan y hablan acerca de “el relato oficial”: una suerte de engañapichanga que millones y millones deciden comprar en la completa ignorancia de su clara falsedad. 

El Relato siempre existió y existirá. El Relato es una mirada que se construye sobre los sucesos de la realidad, una lectura, una exégesis siempre subjetiva e interesada. ¿Qué hay de malo en eso? Cuando se falla en la lectura y a partir de ese error se fallará luego en las medidas consecuentes. Es difícil aventurarse a suponer que más de 12 millones de argentinos se hayan tragado el sapo de “el relato oficial”: estos sostienen cada día los opinadores del periodismo opositor. Éstos últimos, a su vez y aunque pretendan omitirlo, también son constructores y difusores de “un relato”: obviamente, uno que se lleva de los pelos con el oficial. La realidad, siempre cruel, hoy les sentencia en la cara que las mayorías han elegido el relato oficial y no el de los medios opositores. Recordemos el dato no menor de que los “de a pie”, la inmensa mayoría de la población, son los que viven el día a día en este país. Los opinadores-estrella, en definitiva una clase social alta montada en camionetas gigantes y almorzadores de Puerto Madero, convengamos, aportan una versión más bien principesca de la vida diaria en la Argentina. En fin.  

En la Argentina de otros tiempos también había relatos. Insisto: siempre hubo relato (“somos derechos y humanos” ¿recuerdan?). Hubo, durante muuuchos años, monopolio de relato. ¿Y quién, casi siempre, iba a la vanguardia de esos relatos únicos, unívocos, prácticamente incontestables? Sí, las empresas de medios más influyentes en la sociedad, las que más vendían, las que más lograban explayarse en la población consumidora de noticias. Es cierto, muchas veces hizo falta (76-83) conspiración, colaboración, “puesta en concordancia”, para otorgarle coherencia al relato (preguntale a Gelblung). 

¿Qué pasa hoy? Una mano siniestra se ha robado el relato de los sucesos de la realidad (pasada y presente). Y lo peor: esa misma mano se ha robado el gran poder de la verosimilitud del relato, es decir su eficacia (54%). Los otrora constructores y divulgadores de relato (porque “la historia la escriben los que ganan” desde la batalla de Caseros para acá) han sido asaltados de manera no sólo abrumadora sino, oh tragedia, ridícula. Hasta el día antes de las elecciones primarias los viejos dominadores del relato confiaban en vencer. Entonces ahí habló la realidad y los colocó en su debido sitio: el de los descreídos. 

La furia de la prensa hegemónica es porque ha sentido el robo de su hegemonía, es decir de la potestad para la construcción y divulgación de relatos monopólicamente. Lo peor que le podes hacer a un sector fundado en la noción de Poder es, precisamente, arrebatárselo; o, cuanto menos, menguárselo. 

Cuando tantos opinadores se la pasan día y noche atacando la falsedad de “el relato oficial” lo que están reclamando, subrepticiamente, es: “¡crean en nuestro relato, no en el de ellos!”. Y también: “¡¡nosotros siempre les dijimos la verdad, ellos no, nosotros somos periodistas, es decir somos buenos, sanos y cumplimos con nuestra sagrada tarea de comunicar lo que vemos, ellos no, ellos son políticos, es decir demagogos, feos y sucios, ellos pasarán, nosotros quedaremos!!”. Pero pocos hubo del otro lado, escuchando y creyendo. Esta es una de las grandes obras del llamado kirchnerismo y a éste debemos agradecérsela.        

viernes, 18 de noviembre de 2011

Aterrorícese: talibanes argentinos

La Cámpora llamó a dar “la vida por Cristina”

18/11/11
PorNicolás Winazki


La agrupación juvenil del oficialismo, La Cámpora, festejó ayer el día de la militancia con un acto en el microestadio de Ferro. Uno de sus jefes, Andrés “El Cuervo” Larroque, dio el discurso de cierre, una exaltación de los Kirchner. Tanto fue así que les pidió a sus jóvenes que den la “vida” por la presidenta Cristina. Textual: “Demos, literalmente, la vida por Cristina Kirchner”, dijo. Aclaró dos veces que hablaba de manera literal. Fue aplaudido. Larroque no dijo por qué los “camporistas” debían sacrificarse de tal modo.

Los jóvenes de La Cámpora no estuvieron acompañados por su líder, Máximo Kirchner, quien nunca dio un discurso frente a ellos. Sí estuvo, aunque silente, su hermana, Florencia.

En el escenario de Ferro acompañaba a Larroque el resto de la dirigencia de La Cámpora, como José Ottavis; y quienes forman parte de la gerencia de Aerolíneas Argentinas, su presidente, Mariano Recalde, y el vice, Eduardo “Wado” De Pedro. Había también funcionarios, ente otros, el jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga.

Larroque defendió la gestión de Recalde en Aerolíneas diciendo que sufría injustificados ataques y que no tenía sentido que se calculara si la empresa da o no rentabilidad debido a que conecta el territorio y la producción nacional. Y criticó a los diarios Perfil y La Nación. Antes del acto, se había pasado un video de archivo en el que Néstor Kirchner defendía a Aerolíneas y a sus gremios. Son los mismos sindicatos a los que hoy el Gobierno acusa de conspiradores.

Además de Larroque, habló el ex candidato a intendente de Mercedes, Juan Ustuarroz, medio hermano de De Pedro, quien hizo una defensa de los Kirchner. Y la pampeana María Luz Alonso.

Clarín no pudo entrar al sector de prensa del acto. Quien prohibió el paso, después de más de una hora y media de espera, fue Hernán Reibel, empleado de jerarquía de Aerolíneas Argentinas. Según fuentes de La Cámpora, se trata de, enviado de Máximo Kirchner a Buenos Aires, quien le pidió que tutelara los movimientos y contactos políticos de sus propios jefes juveniles K, así como si desconfiara de ellos.

sábado, 12 de noviembre de 2011

La Nación convoca y patrocina


 
Sábado 12 de noviembre de 2011

La necesaria unidad del campo

Ante planteos poco claros del Programa Estratégico Agroalimentario, es indispensable revivir la Comisión de Enlace


Cuando tomaron conocimiento de la resolución 125, que se proponía avanzar con mayores impuestos a las exportaciones, otorgándoles un carácter móvil de magnitud confiscatoria, los distintos sectores del campo no dudaron en unir sus fuerzas. Así se constituyó la Comisión de Enlace, que logró una unidad informal pero de una fuerza incontrastable, que el gobierno nacional trató de separar y dividir de mil maneras. 

El campo está representado por una gran cantidad de entidades que responden a finalidades específicas, pero ninguna de ellas con la representación, la tradición, el ejercicio en la defensa de sus genuinos intereses y su vigor a lo largo de todo el país como las cuatro integrantes de la Comisión de Enlace.

Cada una de ellas tiene características propias. Así, por ejemplo, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), una entidad de tercer grado, cobija 14 asociaciones de segundo grado constituidas a su vez por 310 sociedades rurales. La Federación Agraria, que celebrará el centenario de su fundación el año próximo, asume la defensa de medianos y pequeños productores que ejerce con innumerables delegaciones, mientras que la tradicional Sociedad Rural Argentina es conocida por sus múltiples actividades de representación aquí y en el mundo. Finalmente, Coninagro, la más joven, fundada en 1958 por la fusión de Sancor y la Asociación de Cooperativas Argentinas, tiene su mayor fortaleza en el sector cooperativo y representa a decenas de miles de empresas de todo tamaño.

Los logros de estas cuatro entidades madre reunidas en la Comisión de Enlace han mostrado, como lo expresa el antiguo adagio, que "la unión hace la fuerza". Ahora, a tres años de aquella gesta defensora del campo, la Comisión de Enlace parece haber perdido la indomable fuerza que le dio vida, situación que se puede explicar tanto por las diferencias de intereses que representa cada institución como por la persistente acción del gobierno nacional en procura de dividir a la Comisión para restarle esas fuerzas. Conviene, asimismo, recordar la existencia de los autoconvocados, quienes periódicamente se muestran decididos a retornar a la defensa de sus ideales e intereses, coincidentes a su modo con los de la Comisión de Enlace.

De acuerdo con las proyecciones del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial, denominado PEA, anunciado por el gobierno nacional en mayo pasado, deben estimarse grandes crecimientos de las cosechas de cereales y oleaginosas, al igual que de producción y exportación de carnes y otros rubros con sus aditamentos industriales, lo cual generaría en 2020 unos cien mil millones de dólares anuales al país y demostraría una vez más la capacidad productiva y la competitividad del agro nacional. Esos resultados deberán, sin embargo, ser alcanzados mediante políticas agrícolas que no han sido puestas en conocimiento público ni enumeradas claramente en el PEA.

Esas metas y esos reconocimientos implícitos no parecen cercanos, a la luz de la continuidad de las decisiones sobre los cultivos de trigo y maíz, ni tampoco en materia de carnes vacunas, objeto reiterado de intervención estatal.

En tal escenario, resulta indispensable revivir la unidad de la Comisión de Enlace, dejando de lado diferencias menores, para fortalecer los pilares sobre los que se fundaron las actividades del pasado inmediato. Es necesario recordar que tanto el campo como sus industrias son las únicas actividades presentes a lo largo y a lo ancho del país, generando producción, empleo y exportaciones.

Sus peticiones, lejos de ser mezquinas y sectoriales, son legítimas expresiones destinadas a evitar que los gobiernos se apoderen groseramente de sus ingresos por la vía de impuestos a sus exportaciones..

lunes, 7 de noviembre de 2011

Recrea, recrea que algo quedará

Pasa el tiempo y ya quedan escasas dudas de que el desenvolvimiento del diario Clarín (y de todo el Grupo) desde 2008 hasta no sabemos aún cuánto tiempo más será recordado en la historia del periodismo argentino como su página más sucia y vil desde la fundación de La Gazeta de Mariano Moreno. La página más negra, sabemos, fue la de este mismo diario más otros tantos, durante el período 76-83. 

Los límites éticos desaparecieron. Lo cual da a pensar en una clara actitud de desesperación. Por ejemplo ayer domingo.

La psicopatía de Van der Kooy, esa obstinación por desplazarse en una realidad paralela, ya no dista de la de aquel boxeador que extenuadísimo, repleto de golpes y nublada la visión continúa en su empeño débil de seguir tirando golpes a la nada. Grogui y abatido Van der Kooy postergó el sano ejercicio de la profesión porque sólo piensa en la defensa de la trinchera que tanto le habrá costado granjearse. 

Todo esto que escribo pasaría a ser una inutilidad completa si el tipo aparece y acepta estar escribiendo sólo para unos pocos odiadores incurables, adictos a las construcciones  fabuladas de los sucesos de la realidad, gorilas de fino pelaje o empresarios nostálgicos de épocas pasadas. O directamente lectores ignorantes y deseosos de engordar el odio de cada día a la hora de decirle al del kiosko de diarios “¡dame un Clarín!”.

Bajo el título El gobierno agrava sus problemas (¡a dos semanas de haber recibido casi 12 millones de votos!) el tipo se manda, nomás para empezar, a “reconstruir” una escena privada entre la Presidenta, Zannini, Boudou y Marcó del Pont, “una durísima discusión”, escribe. O VDK tiene microfoneado el despacho presidencial, o uno de los asistentes buchoneó, o… ¡sí, adivinó! o es una trampera para pajaritos previamente anestesiados. La cosa es que el tipo se la juega y la tira, total… alguien va a caer (y me consta que caen). La poca credibilidad que aún conservan muchos escribidores de la prensa opositora viene a destrozar las lógicas de la estadística: desde marzo de 2008 no acertaron prácticamente ninguna predicción política-económica. Y si el tipo se la juega y tira la “reconstrucción” de la escena privada (¡con mini diálogo entre CFK y MDP incluido!) es porque supone que “del otro lado” hay –todavía- interlocutores. Y seguramente que los hay. Porque, ya sabemos, hay gente para todo. 

Tipos como VDK o como JMS (por citar dos de los que más están entregando el pellejo en defensa de las empresas de sus jefes) continúan haciendo el periodismo de hace décadas. El lector de diarios en los noventa se deleitaba abriendo Clarín o La Nación para enterarse de esos chismes privadísimos –y muy pintorescos- del entonces menemismo. El lector –por sugerencia adrede del escribidor- daba por hecho, sobreestimaba y sobrevaluaba la alta capacidad de influencia de semejantes apellidos, súmmum del quehacer periodístico. Se escuchaba entonces: “El tipo dice lo que dice porque tiene informantes en todos lados”; “si el tipo lo escribe es porque es así”; “periodistas de este nivel siempre tienen datos posta”. 

Esta manera de “opinar reconstruyendo” o de “reconstruir opinando” hoy nos dice otra cosa muy distinta que años ha. Es cierto que los tipos no son cronistas, son opinadores y cada cual con su opinión. La singularidad actual es que todos estos opinadores han quedado de espaldas a la realidad, de espaldas a la mayoría. Es este “estar de espaldas” contundente y alevoso lo que los arrima más a Julio Verne que al periodismo, aún al periodismo disidente (siempre legítimo). Han quedado defendiendo sus deseos, sus intereses, el mundo módico que les convendría sólo a ellos. Cuando uno los lee da toda la sensación de que el único hábitat en el que se desplazan es la redacción de sus diarios. Lo loco de todo esto es que para que los deseos de estos opinadores se cumplan y satisfagan el país, la Argentina, debería hundirse. Más loco aún es que la Argentina que uno lee en sus opiniones ¡es una Argentina devastada! 

Con todo lo dicho estoy lejos de proponer que estos opinadores se pongan, de repente, a amar al gobierno. No. Pero sí, por lo menos, que sean menos arteros, menos impostores en sus lecturas de los hechos, menos endogámicos, menos corporativos. Apenas un poquito menos. Ya vieron probadas que aquellas viejas e insanas costumbres de hacer rumbear las políticas del país desde una redacción ya no corren más (y no correrán por lo menos por cuatro años más). Ya que son y serán siempre liberales de buen pelaje ¿por qué no, entonces, darle al oficio un poco de aire de libertad? ¿Por qué no, por caso, imitar al Gato Sylvestre quien tarde pero seguro huyó para cazar sus propios ratones?

domingo, 6 de noviembre de 2011

Los arbolitos y el bosque. Por Mario Wainfeld.


Los arbolitos no dejan ver el bosque. No es novedad en las percepciones sociales y humanas, por eso la versión clásica del proverbio tiene siglos. El fenómeno se acentúa en esta comarca del Sur porque hay jugadores fuertes que hacen todo lo posible para que los arbolitos obturen la visual.

Buscan ventajas, especulativas o políticas, o ambas. Cuentan con dinero y con el aval de medios importantes. El diario La Nación acumula títulos de tapa falsos, que contradicen incluso el texto de las notas que, supuestamente, le dan sustento. Se exagera el alcance de las medidas de control fiscal sobre la compra de dólares, se macanea diciendo que será necesario informar su destino. No se trata de discutir la línea editorial de la tribuna de doctrina, siempre más antagónica a regulaciones económicas que al terrorismo de Estado. Son posturas criticables, más vale, pero son posturas... Se habla de distorsión informativa, a secas.

Una lectura minuciosa de los diarios de esta semana muestra un fenómeno casi asombroso. Los diarios de negocios, sesgados a derecha por definición, son más rigurosos y moderados que los dos dueños de Papel Prensa. Acaso los morigere un mínimo contrato con sus lectores, algo tienen que asesorarlos. Los grandes medios, a su vez, perseveran en su rol de vanguardia de la oposición.

Actores menos visibles, aunque es fácil imaginar quiénes son, llenan la city de rumores. El viernes, al cierre de la operatoria bancaria, las fantasías apocalípticas recorrían las conspicuas “cuarenta manzanas”. El cronista cavila entre reseñar los tópicos de esa “carne podrida” o callarlos para no darles aire. Opta (jamás del todo convencido) por esto último pero dejando constancia: si los grandes diarios ponen en tapa inexactitudes flagrantes qué no dirán, en un pseudoanonimato, sus operadores financieros.

Sigue acá.
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