miércoles, 28 de diciembre de 2011

El puñal en la espalda. Por José Pablo Feinmann


Uno publica un libro y suceden estas cosas. Hay que empujar la venta con una serie de entrevistas que la editorial estipula. Habitualmente son muchas y la mayoría no exactamente con periodistas con los que se pueda mantener un diálogo alejado del esquema binario y ya salvaje de la sociedad argentina. Que es el siguiente: lo K y lo anti-K. O el “oficialismo” y la “oposición”. Llevamos años sin poder salir del brete en que el pensar ha sido atrapado, sofocado. Y hasta eliminado. Todo esto tiene su espacio de exaltación en Internet, el mundo de lo simple, de lo esquemático. Todo se reduce a si uno es “K” o “anti-K”. O el otro modelo binario mencionado. Pero uno creció y pensó en medio de otros condicionamientos u otras convicciones. Cree en la posibilidad del diálogo democrático. Al menos yo –y otros pensadores que conozco– creo que las palabras pueden y deben llevar más allá de sí mismas y constituir la posibilidad de un intercambio de ideas que alimente y constituya una sociedad democrática.

No es así. Mi pequeña esperanza era que –luego del contundente triunfo de Cristina Fernández en las últimas elecciones– la “oposición” revisara sus modos de operar. Si uno tiene un jefe de marketing que le diseña una campaña para el año 2011 y esa campaña conduce a un resultado calamitoso, lo lamenta. Pero decide darle una nueva oportunidad. El hombre (conjetura) es un profesional y sabe hacer su trabajo. Le pide un plan operativo para el año 2012. Si el eficiente profesional le trae el mismo, si le trae el del 2011, uno lo mira atónito: “Pero, ¿qué me trae? ¿A usted tengo que decirle que con esto nos fue horrorosamente mal?”. “Sí, pero no se me ocurre otro.” “Bueno, está despedido.” Así, uno había llegado a pensar en una inevitable autocrítica de la “oposición” que llevara sus planteos a otras esferas que no fueran las del agravio, la denuncia sin fundamentos o la agobiante repetición de las recetas neoliberales. Parte de esos planteos era que los agravios no eran de ellos sino de los otros. Que los crispados estaban enfrente. Que todo lo malo, lo antirrepublicano, lo turbio y lo antidemocrático estaba enfrente. Todo enfrente, más allá, en la “otra parte” del espacio político. Perdieron. Pero no sólo “perdieron”. Perdieron pavorosamente. Habitualmente –cuando la gente razona– estos cataclismos sirven para revisar errores y cambiar rumbos. No fue así.

Me veo compelido a escribir estas líneas por las incómodas e inusitadas reacciones que tuvo una nota que me hicieron en el diario La Nación. Mis palabras fueron tan distorsionadas (sobre todo en la edición para Internet de la nota) que pareciera he pasado a ser el líder ideológico de la “oposición”. Lamento quitarles el trabajo a Morales Solá o Grondona. Como un vértigo, se acumularon en mi contestador telefónico invitaciones que había dejado de recibir a fuerza de negarme a aceptarlas. De algunos que me llamaron “alcahuete del poder” en Perfil, medio en que cualquiera puede escribir cualquier bajeza sobre mí, desde un conservador hasta un “revolucionario” que, sencillamente, razonó por medio de conceptos como “tilingo” y “pelotudo”, cosas que vendría a ser yo, o agravios aún peores en la revista Noticias, donde también se me puede insultar con entera libertad, para eso es que, en ese medio, se encarna el “periodismo libre”. Pero lo de La Nación no lo esperaba.

La cosa es así: te llaman, te adulan, dicen que te quieren, que han leído toda tu obra y hasta te dicen que sos un genio. Uno, que, más que un genio, es un tonto que cree en la posibilidad de romper el esquema binario y abrirse a un diálogo amplio, democrático, que posibilite un país más armónico y menos esquizofrénico, menos bélico, acepta, va y dialoga. Ricardo Carpena, el periodista, es agradable. El fotógrafo es un joven que ha hecho cursos conmigo y hasta me pide que le firme un libro. El ambiente es agradable. Empieza el reportaje. Han logrado algo importante: que uno se afloje, que se sienta cómodo, que suelte un poco o bastante la lengua. Nos despedimos. Todo –hasta el momento– bien.

La nota sale en dos partes: en el diario y en Internet. La del diario empieza mal. Expresa la esperanza de que no me condenen al exilio de los que se atreven a pensar distinto. O sea, en el mundo “K”, al que piensa “distinto” (no se aclara qué es “pensar distinto”) lo mandan al exilio. Expresa el deseo de que “los kirchneristas” no me “trituren” por haber expresado ideas diferenciadas del “relato oficial”. Es decir, en el mundo “K” hay un “relato oficial” (no se dice cuál es). Si uno piensa distinto de él es “triturado”. Nada menos. Pero no quiero caer sobre el entrevistador porque puedo comprenderlo. Su trato fue muy amable. No puedo pretender que piense como yo si está en La Nación. Es parte del disenso democrático que acepte sus puntos de vista y hasta algunas de sus trampas, que tal vez ya le broten solas. El problema surgió cuando –no lo pueden evitar– encaró el tema de la corrupción. Viejo tema golpista que jamás estuvo ausente del clima propiciatorio de toda alteración del orden constitucional. Dije, amablemente dije: “Hay que hacer una verificación final de eso”. Dije que con Menem había decenas de causas abiertas y hasta presos por corrupción, ¿por qué no hacían eso con los políticos kirchneristas? Si era tan evidente, ¿por qué no lo demostraban? El periodista insiste. Pregunta si no me sorprende “el vertiginoso y enorme aumento patrimonial de los Kirchner”. Pese a que este tema me irrita profundamente. Pese a que me resulta casi increíble que los que se robaron el país en el siglo XIX, los que liquidaron a sangre y fuego las provincias federales luego de Pavón, los que son corresponsables de la matanza de medio millón de paraguayos (¿en el relato oficial de La Nación figura esto?; y si no, ¿permitirían decirlo? o ¿permitirían decir que Sarmiento –nuestro Mariscal Bugeaud, junto con Mitre– aconsejó “Si Sandes va, déjenlo ir. Si mata gente, cállense la boca”?, citado por el gran José Luis Busaniche –que de revisionista, nada– en su Historia Argentina, Hachette, p. 727), los que se enriquecieron con los campos que Roca, luego de su campaña, les cedió, hablen del “vertiginoso y enorme aumento patrimonial de los Kirchner”, pese a todo esto, dije “Habría que hacer un muy buen análisis de cómo creció ese patrimonio”. Y si fui cauto, si mi firmeza no fue la deseada por los cuadros “K” es porque el tema de la sola sospecha o acusación de corrupción en un gobierno popular me desquicia. De aquí que (viniendo de un largo razonamiento que había empezado con la condición de hacer “un muy buen análisis” del bendito tema del patrimonio) haya concluido diciendo la consecuencia lógica que se produciría si eso fuera verdad: “Porque es muy incómodo adherir a un gobierno de dos gobernantes multimillonarios que están comandando un gobierno popular, nacional y democrático”. Ahí cavé mi tumba. Porque Canepa tituló moderadamente su nota: “Si gobierna Moyano, van a ver lo que es el autoritarismo peronista”. Pero La Nación tiene el “policía malo”. No el que te recibe en el lujoso edificio y te habla como un caballero. No, el otro. El que está agazapado en Internet y cambia el copete y altera la nota extrayendo frases de contexto. Le pasó, antes que a mí, a Horacio González. Y, en menor medida, a Ricardo Forster y a Jorge Coscia. El título de Internet fue escandaloso: “Feinmann: Es muy incómodo adherir a un gobierno de dos gobernantes multimillonarios que están comandando un gobierno popular, nacional y democrático”. Lo que más se lee es la versión de la web. Ese día me convertí en un aliado de la “oposición”, de los “anti-K”. Para ser breve: agradezco a todos los referentes mediáticos de la derecha su interés en mi persona. Pero –más allá del copete artero, de la puñalada en la espalda que implicó el “armado” que hizo La Nación de mi nota en Internet– yo sigo pensando lo siguiente: 1) Esta necia obstinación nos condena a todos a seguir en el pensamiento binario; 2) Jamás aceptaré un reportaje en La Nación. Más por la versión web que por el diario y algunos de sus periodistas; 3) Voté por Cristina Kirchner y adhiero a su Gobierno; 4) No acepto ser definido como “kirchnerista” porque sería validar el esquema binario con que se piensa (mal) la política argentina: lo K y lo no K; 5) Soy un escritor de izquierda ligado a la lucha por los derechos humanos; 6) Apoyo el Mercosur; 7) Rechazo el Consenso de Washington y los diez puntos del economista neoliberal John Williamson; 8) Apoyo una economía proteccionista, que defienda el mercado interno, que instaure una nación con industrias pequeñas y medianas que produzcan y trabajadores que consuman; 9) Si se puede fabricar aquí, no hay que importar ni un solo clavo, como bien dijo CFK; 10) Todos los que participaron activamente del gobierno desaparecedor deben ser juzgados; 11) Los delitos de lesa humanidad son solamente los cometidos desde la esfera del Estado y no prescriben; 12) Contra la delincuencia (creada sobre todo durante la década del ’90 por los que ahora piden seguridad porque se volvieron ricos ahí, en medio de esa bacanal de la corrupción) se lucha creando fuentes de trabajo y escuelas; después, con un sistema carcelario humano, para integrar a los que se extraviaron y no para hacinarlos en la indignidad y la violencia entre pares de desdicha; 12) El sistema binario –en que insisten los medios que impulsaron el protogolpe del 2008– imposibilita el diálogo democrático; 13) Creo en la lucha antimonopólica. Creo –como Adam Smith– que los monopolios enferman el mercado, son sus tumores, son antidemocráticos y sofocan el surgimiento de voces diversas; 14) Creo en el buen periodismo: el que expresa la libertad de quienes lo hacen y no la de las empresas; 15) Creo en la escritura. En la buena prosa. Creo en muchísimas otras causas. Y no creo en la TVVómito. Creo que esa TV es funcional a las lacras más profundas del país porque idiotiza a los ciudadanos en lugar de reclamarles lucidez. Creo que cualquiera puede entender cualquier cosa, cualquier idea o un buen espectáculo, por complejos que sean. Creo que estuve confiado, ingenuo y hasta algo bobo en el reportaje de La Nación. Le puede pasar a cualquiera. Hay algo que no me va a pasar. Desde hace cuarenta años estoy en la misma vereda. No solo, sino con algunos de mis más grandes amigos. Siempre que me busquen búsquenme ahí. Ahí voy a estar.

Nota aquí.

lunes, 26 de diciembre de 2011

El Hollywood de Kova


Acaso resulte sorprendente, pero a esta altura de los hechos ya no es inverosímil. Muchos estiman que, por el camino que vamos, una madre, en diciembre del año 2015, podría ungir a su hijo como presidente de la Nación. Los Kirchner no están solos en el afán de construir una dinastía familiar. Los Moyano, en ese sentido, no aspiran a menos aunque, por el momento, se los vea rezagados. La pronunciada agonía de los partidos encuentra, en esta primacía política de la sangre, su diagnóstico más sombrío. Si una hija puede proceder como lo hizo Florencia Kirchner el pasado 10 de diciembre y si una viuda puede lo que pudo Cristina Fernández al homologar el nombre de su difunto esposo a los valores supremos del Estado por los cuales decidió jurar como mandataria, es porque ya estamos incursionando en una nueva (o muy vieja) concepción del poder.

También en este sentido el llamado cristinismo se quiere como una etapa superadora del justicialismo. Perón no vaciló en entregarle el poder a su inefable segunda esposa mientras consagraba al pueblo como su único heredero. Un cóctel ciertamente explosivo. Los Kirchner llegaron más lejos y, a lo que todo indica, aún más lejos quisieran llegar.......

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La moralidad for export de A. Abós


El escritor argentino Álvaro Abós escribió una nota para el diario El País titulada “Messi, el argentino diferente”. Destaquemos algunos pasajes.

Para empezar no hay mejor que el inicio:

Messi es el argentino distinto. Si un argentino es un italiano que habla la lengua de Castilla, Messi es de los argentinos que podrían ser ingleses u holandeses. Es difícil delinear estos rasgos sin caer en los prejuicios o los clichés. Desde ese punto de vista, un argentino (o quizás habría que decir un porteño) de caricatura es un tipo prepotente, malevo, llorón, astuto, tramposo y gritón.

“Es difícil no caer en prejuicios o clichés” escribe Abós y, acto seguido, se sumerge en ellos sin ningún rubor. El cliché del porteño (aunque Abós piensa en “argentino”; se da cuenta y ahí mete paréntesis) pareciera no contener ningún rasgo de corte positivo. Aunque no se especifican motivos “ingleses u holandeses” parecieran connotar todo lo contrario. De hecho, Messi es “el argentino diferente” porque podría pasar por inglés y holandés: es decir por poseer poca de la nociva “argentinidad”. 

En el siguiente párrafo los mejores valores humanos según Abós:

En cambio, Messi es un argentino tranquilo, voluntarioso, comedido, silencioso y digno, humilde y sereno.

¿Tenemos que pensar que Messi es “el argentino diferente” por ser poseedor de estos atributos (que, de hecho, los posee)? ¿Tenemos que pensar que “el argentino” de Abós carece de estos atributos? ¿Tenemos que pensar que estas son las virtudes inglesas u holandesas? ¿Tenemos que creer, en definitiva, que estos atributos son los mejores que pudiera encarnar el ser humano? 

Abós opone “prepotente, malevo, llorón, astuto, tramposo, gritón” (“su” argentino) a “tranquilo, voluntarioso, comedido, silencioso, digno, humilde, sereno” (“su”… ¿Messi? ¿Inglés, holandés?). 

Sigamos. 

Cada vez habrá menos maradonas y más messis porque los alevines que hoy descubre un ojeador de cracks son pulidos en fábricas como La Masia. Maradona, el salvaje, el loco, el imprevisible, sería hoy resocializado. Ya no hay lugar para los locos. Es cierto que esta transformación, la que va del futbolista en bruto al crack mediático de hoy, no es nueva, pues ya Jorge Valdano, contemporáneo de Maradona, se acerca, por su discreción, más a Messi que a Maradona.

Los adjetivos de Abós vuelven a dibujar “su” mapa moral. Maradona: “salvaje, loco, imprevisible”; Valdano: “discreción”. 

Barcelona y Nápoles son ciudades de gran cercanía geográfica, pero de índole bien distinta. La primera es ciudad del orden y la opulencia, de la armonía urbana. La segunda es ciudad de pasiones y desenfreno: bajo el desquiciado imperio berlusconiano, vive su total decadencia y yace aplastada por los detritus. Maradona, que fracasó en Barcelona, triunfó en Nápoles, donde es y será ídolo. Messi empezó a jugar en el Newell's Old Boys, club que fundó en 1903 el maestro inglés Isaac Newell's, pero se convirtió en Messi en el Fútbol Club Barcelona, fundado por el suizo Hans Gamper en 1899.

En el lombrosianismo social y urbano que dibuja Abós Barcelona y Nápoles se enfrentan. Barcelona: “orden, opulencia, armonía”; Nápoles: “pasión, desenfreno, desquicio, decadente”. Aunque se guarde de decirlo explícitamente para Abós estas dos ciudades “explican” (a la vez que oponen) a Messi y a Maradona. Todo es parejito y justo en el mapa moral de quien escribe. Además de las ciudades también los nombres propios y sus correspondientes nacionalidades “explican la diferencia” de Messi (oponiéndolo a Maradona). Newell’s fundado por un inglés y BCN por un suizo. Las razas y las banderas, para Abós, son claves para explicar las virtudes humanas. 

Maradona vio la luz en el Policlínico Evita, de Lanús, y se crió en humilde barrio Fiorito. Estos lugares son el corazón de la inmensa red urbana porteña que con diez millones de habitantes, muchos de ellos hacinados en barracas, asfixia la moderna Buenos Aires. En Fiorito, hasta el último yuyo es peronista. Por eso, los Kirchner usaron a Maradona (con su activo consentimiento) en la frustrada aventura de hacer del fútbol bastión del clientelismo político. Lo opuesto es la asepsia de Messi, que, protegido por la red institucional del Barça y la inteligencia de Guardiola, permanece ajeno a esos barros.

Otra vez el lombrosianismo de Abós: Maradona nació en un lugar miserable cuya miserabilidad “asfixia la moderna Buenos Aires”: civilización y barbarie. Y “peronismo”, que Abís cuida de referir en una oración aparte, lo que le da pie para arremeter contra sus odiados K en una liaison tan caprichosa como oportunista. Otra vez, también, la adjetivación moral: la “asepsia” de Messi (contra el infecto Policlínico Evita que vio nacer a Maradona). 

Las Heras, donde nació Messi, está muy lejos de Fiorito. Las Heras es un barrio de clase media al sur de Rosario. Ambas ciudades son muy distintas. Buenos Aires es el gigantesco Goliat tumultuoso e ingobernable. Rosario, ciudad crecida como quien no quiere la cosa a orillas del gran río Paraná, es más apacible (…) Esa modestia urbana ha tenido su expresión política: Rosario es gobernada hace muchos años por alcaldes socialistas, sin que el peronismo extravertido y confuso pueda entrar a ese feudo.

Sigue Lombroso: “Las Heras vs Fiorito” (clase media vs clase baja). Otra vez, también, los lugares y sus adjetivos: Bs As, “tumultuosa, ingobernable”; Rosario, “modesta”. Además: “socialismo” vs “peronismo” (“extravertido, confuso”). El anti peronismo de Abós, por todos conocido, no puede quedar afuera ni siquiera de ¡un texto sobre Messi! 

Lo que sigue del texto de Abós carece de mayor interés. Lo interesante es ver cómo el escritor traza su tejido moral: El Bien (todos los adjetivos mencionados+ Messi + BCN + Rosario + socialistas + Las Heras + clase media + ingleses + holandeses) y El Mal: (los adjetivos mencionados + Maradona +Nápoles + Fiorito + clase baja + peronismo + porteños + Policlínico Evita + los Kirchner). 

Difícil hallar un lugar más apropiado para un texto como el de Abós que el diario El País.

Mauricio Alonso.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Tristeza não tem fim




GOD SAVE THE QUEEN

(...) La monarquía como sistema de gobierno tuvo su fundamento original en la metafísica. Designios sobrenaturales daban al monarca su aura divina. El poder que concentra hoy Cristina Kirchner es lo más parecido al de una monarquía absoluta, mucho mayor que el de los reyes actuales que sólo reinan; nuestra Presidenta, además, gobierna. El agudo analista de la revista Noticias, James Nielsen, quien siendo inglés conoce de monarquías, escribió que la Argentina es más monárquica que Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Suecia o España, porque lo es de una monarquía absoluta y no meramente de las decorativas, como son las actuales en Europa. Escribió también que el absolutismo es un rasgo argentino permanente, porque ya sea con dictadura tras los distintos golpes militares o con presidentes electos democráticamente, hay una tendencia a que el poder se concentre en una persona y la división de poderes no sea tan valorada (...)


(...) Durante la campaña, Alfonsín decía que si fuera electo no tendría problemas con Moyano porque la economía permitía seguir aumentando los sueldos. Los ciudadanos, conscientes de que allí había un problema, votaron por Cristina Kirchner para que el mismo gobierno que desarrolló el modelo sea quien lo repare, y así no repetir experiencias pasadas (...)


JMS ANALIZA BESOS Y "ENDEREZA" FRASES


(...) Si algo hay que agradecerle a Cristina Kirchner es su sinceridad. Ante el pleno del Congreso explayó sus fobias más que sus simpatías (..)

(...) La Presidenta inauguró su segundo mandato fortaleciendo el ala más dura y populista de su administración(...)

(...) La jefa de la conducción económica soy yo , notificó al Parlamento la Presidenta, aunque usó una frase más indirecta. Por una razón o por otra, una novedad de ayer es que Boudou abandonó cualquier influencia en la futura administración de la economía. Dentro del estilo presidencial, la notificación vino también con el gesto: no le dio un beso a Boudou cuando éste la recibió en el Congreso. El esquivo beso presidencial fue para pocos y precisos destinatarios (...)

TRAS MÁS DE 50 AÑOS MG SIGUE VIENDO TIRANÍAS
 
(...) Hasta ahora hemos hablado, para tipificar el mando de Cristina, del concepto clásico de "absolutismo", entendido como el sistema en el cual una persona no admite controles "fuera" de ella, ya sea en el Congreso, entre los jueces, o en la opinión pública. Pero también habría que hablar de otro absolutismo, el absolutismo interior , mediante el cual el gobernante absoluto confina a sus propios colaboradores al rol de meros ejecutores de sus órdenes, sin que ellos se atrevan ni siquiera a aconsejarlo o, menos aún, a disentir en la intimidad con sus decisiones. Por supuesto, no conocemos los debates que podrían rodear a Cristina en la intimidad porque otra de las características del absolutismo es el hermetismo. Valga como presunción, empero, lo que acaba de revelar el "episodio Boudou". ¿Qué libertad de opinión podrían conservar los ministros y los secretarios de Estado si se sienten vigilados? (...)
(La Nación, MG)

KIRSCHBAUM SATIVA
 
(...) A partir de hoy, primer día efectivo de su segundo mandato luego de los fastos de la reasunción, Cristina Kirchner deberá dedicar una parte de sus desvelos a imaginar su continuidad o su sucesión . No tiene alternativas legales: la Constitución le cierra las puertas a un nuevo período, cláusula a la que ayudó a nacer en Santa Fe(...)

(...) O una carta más fuerte, coherente con su modo de entender el poder, y postular a su hijo Máximo para el 2015 . Es su consejero más influyente, el único que puede modificar sus decisiones o imponer otros criterios o nombres, el que veta candidatos o pone a parir a personajes como Boudou. Si su hija Florencia le puso la banda presidencial, Máximo puede aspirar a continuar con la dinastía en el poder . Todo quedaría en familia(...)
(Clarin, RK)
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