jueves, 23 de febrero de 2012

Periodismo de fogueo


Vamos viendo cómo algunos medios (los sospechosos de siempre) comienzan a exteriorizar un interrogante que se les convierte en dilema: ¿cómo es posible que al Gobierno Nacional no le "entren las balas", es decir las denuncias que día tras día germinan en los medios opositores?

Antes que nada: era hora de que se hagan explícitamente esta pregunta. Pregunta que, por si hiciera falta aclararlo, esconde un claro deseo: que "las balas" entren. No sólo que entren: que hieran, si es de muerte mucho mejor.

Veamos un amague de respuesta por parte de Fontevecchia... ese payador ilustrado de Perfil:

"En gran parte, eso sucede por efecto de la repetición de las denuncias, que actúa como antídoto del mismo veneno, o como la fuerza del otro que el yudoca utiliza en su propio beneficio para devolver el golpe sin consumir su energía".

Según Fonte el Gobierno troca denuncias hacia sí en victimización que acaba por "hacer creer a la audiencia" que los medios practican un cruel ensañamiento. Es más, llega a la conclusión (junto al inestimable apoyo de Eliseo Verón) de que no hay nada mejor para el Gobierno que ser destinatario de todas las denuncias que sean posibles volcarles.  “La Presidenta precisa desesperadamente que los medios hablen mal de ella, necesita sentirse atacada para operar", piensa Verón y con éste -como nos tiene acostumbrados- Fontevecchia. Tal es la iluminada hipótesis del ceo de Perfil. Finalmente, pronostica "los bellos tiempos" que él asegura llegarán:

"Pero el día que su romance con la sociedad se reduzca sólo a una minoría de ella, volverá a ver cómo “nadie resiste ‘tres tapas’ de Clarín”. Ese será el mejor indicador de que sus superpoderes se han ido. El día que una sola denuncia atraviese su escudo protector y le haga mella, detrás de ella entrarán todas las noticias acumuladas".

Luego llega el turno LuisMa en La Nación. Éste, siempre mucho más afecto a la obediencia de sus propios deseos (es decir al surrealismo periodístico), titula ¿Empiezan a "entrar las balas"? El planteo de LuisMa es bastante similar al del payador de Perfil aunque, como él es distinto a todos, sus conclusiones difieren.

"Hay que decirlo aunque moleste: este tipo de causas son tomadas con cierta frivolidad por una buena parte de la sociedad, impregnada de un "clima de época" dominado por los feriados de Carnaval, el Fútbol para Todos y cierta capacidad de consumo que hoy envidiarían en Grecia o España. Sin embargo, asuntos como éste podrían transformarse, de un día para el otro, en las razones del malhumor colectivo, como sucedió con la figura de Carlos Menem después del efecto tequila. Y no sólo eso: también colocarían en crisis el núcleo del relato que todos los días repiten, a través del enorme aparato de difusión oficial y paraoficial, periodistas militantes, filósofos e intelectuales kirchneristas".

Esta es una línea muy difundida por estos días. La que dice, sin animarse a decirlo por carencia de agallas: las balas no entran porque la mayoría de la sociedad argentina no piensa, menos aún si está narcotizada como lo está hoy por el fobal, los corsos, los feriados y el consumo desenfrenado. Ergo: "sólo unos pocos poseemos la fortuna de pensar y hacerlo bien, como corresponde". Estamos hablando de la arquetípica mirada garca de cualquier posición de derecha: Civilización (Nosotros) vs Barbarie (Ellos). Conlcusión: que LuisMa escriba en La Nación -como Pepe, como Leuquito- es un gran acto de justicia. Ahora Lanata en Clarín... es algo más complejo.

Muchachos: las balas no entran porque están pensando y escribiendo alejados de la calle, de la gente de a pie. Porque para ustedes el mundo es el pedazo de redacción que caminan. Porque se creen que la Realidad es la que construyen en las sobremesas de los restaurants. Las balas no entran porque estan encapsulados en la ira que inflan día a día consumiendo, a su vez, la ira de sus colegas. Porque el denucismo patológico que practican es alevoso en su saña y premeditación. Se oponen a cualquier pavada que se les pase por delante sólo por venir del Gobierno Nacional. Las balas no entran porque se quedaron durmiendo en el periodismo de los 90 (Bazán gritando ¡cianuro, cianuro! creyéndose el Robin Hood del periodismo independiente), ese periodismo que todo lo hace pasar por el filtro del espectáculo, de la puesta en escena vil, prediseñada. Las balas no entran porque el kirchnerismo les sacó la toalla y los dejó en bolas (obvio que el kirchnerismo vio que ahí tenía las de ganar; sin embargo asumió todos los riesgos aún cuando la tenía bien fiera). Por eso odian al kirchnersimo y lo odiaran por siempre. Por eso Lanata ahora se tiene que fumar un Club de Fans que es el mismo que en sus épocas de gloria lo detestaba: esa derecha clasemediera que se quema en la queja y la discriminación. Las balas no entran porque las últimas elecciones presidenciales dejaron demostrado que son pronosticadores falaces y corporativistas disfrazados de periodistas independientes (independencia en la que ya pocos creen). Las balas no entran porque se empeñan en hacer creer que todo lo que venga del Gobierno Nacional es una impostura, una actuación para aquellos a los que ustedes consideran no pensantes y corrompibles. Todo, absolutamente todo, lo someten a sospecha. No dudan en asegurar que todos los jueces están comprados (¿y las cautelares a Ley de Medios? ¿y Papel Prensa?). Las balas no entran porque casi todos ustedes se han construido en periodistas que de tan profesionales no saben entender lo que acontece en las veredas, en los barrios, en las fábricas; en fin, porque se han aburguesado hasta la carencia casi total de representatividad; hacen peridosimo de clase, de la peor clase, aquella insolidaria clase media que consume sus frustraciones odiando al prójimo, sobre todo cuando este prójimo está por debajo en la escala social.   

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