miércoles, 29 de febrero de 2012

Haciendo los deberes por un sueño

Pepe Eliaschev debuta en radio Mitre

Empieza este sábado con Esto que pasa. Por qué esa radio le es un "lugar soñado".

Pepe Eliaschev debutará este sábado en radio Mitre. Será con su clásico Esto que pasa, el ciclo que arrancó en 1985, después de permanecer en FM Identidad durante dos años.

El programa mantendrá la columna editorial de apertura a partir de las 10 y en la primera emisión tendrá dos invitados en piso: la periodista Lauro Di Marco, autora de La Cámpora, y el economista Carlos Melconián para comentar el rumbo de la economía argentina.

Eliaschev tendrá, además, una participación diaria en el programa Lo que queda del día (lunes a viernes, de 20 a 21) con una nota editorial de entre 5 y 6 minutos por emisión, una suerte de "bonus track", aseguró el periodista a Perfil.com: “Yo mismo ni estaba ni estoy con ganas de hacer una programa diario”.

"Yo no tengo historia con el Grupo Clarín", contesta Eliaschev sobre el momento que atraviesa el multimedio con el Gobierno nacional. "Mitre me parece un lugar soñado, ha armado una plataforma periodística insuperable en diversidad y pluralidad". Desde hace un año, la AM más importante del holding usa el slogan "más periodismo con más periodistas".

Esto que pasa, con 25 años de historia, ya pasó por las radios Splendid, Del Plata, Nacional, Colonia e Identidad.

martes, 28 de febrero de 2012

Gorila: dícese...


Consideremos el vocablo "gorila". El gorila, estupendo animal, tiene la incomodidad de la ostensible nota en común con el hombre, pero que en el rubro de las artes, sirve para  significar mucho menos una continuidad darwiniana, que una ruptura con el ejercicio del buen argumento. Es que el uso histórico (desde 1955 hasta hoy) del término "gorila"implica adjudicarle al contrincante un plano de permanente pre-reflexión, que lo lleva a condenar al peronismo antes de traspasar el umbral del conocimiento constatativo y racional. "Negarse a pensar en nombre de un prejuicio"sería el equivalente del "gorilismo", hallazgo fundamental de la lengua política, por el cual esta imputacion no implica proximidad con lo humano -como en la teoría evolucionista- sino discontinuidad con la argumentación que permite pertenecer al logos político. Formidable invención teórica del peronismo -sin apariencia de tal- quizás oscuramente responsable de mantenerlo vivo hasta hoy. Pues significa automáticamente que el peronismo reclama y precisa sólo de criterios de comprensión emanados de él mismo.

Horacio González, Perón, reflejos de una vida, Colihue, Buenos Aires, 2007, p. 367. (Citado por José Pablo Feinmann en Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina).

jueves, 23 de febrero de 2012

Periodismo de fogueo


Vamos viendo cómo algunos medios (los sospechosos de siempre) comienzan a exteriorizar un interrogante que se les convierte en dilema: ¿cómo es posible que al Gobierno Nacional no le "entren las balas", es decir las denuncias que día tras día germinan en los medios opositores?

Antes que nada: era hora de que se hagan explícitamente esta pregunta. Pregunta que, por si hiciera falta aclararlo, esconde un claro deseo: que "las balas" entren. No sólo que entren: que hieran, si es de muerte mucho mejor.

Veamos un amague de respuesta por parte de Fontevecchia... ese payador ilustrado de Perfil:

"En gran parte, eso sucede por efecto de la repetición de las denuncias, que actúa como antídoto del mismo veneno, o como la fuerza del otro que el yudoca utiliza en su propio beneficio para devolver el golpe sin consumir su energía".

Según Fonte el Gobierno troca denuncias hacia sí en victimización que acaba por "hacer creer a la audiencia" que los medios practican un cruel ensañamiento. Es más, llega a la conclusión (junto al inestimable apoyo de Eliseo Verón) de que no hay nada mejor para el Gobierno que ser destinatario de todas las denuncias que sean posibles volcarles.  “La Presidenta precisa desesperadamente que los medios hablen mal de ella, necesita sentirse atacada para operar", piensa Verón y con éste -como nos tiene acostumbrados- Fontevecchia. Tal es la iluminada hipótesis del ceo de Perfil. Finalmente, pronostica "los bellos tiempos" que él asegura llegarán:

"Pero el día que su romance con la sociedad se reduzca sólo a una minoría de ella, volverá a ver cómo “nadie resiste ‘tres tapas’ de Clarín”. Ese será el mejor indicador de que sus superpoderes se han ido. El día que una sola denuncia atraviese su escudo protector y le haga mella, detrás de ella entrarán todas las noticias acumuladas".

Luego llega el turno LuisMa en La Nación. Éste, siempre mucho más afecto a la obediencia de sus propios deseos (es decir al surrealismo periodístico), titula ¿Empiezan a "entrar las balas"? El planteo de LuisMa es bastante similar al del payador de Perfil aunque, como él es distinto a todos, sus conclusiones difieren.

"Hay que decirlo aunque moleste: este tipo de causas son tomadas con cierta frivolidad por una buena parte de la sociedad, impregnada de un "clima de época" dominado por los feriados de Carnaval, el Fútbol para Todos y cierta capacidad de consumo que hoy envidiarían en Grecia o España. Sin embargo, asuntos como éste podrían transformarse, de un día para el otro, en las razones del malhumor colectivo, como sucedió con la figura de Carlos Menem después del efecto tequila. Y no sólo eso: también colocarían en crisis el núcleo del relato que todos los días repiten, a través del enorme aparato de difusión oficial y paraoficial, periodistas militantes, filósofos e intelectuales kirchneristas".

Esta es una línea muy difundida por estos días. La que dice, sin animarse a decirlo por carencia de agallas: las balas no entran porque la mayoría de la sociedad argentina no piensa, menos aún si está narcotizada como lo está hoy por el fobal, los corsos, los feriados y el consumo desenfrenado. Ergo: "sólo unos pocos poseemos la fortuna de pensar y hacerlo bien, como corresponde". Estamos hablando de la arquetípica mirada garca de cualquier posición de derecha: Civilización (Nosotros) vs Barbarie (Ellos). Conlcusión: que LuisMa escriba en La Nación -como Pepe, como Leuquito- es un gran acto de justicia. Ahora Lanata en Clarín... es algo más complejo.

Muchachos: las balas no entran porque están pensando y escribiendo alejados de la calle, de la gente de a pie. Porque para ustedes el mundo es el pedazo de redacción que caminan. Porque se creen que la Realidad es la que construyen en las sobremesas de los restaurants. Las balas no entran porque estan encapsulados en la ira que inflan día a día consumiendo, a su vez, la ira de sus colegas. Porque el denucismo patológico que practican es alevoso en su saña y premeditación. Se oponen a cualquier pavada que se les pase por delante sólo por venir del Gobierno Nacional. Las balas no entran porque se quedaron durmiendo en el periodismo de los 90 (Bazán gritando ¡cianuro, cianuro! creyéndose el Robin Hood del periodismo independiente), ese periodismo que todo lo hace pasar por el filtro del espectáculo, de la puesta en escena vil, prediseñada. Las balas no entran porque el kirchnerismo les sacó la toalla y los dejó en bolas (obvio que el kirchnerismo vio que ahí tenía las de ganar; sin embargo asumió todos los riesgos aún cuando la tenía bien fiera). Por eso odian al kirchnersimo y lo odiaran por siempre. Por eso Lanata ahora se tiene que fumar un Club de Fans que es el mismo que en sus épocas de gloria lo detestaba: esa derecha clasemediera que se quema en la queja y la discriminación. Las balas no entran porque las últimas elecciones presidenciales dejaron demostrado que son pronosticadores falaces y corporativistas disfrazados de periodistas independientes (independencia en la que ya pocos creen). Las balas no entran porque se empeñan en hacer creer que todo lo que venga del Gobierno Nacional es una impostura, una actuación para aquellos a los que ustedes consideran no pensantes y corrompibles. Todo, absolutamente todo, lo someten a sospecha. No dudan en asegurar que todos los jueces están comprados (¿y las cautelares a Ley de Medios? ¿y Papel Prensa?). Las balas no entran porque casi todos ustedes se han construido en periodistas que de tan profesionales no saben entender lo que acontece en las veredas, en los barrios, en las fábricas; en fin, porque se han aburguesado hasta la carencia casi total de representatividad; hacen peridosimo de clase, de la peor clase, aquella insolidaria clase media que consume sus frustraciones odiando al prójimo, sobre todo cuando este prójimo está por debajo en la escala social.   

sábado, 18 de febrero de 2012

Piel de oveja. Por Luis Bruschtein.

En noviembre del año pasado, Página/12 publicó la denuncia sobre las presuntas actividades de espionaje que habría realizado Gendarmería. Los demás medios prácticamente no le dieron importancia al tema. Ahora Clarín, La Nación, TN y Radio Mitre lo han convertido repentinamente en un best seller. Página/12 viene publicando artículos sobre las protestas contra la minera de Bajo La Alumbrera desde principios del año 2000 sin que ninguno de los grandes medios le llevara el apunte al tema. Ahora, los grandes medios se han convertido en los campeones del ambientalismo. Los grandes medios apoyaron la guerra de Malvinas durante la dictadura y ahora se han convertido en críticos de la estrategia diplomática y pacífica del kirchnerismo. Corriéndolo por izquierda, son tan pacifistas que, para varios de sus columnistas, la “dialéctica verbal” es equivalente a la “dialéctica de las armas”, porque “la violencia de las palabras” llevaría en su seno la violencia en general.

Los grandes medios reclaman una lectura ingenua de la realidad; los periodistas que se proclaman independientes se irritan cuando el público deja de ser ingenuo y se propone una lectura política de lo que ellos escriben. No quieren que su independencia sea puesta en tela de juicio y por lo tanto reclaman esa “ingenuidad” a sus lectores, lo que implica, además, que les cedan a ellos toda la inteligencia. Es como si dijeran: “el que necesita ser inteligente soy yo, no vos, porque el actor de esta película soy yo y vos sos pasivo y consumidor, porque sos espectador”. La mirada ingenua que reclaman es lo mismo que pedir un cheque en blanco. Nadie tiene ese derecho. Pero ellos la reclaman porque esa mirada ingenua es la única que puede tolerar, por ejemplo, esos cambios tan drásticos de las líneas editoriales sin que les generen alguna duda.

En España, arrastrado por poderosos factores de presión de los grupos conservadores, del Partido Popular y del ala más derechista del socialismo, se está produciendo un retroceso fuerte en relación con el enfoque sobre los derechos humanos. La reacción más furibunda se produjo cuando se abrió la posibilidad de investigar los crímenes de la dictadura franquista. En ese punto decidieron cortar por lo sano, pusieron en el banquillo de los acusados al juez Baltasar Garzón y lo expulsaron de la función judicial.

En ese contexto español aparece en la revista española Cambio 16 una entrevista a Videla, que había sido también enjuiciado –en función de los principios de la justicia universal vigente para delitos de lesa humanidad– por el mismo juez (Garzón) que había intentado enjuiciar los delitos de lesa humanidad de Franco. En el contexto de esa publicación, en la entrevista Videla ocupa simbólicamente el lugar del “generalísimo”, o por lo menos el intento de que así lo sea de manera subliminal para el público español. El periodista es absolutamente concesivo. Es más, por las preguntas que formula, pareciera que él mismo está sugiriendo las respuestas. El discurso que redondea Videla es que hubo una guerra, que la intervención militar fue reclamada por sectores de la civilidad, desarrolla la lógica de la existencia de víctimas necesarias producidas por el enfrentamiento bélico y reconoce algunos errores de tipo político, como el de no haber dejado el poder antes del ’83.

Para los españoles, que no tienen tanto conocimiento de lo que pasó en Argentina, ese discurso se traduce en términos locales. Es el generalísimo Francisco Franco hablando de que hubo una guerra y, como en toda guerra, hubo víctimas, y que las cifras de desaparecidos y demás son exageradas por los interesados. La justificación de Videla es la justificación de Franco, en un momento en que están fusilando judicialmente al juez que trató de enjuiciar a los dos dictadores.

El periodista que hizo la entrevista, Ricardo Angoso, se desgarra las vestiduras cuando se lo acusa de derechista o de favorecer a Videla. Asegura que es absolutamente independiente, que su trabajo es objetivo. Se indigna, es despectivo con quienes lo acusan. Pero Angoso es colaborador del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), un think tank ligado al conservador Partido Popular, dedicado al análisis de la seguridad internacional y la defensa. Un derechista que se dedica a esos temas es aún más derechista –y más peligroso–, porque por lo general son muy proclives a las operaciones de Inteligencia. Además, el hombre es un antikirchnerista confeso. En algunos de sus artículos ha calificado de “bufones” a Cristina y Néstor Kirchner.

En Argentina es imposible leer con ingenuidad esa entrevista tan concesiva a un dictador condenado por crímenes terribles de los que no se habla casi nada. Al hombre le importa un pepino Argentina, está pensando en España, en esa trampita de ósmosis entre las imágenes de Videla y Franco. De todas maneras, se monta sobre el latiguillo de la prensa independiente que aquí esconde al periodismo opositor, al igual que sucede en otros países latinoamericanos donde los grandes medios se convirtieron en los opositores más encarnizados a los gobiernos que aparecieron como reactivos al neoliberalismo.

El cuento de Angoso viene al caso porque es muy evidente. Reclama ingenuidad para usarla en su provecho. Pedirle a la gente que sea ingenua, o sea: “léanme como si fuera independiente”, es muy parecido al cuento del tío.

El tráfico clandestino de ideología es una regla bastante común en el periodismo, por lo cual no deja de ser un recurso de baja calidad. No hace falta reclamar ingenuidad sino que, por el contrario, se requiere desafiar a la inteligencia, la inteligencia propia y la del lector. Suele ser más complicado y menos efectista, pero ayuda a debatir ideas y a cumplir con el servicio al que finalmente todos estamos subordinados, que es el de informar y garantizar el derecho de los pueblos a estar informados.

No hacer ese tráfico clandestino sería que el señor Angoso se presentara como tal, como alguien que quiere justificar los delitos de lesa humanidad cometidos por Videla y Franco y que expone sus argumentos. Y lo mismo sucede con los ambientalistas repentinos y los repentinos denunciadores de excesos de los organismos de seguridad. O los repentinos ultrapacifistas antimalvineros.

Una cosa es preocuparse por el medio ambiente y denunciar posibles contaminaciones. Página/12, al que la prensa opositora califica de “oficialista”, lo hizo durante todos los gobiernos. Y otra cosa muy distinta es mutar de golpe a luchador ambientalista para oponerse al Gobierno. El ambientalismo termina siendo así nada más que una excusa muy berreta con recursos amarillistas. Se genera de esta manera una gritería demagógica apocalíptica poco sostenible en la polémica. Hay un ambientalismo propositivo y otro de tipo alarmista y conservador. Ese es otro debate.

Para no ir más lejos, el papel de los grandes medios en los asesinatos de Kosteki y Santillán todavía produce un sabor amargo. En ese contexto es difícil entender el escándalo que están generando con la denuncia por el supuesto espionaje de Gendarmería, una denuncia que, por otra parte, ya la había publicado meses antes el “oficialista” Página/12, sin que los grandes medios reprodujeran ni media palabra ni en la gráfica, ni en la radio, ni en la televisión.

Malvinas es otro tema interesante. Los grandes medios pasaron de apoyar la guerra durante la dictadura a respaldar la política menemista de “seducción” sin reclamos. Hubo otra posición que fue crítica a la guerra durante la dictadura, pero de respaldo a los reclamos argentinos de soberanía sobre las islas. Por un extraño silogismo transmediático resulta ahora que los que apoyaron la guerra están en contra de los que plantean el reclamo en forma pacífica. Pero no lo hacen porque están a favor de la guerra sino porque no están de acuerdo con que se haga el reclamo, el cual les parece violento per se.

Seguramente todas estas lecturas con tantas mutaciones e intentos de mimetismos tienen un hilo subterráneo que les da un significado más allá del estar en contra por estar en contra. Habrá coincidencias de intereses opuestos con otros que tienen un pensamiento genuino u otras explicaciones más complejas. Pero no deja de ser desconcertante.

Página/12

miércoles, 15 de febrero de 2012

Los profetas de la tirria

Decir que Sylvina Walger es tan o más anti peronista rabiosa que, por ejemplo, Isaac Rojas, Sebreli, Grondona, Borges, etc. es decir algo ya sabido. La versión actual de su rabia gorila se dice anti kirchnerismo. También B. Sarlo se definió en esa línea (interesante: una intelectual que se define por ser anti; es decir que elabora toda su interpretación de los hechos del presente histórico a partir de, desde su aversión por el kirchnerismo). Pero el caso de Walger es, digamos, hiperbólico. Hasta maníaco. En los escasos minutos que, afortunadamente, le han cedido en TV ha dicho cosas dueñas de todo delirio e inventiva. Por no mencionar la atroz payasada del libro Cristina. De legisladora combativa a presidenta fashion. En fin, una desquiciada importante.

Y una provocadora. Por eso su artículo en La Nación de hoy. Sólo por provocación. Por nada más. Título: Por favor dejemos en paz a esos isleños. Olvidemos sus argumentos. Atender a ellos sería darles entidad. Pensemos, sí, la desmesura de su odio.

Walger odia a Cristina. La detesta. Está enferma de odio. Esta enfermedad la arrastra a encarnar el grado máximo de ese amplio grupo de periodistas que aborrecen del kirchnersimo. Escribidores que hace rato han extraviado el hilo de la realidad a raíz, fundamentalmente, de este ya maníaco aborrecimiento. Muchos, hay que decirlo, sólo odian como escudo de defensa de intereses corporativos. Este odio no siempre se explica por gorilismo profesional. No fue gorila el diario La Nación –hormiguero gorila si los hay- durante la infamante década menemista, tampoco durante el tercer Perón, el que perseguía y acribillaba zurdos a lo pavote. Es –ya lo escribió José Pablo- el pragmatismo de la derecha: saben cuándo ser gorilas y cuando no.

La cosa es que el odio los ciega. Arrastran todos los pensamientos e interpretaciones apuntalados en la inquina. Los ciega y los estupidiza; aún a quienes ya han demostrado a lo largo de la historia una larga carrera como estúpidos. ¿Cuál es el mecanismo?

Si el Gobierno –ellos no hablan tanto del Gobierno como de Cristina; dando a entender que no hay Política de Estado sino una mera caprichosidad individual, monárquica- dice A ellos gritan ¡B! Cualquiera sea el tema. No importa. El odio –y la bajada de línea corporativa- los ha convertido en opositores seriales. Insisto: maníacos. Ahora, por estos días, son todos anti malvinenses. Hasta fustigan a la oposición política por no serlo. Pretenden querer descubrir- ¡exégetas de la noche a la mañana!- que, “pensándolo bien, está bien que las Malvinas estén en manos de los ingleses". La sierpe de la Walger, en su artículo, deambula por taradeces varias sólo para poder meter su último párrafo: “Por favor, dejemos en paz a esos isleños que tienen muchas más posibilidades que nosotros de llegar a ser un país en serio”. Todo para llegar a esta última exhalación anti K.

Dan risa. Aunque una risa triste, patética. No se entiende cómo el tumor del odio no les explota adentro. Sinceramente: cómo hacen para zafar de las metástasis del odio. También son brutos. Porque no acaban de advertir hasta qué punto el odio los confunde, los hace decir barrabasadas sin retorno. Dan risa pero también dan miedo. Porque la Argentina supo tener en épocas pasadas y trágicas personajes de este tipo. Fueron, precisamente, los que guiados por ese odio enfermante, golpearon las puertas del infierno y se hicieron los distraídos cuando la carnicería explotaba de sangre. Los tiempos, por suerte, han cambiado. Aunque los profetas de la tirria sigan pululando.

martes, 14 de febrero de 2012

Hasta octubre La Nación tiene nuevo objeto de adoración

Henrique Capriles: la opción venezolana al autoritarismo

Por Emilio Cárdenas | Para LA NACION

Henrique Capriles, el gobernador del estado de Miranda -el segundo más populoso de Venezuela, que incluye buena parte de Caracas- con sus jóvenes 39 años representa la consolidación de una nueva generación de políticos. Resultó un claro vencedor, con más de un millón ochocientos mil votos en su favor. Esto supone haber más que duplicado los votos de su contendor más cercano: Pablo Pérez, el actual gobernador del estado de Zulia, que contiene a una parte sustancial de los hidrocarburos venezolanos. Pérez, al conocerse los resultados, se alineó lealmente con Capriles, haciendo así público su inmediato y total apoyo al vencedor.

Capriles, pese a su juventud, es en rigor todo un veterano de la política. Ha sido alcalde, legislador y ahora es gobernador. Siempre exitosamente. Se auto-define como un progresista. Es abogado, especializado en impuestos. Nieto de una víctima del Holocausto, es católico. Incansable y generoso. Talentoso y valiente, irradia simpatía. Pese a haber nacido en una familia con recursos, dedicó lo sustancial de su vida a luchar -sin descanso- en el convulsionado escenario de la política venezolana. Pese a todos los riesgos que ello supone. Al conocerse el resultado, invitó generosamente a todos sus contendores a subir -con él- al escenario, lo que todos hicieron, en señal inequívoca de unidad y solidez.

sábado, 11 de febrero de 2012

Megalomanía

Segundo round
Por Jorge Fontevecchia 

"El domingo 11 de septiembre de 2005, cuando por segunda vez fue lanzado el diario PERFIL después de su frustrada aparición en el año 1998, en esta misma contratapa recordé otros ejemplos que también necesitaron nacer dos veces:

“La Apolo XI consiguió alunizar después de haberlo intentado y fracasado la Apolo X. Lo mismo sucedió en Marte: primero falló el Mars Pathfinder en 1997 y luego lo logró el Spirit el año pasado.”


“En su primer Campeonato Mundial de Fórmula 1, Fangio tuvo que abandonar en su primera carrera, pero luego llegó primero en la segunda.”


“Recién en su segundo viaje por el Atlántico, Américo Vespucio advirtió que aquellas tierras que había recorrido no eran parte de Asia sino un Mundus novus que llevaría su nombre.”


“La propia ciudad de Buenos Aires demandó el compromiso de dos fundaciones.”


“El alto Aconcagua, como no podía ser menos, reclamó dos misiones para entregar su cumbre: una en 1883, otra en 1896.”


Y concluía esa contratapa reflexionando sobre cómo “la insistencia es la materia prima de la realización” y el destino requiere “la complicidad de la voluntad”.


Toda esta introducción para decir que volvimos a fracasar con un diario, en este caso el diario Libre, que lanzamos el 2 de mayo del año pasado y no pudo encontrar su público".

viernes, 10 de febrero de 2012

Una afrenta universal, por Mario Wainfeld


El condenado es español, andaluz para más señas. Se le nota al hablar, en el modo de resolver ciertas consonantes o cuando nombra a la “libertáz” o a la “dignidáz”. Le gusta el fútbol (arquero fue en su juventud y a veces reincide) y también los toros. Es un referente de la Justicia universal, un faro de conciencia en muchos países, por ejemplo en estas pampas.

¿Hubiera llegado la reivindicación de los derechos humanos en Argentina al punto que llegó sin la irrupción hidalga de Baltasar Garzón? Este cronista supone que no, asumiendo que cualquier ejercicio contrafáctico es incorroborable. Lo que es indiscutible es que Garzón forma parte de la historia de la búsqueda de justicia frente del terrorismo de Estado, que merece un capítulo o algo más. Que es un modelo para las más nobles militancias de nuestra historia. En lo jurídico, un hacedor de jurisprudencia notable que recogieron jueces de estos lares.

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La década del ’90 no sólo fue oscura por la entrega del patrimonio nacional y el desmantelamiento del Estado benefactor. También redondeó un retroceso fenomenal en la odisea en pos de memoria, verdad y justicia. La aparición del magistrado que reabrió las causas cerradas acá por estulticia, obediencia debida e indultos, dinamizó los movimientos de derechos humanos. Les dio de nuevo voz a las víctimas, las acostumbró a un peregrinar por tribunales de varios parajes del globo. Fue el pionero, el más decidido. Cada quien resolverá si fue el mejor, está entre ellos.

Sucesivos gobiernos argentinos le dieron la espalda con argumentos banales y cobardes. El menemismo, por razones evidentes. Lo copió la Alianza, aunque se suponía que venía para purificar y para luchar contra la corrupción. El señor Juez pidió extradiciones, le fueron negadas. La Argentina ya no era sólo custodio de la impunidad de los genocidas: devino el aguantadero del que éstos no podían salir si no querían ser llevados al banquillo.

El dictador Augusto Pinochet fue menos prevenido.

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No bien supo que Pinochet “paraba” en suelo británico, Garzón se mandó a su despacho y comenzó a escribir un pedido de extradición. Corría contrarreloj, debía actuar con sigilo. Comidió a uno solo de los empleados de su juzgado, comenzó febrilmente a dictarle el exhorto en cuestión. Le cabía ser veloz y riguroso, no buscaba repercusión fácil sino la aprehensión del criminal. En un momento, ya de madrugada su colaborador, impresionado, le preguntó: “Señor ¿ese hombre que estamos requiriendo es el que yo estoy pensando?”. El cronista le escuchó esta anécdota al mismísimo Juez que la contó riendo, porque tiene su sentido del humor y ama lo que hace o hacía.

El Parlamento británico admitió la extradición. La sesión de los Lores se vio por la tevé argentina, el cronista la miró, se emocionó, pensó el fallo en clave local: en las víctimas, en los compañeros que ya no están, en las Madres y las Abuelas. Esa tarde, en la reunión de edición de este diario, se brindó con champagne. Créame, lector, que no lo hacemos ni todas las semanas, ni todos los meses ni todos los años.

Un juez español con cojones y saber que persigue (en buena ley) a un dictador chileno, la autoridad política de otro país interviniendo, la repercusión en la Argentina... el ejemplo es para este escriba una buena viñeta de lo que es la Justicia universal.

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En 2003, con (muy) otro gobierno en la Argentina, Garzón volvió a la carga. La reacción del presidente Néstor Kirchner no fue un nacionalismo de opereta ni un cajoneo aduciendo cuestiones de competencia judicial. Fue acelerar lo que ya tenía en miras: la revocación de las leyes de la impunidad, la restauración de la Justicia.

Las víctimas sobrevivientes pudieron replicar sus testimonios en los tribunales cabalmente competentes, donde debía ser.

Habían pasado menos de dos años desde la caída de Fernando de la Rúa. El cambio nada tuvo que ver con el viento de cola o el precio de las commodities. Fue política pura: otra posición ideológica, otro compromiso con las instituciones y las leyes.

Cada cual evaluará cuánto incidió el obrar de Garzón, nadie puede negar que mucho.

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Se metió con criminales de toda laya: los terroristas de Estado sudamericanos, la ETA, los parapoliciales GAL de su país. Cuando quiso explorar los crímenes del franquismo traspuso una raya, no se lo perdonaron. Lo asediaron con causas amañadas ante tribunales parciales, que lo odian. Ayer recayó la condena en una de ellas.

La escena de un Tribunal desdoroso, muy inferior a la persona que condena, es un clásico de la historia universal. La nómina de los acusados es interminable, mencionemos un puñado: Sócrates, Galileo Galilei, Nelson Mandela. No son casos idénticos pero hay un patrón común. La pena impuesta a Garzón es tremenda, una afrenta universal: le troncharon la carrera como magistrado, nada menos.

Cuando Fidel Castro era un joven revolucionario, alzado en armas contra la dictadura de Fulgencio Batista, fue apresado y llevado ante un tribunal. Su alegato célebre terminaba con frases indelebles: “Me apiado de vuestras honras y compadezco la mancha sin precedentes que recaerá sobre el Poder Judicial. (...) Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

A Garzón la historia ya lo absolvió, refutando a los jueces que lo sancionaron, dignos émulos de la Santa Inquisición. Ese hombre digno es un ejemplo, una referencia luminosa mucho más allá de España. Un ciudadano del mundo, que suma a otros méritos ser un importante protagonista de la mejor historia argentina.

Página/12

martes, 7 de febrero de 2012

Profeta del odio (y del pensamiento garca)

 La oposición no debe perder tiempo

Por Marcos Aguinis | LA NACION


Llegando a su fin la temporada de vacaciones, que también fue aprovechada por muchos políticos, corresponde poner manos a la obra (Mmmm... en qué estará pensando el Republicano). Esta vez la temporada de descanso no fue tranquila. Se encadenaron sucesos de alto voltaje, que ahora anuncian borrascas (Deseo del autor n° 1). La ciudadanía (¿la ciudadanía? ¿la de Punta del Este, donde el autor ha estado dando "conferencias" durante enero en el humilde Conrad Hotel?) quiere que estas borrascas sean lo menos inclementes que se pueda. Pero que vienen, vienen (ya lo escribieron los Mayas).

Algo parecía muy sólido, como el poder de la Presidenta, con su 54 % de sufragios. Pero empieza a exteriorizar grietas (Deseo del autor n° 2). Las llamaría "prodrómicas", como se dice en medicina respecto de los pequeños indicios de un síntoma que aún no se ha manifestado en plenitud. Es redundante mencionarlos, porque todo el mundo los conoce (¡qué gambeta!), con excepción de los autistas y los negadores (K). Por eso corresponde proceder cuanto antes.

En este panorama existe, por otro lado, un 46% de votos que no adhieren al hipócrita "modelo". Casi la mitad de la Nación (y la totalidad de La Nación). Desde hace rato, esa mitad exige una representación creíble y eficiente (los que te fueron a ver al Conrad la están levantando con pala, a esto ponele la firma). Los líderes de todo el arco político reciben pocas adhesiones y variadas condenas, excepto la de sus partidarios íntimos. Hace mucho se les implora desde el llano y desde niveles con especialización política y económica que se articulen en torno de unos pocos objetivos cardinales (bah, dos o tres boludeces nomá). Los matices ideológicos deben ser postergados para más adelante (otra vez más el curro de que los liberales como el autor no tienen ideología; que les de vergüenza es otra cosa). El país está sufriendo una peligrosa regresión (¿no era que debíamos volver a la gran Argentina de 1910? No entiendo). Ya se usan palabras que hubieran parecido delirantes al resucitar la democracia, como monarquía, poder absolutista, culto de la personalidad, presidencia "eterna" (todas muletillas de La Nación, combustible predilecto de la materia gris del autor) .

El riesgo no es sólo político, sino económico (Deseo del autor n° 3). La Argentina ha perdido una década de crecimiento sin apuntalar su infraestructura ni poner en marcha un revolucionario (¡el asco que le debe dar al autor utilizar esta palabreja!) programa educativo-tecnológico (¿?). Se ha limitado a ejercer un arcaico bonapartismo, en el que la asistencia social sirve para recaudar los votos de los pobres sin terminar con la pobreza (Ergo: estos negritos que no piensan). Cada vez estamos más abajo que Brasil, Chile, Colombia, Perú y hasta Uruguay (la Civilización: un clásico del comparativismo liberal). Claro, si nos comparamos con Venezuela, Cuba y la mayoría de los países africanos, no estamos tan mal (la Barbarie: otro clásico). Es lo que se suele decir y a muchos les alcanza. Especialmente a aquellos que aún escuchan el tintineo de las monedas en sus bolsillos. Pero cuando el tintineo cese (Deseo del autor n° 4), buscarán a quiénes echarles la culpa, porque su alienación irracional y cómplice jamás reconocerá que han contribuido al deterioro. Hasta llegarían a decir que perdimos las Malvinas por culpa de Clarín (no se me había ocurrido. La anoto).

Es probable que el personalista y vertical monopolio del poder oficialista no pueda controlar todos los frentes. Es probable que haya rebeliones en su propia tropa (Deseo del autor n° 5). Es probable que muchos enemigos reales o paranoicamente considerados como tales se cansen de los agravios (Deseo del autor n° 6). Y, también, que manifiesten enojo muchos leales manoseados de forma pública (Deseo del autor n° 7). Ante semejante escenario, los representantes de casi la mitad de la Nación tienen un deber inexcusable. Son la oposición y no pueden quedarse inactivos, impotentes y divididos. El oficialismo no podrá contener graves protestas (¡¡Terror!!). Y las protestas desbordadas, anárquicas, desembocan casi siempre en la violencia (como en el 55 ¿no?). Los argentinos las hemos sufrido bastante y no queremos ni siquiera su reproducción en miniatura (¿tas seguro?. Por lo tanto, será patriótico contribuir a la gobernabilidad (no aclares...).

Insisto: contribuir a la gobernabilidad (... que oscurece). Lo cual no significa someterse a los disparates del Gobierno y de sus acólitos, sino a darle volumen a una voz renovada, potente. Y estar en condiciones de poner frenos eficaces a la corrupción, los delitos encubiertos por el Ejecutivo, el acoso a la prensa independiente, reorientar a la opinión pública (si no pudieron las miles de tapas de Clarín...)y reforzar una Constitución desangrada.

Ya es un dato irrefutable que el temperamento de la Presidenta impide el diálogo, porque lo siente como una capitulación. Pero, además, ¿con quién va a dialogar?, ¿cuáles son la propuestas consensuadas de la oposición?, ¿dónde se acumulan los yacimientos de su sabiduría? La sociedad percibe a los dirigentes opositores -con escasas excepciones- como encerrados en el narcisismo, semiciegos, obstinados, desprovistos de grandeza, con virtudes disímiles e incompletas, ocupados a tiempo completo en tareas liliputienses (totalmente de acuerdo).

Para superar esto propongo mirar a Venezuela (seguro que ahora la liga Chávez: otro clásico). Un país ahogado por los desatinos personalistas de Hugo Chávez, que sobrevive gracias a los torrentes de dólares que le provee el petróleo. Ah, también a sus maratónicos discursos cargados de tantas referencias personales que hasta dedicó una hora -¡desopilante!- a describir una de sus diarreas, elocuentemente comentada por Jaime Bayly (flor de payaso).

Las restricciones a la prensa, a la libertad de expresión, sucesivas extorsiones, altísima corrupción de funcionarios y capitalistas amigos, purgas en las fuerzas armadas, intervencionismo en otros Estados, alianza con dictaduras medievales como Irán o soviéticas como Bielorrusia y Corea del Norte son algunas de las lacras que degradan la cuna de Bolívar, lo cual no impide llamar "bolivariano" a ese desbarro sin límites (algo me dice que si Bolívar viviera no acordaría con el autor).

Bien, en este clima asfixiante que ya lleva doce años, la oposición venezolana se arranca los dedos del estrangulamiento, inspira hondo y se yergue desafiante. Con una lucidez que le llevó demasiado tiempo adquirir. El artículo que Emilio Cárdenas publicó en esta sección el sábado 28 de enero traza un sobrio y preciso detalle sobre lo que está por ocurrir en esa nación hermana. Con objetividad concluye que podría transformarse en la madre de todas las batallas de América latina (Deseo del autor n° 8). Aconsejo leerlo.

En Venezuela, el arco político opositor completo mostró la grandeza de unirse en torno a un programa consensuado (en dos o tres boludeces). Dentro de pocos días -el 12 de febrero-, la oposición tendrá sus elecciones primarias abiertas para elegir candidatos en todos los niveles. El 7 de octubre -elecciones presidenciales-tratará de ganarle a Chávez.

En la Argentina no estamos frente a elecciones presidenciales. Y nuestra apaleada democracia necesita la estabilidad del actual gobierno, aunque disguste (¡muy bue, contate otro!). Pero el Gobierno tendrá problemas (Deseo del autor n° 9). La oposición no debe perder tiempo en minucias (matices ideológicos). El ejemplo venezolano es útil, porque muestra el camino que se debe transitar de inmediato.

Allí, la oposición unificada logró confeccionar un sólido documento de 177 páginas que fundamenta un urgente programa de unidad nacional. Fue elaborado por 31 grupos de trabajo y en él que participaron más de 400 especialistas. En otros términos, la mejor materia gris del país (Ergo: todos blanquitos), impulsada por una firme decisión política, logró dar a luz un serio, claro y exhaustivo proyecto.

Los capítulos del magnífico material abordan asuntos que parecieran dedicados a la Argentina: recuperación de la institucionalidad, estructuración de la productividad sobre la base de una limpia relación entre los sectores público y privado, propuestas concretas para mejorar la deteriorada calidad de vida, detallada estrategia de gobierno a corto y mediano plazo, mejor inserción en la comunidad internacional.

Este ejemplo debería sacar de la modorra o el enclaustramiento a nuestra oposición. Urge conformar equipos eficaces en todos los campos de la vida nacional, porque entre los argentinos sobra la materia gris (gracias autor). Trazar medidas a corto y mediano plazo. Avanzar hacia internas de una oposición articulada, que construyan el nuevo liderazgo. Convertirse en una voz con respaldo a la que pueda acudir el oficialismo cuando dé manotazos de ahogado y reclame salvavidas Deseo del autor n° 10). Una oposición qué, además -como ya señalé-, consiga poner límites a muchos de los abusos que se cometen ahora. Y que, por fin, tenga chances de relanzar la Argentina hacia un desarrollo verdadero.

© La Nacion.

sábado, 4 de febrero de 2012

Buenos Muchachos

Rendo en la cuerda floja

Grupo Clarín: el fracaso de Jorge Rendo. Lo responsabilizan por el equivocado manejo de la confrontación con el Gobierno nacional. Críticas fuertes en la redacción, cortocircuitos con José Aranda y Marcela Noble. 

En psicología se lo explica como el “desarreglo emotivo”. Es cuando una persona cree que puede actuar según el pensamiento de un superior, quien ejerce una alta influencia sobre su persona. Para el vulgo sería como “apropiarse del cerebro de su jefe” y proceder en consecuencia. Si se lo tuviera que explicar en términos de divulgación científica, sería el desarreglo emocional por el cual un individuo (en la práctica suele afectar a los altos ejecutivos de compañías o secretarios de políticos), acostumbrado a diario a manejar con solvencia situaciones de poder en beneficio de su superior directo, en un determinado momento sobrepasa la línea del sentido común y comienza a tomar decisiones –en general, porque el superior ha adquirido tal grado de confianza en su línea argumental– como si fuera el propio CEO o el propio presidente o ministro. Adopta criterios propios creyendo que son los de su superior, toma decisiones estratégicas convencido de que su jefe hubiera procedido bajo esos mismos criterios.

¿Cuándo y cómo fue que Jorge Rendo cayó en esa trampa de la mente, en ese desarreglo emocional que lo llevó a proceder en la toma de decisiones estratégicas como si él fuera el mismísimo Héctor Magnetto?

Un rastreo sobre su carrera profesional en el grupo Clarín muestra hasta el año 2006 una foja impecable, casi sin mácula. Desembarcó en 1998 (cuando el sueño de la re-reelección de Carlos Menem ya se tornaba inviable y los efectos de la recesión económica combinados con el agotamiento de la Convertibilidad hacían presagiar un final desastroso para el modelo neoliberal), con la misión de hacerle un refreshing a la imagen del Grupo y lidiar con la coyuntura política cotidiana, dejándole a Magnetto las manos libres para operar sólo en circunstancias extraordinarias que ameritaran su presencia.

De hecho, mantuvo el mismo cargo que venía ejerciendo en la automotriz Fiat: director de Relaciones Externas de AGEA. Un año después, su eficiencia para surfear y hacer lobby ante el establishment de la entonces “prometedora” Alianza entre el radicalismo y el Frepaso de Carlos “Chacho” Álvarez, fue premiada con la incorporación en el directorio del Grupo y como bonus track le otorgaron su primer beneficio “especial” en la empresa: ser un tenedor de acciones clase A. Después de su graduación a finales de los ’80 con un APM en la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, que le dio peso específico a su carrera, para Rendo esa muestra de confianza que le otorgó Magnetto marcó un punto de inflexión.

Se sintió por primera vez un hombre tan consustanciado con la empresa como nunca antes lo había sido en Celulosa Argentina, Editorial Abril, Acindar y Fiat, sus cuatro destinos previo a Clarín. Ese ascenso vertiginoso se terminó de consolidar con los avatares de la crisis de 2001-2002. Se puede decir sin temor a error alguno, que la crisis económica, política y social de la Argentina potenció en iguales dosis al Grupo Clarín (tanto que de ahí en más ya se lo conocería como El Grupo, a secas) como a la persona de Jorge Rendo. Cada uno de los tres mil millones de dólares licuados por la pesificación asimétrica se correspondió con una medalla más en su haber y una silla más en los directorios de las distintas subsidiarias de Clarín, incluida la estratégica Papel Prensa.

Lobbysta aguerrido frente a la dirigencia política local siempre tan temerosa de las tapas de Clarín, Rendo, en ese fin de año apocalíptico de 2001, se animó a decirle al entonces presidente Adolfo Rodríguez Saá: “No queda otra que devaluar: estamos hasta los huevos. Clarín debe 3 mil millones de dólares. Si seguimos con este dólar a un peso, no tenemos forma de pagar y los bancos se van a quedar con nuestras empresas”, según consignó el periodista Pablo Llonto en su libro La Noble Ernestina.

Cultor de un perfil público bajísimo, nunca cambió su domicilio “fiscal”, un departamento en el barrio porteño de la clase media, Caballito. Así, mientras su jefe Héctor Magnetto vive en Recoleta –el barrio La Nación por excelencia–, él siempre conservó su “casa” en el corazón de la clase media lectora de Clarín.

¿Pero dónde y cuándo se produce ese trasvasamiento emocional que lo lleva a elevarse hasta la estatura de su alter ego, Héctor Magnetto? Entre 2006 y 2007, El histórico CEO de Clarín recibió el diagnóstico de cáncer bucoorofaringeo. Un golpe demoledor para una estructura empresarial que pivoteaba sobre sus decisiones, pese a que en los papeles muchas de ellas eran compartidas con José Antonio Aranda y Lucio Rafael Pagliaro. La recuperación implicaba una o dos operaciones (finalmente fue una) y radicarse en Chicago, Estados Unidos.

En este punto de la historia, sobre las espaldas de Rendo recayó la faena más compleja de su carrera: la de regular la noticia de que Héctor Magnetto, el líder del grupo mediático-económico más poderoso de la Argentina, tenía cáncer. Una palabra, un gesto desacertado y todo el holding podría ponerse en riesgo. Clarín ya cotizaba en Wall Street y en esas ligas la salud de los CEO es casi una cuestión de Estado que repercute en el tablero de cotizaciones.

Y él, Jorge Rendo, dosificó con mucho timming esa información sensible. Creó el mito del Magnetto invencible, aún por un cáncer. En cada off de récord con el establishment de AEA o con algunos poquísimos editores de diarios y revistas, les contaba cómo su jefe, después de operado, le escribía instrucciones a través de una pantalla y que de la misma se podía escuchar una voz “mecánica”. La construcción de ese personaje con una entereza sobrehumana fue su “operación mediática” más exitosa, pero al mismo tiempo, la que lo llevó a creer que sería él mismo, el único capaz de interpretar el pensamiento de Magnetto.

Por primera vez en las reuniones con Ernestina Herrera de Noble, la Señora ya no usaba su clásica muletilla ante un dilema empresarial engorroso.

–Y…¿qué hacemos, Magnetto?

Ahora, la viuda de Noble se dirigía directamente a él y le espetaba:

–¿Qué hacemos, Rendo?

Misión anti K. Y Rendo, interpretando el pensamiento profundo de Magnetto– o, mejor dicho, creyendo que lo interpretaba– avanzó en su cruzada más audaz: intentar doblarle la mano a Néstor Kirchner. Buscando imponerle miedo a través de las tapas de Clarín. En esas reuniones del grupo chico, Rendo fue quemando las naves. Ensoberbecido por el clima anti K que capeó entre las clases medias urbanas (el público que Rendo creía cautivo para Clarín), entre lo que fue desde el voto no positivo de Julio Cobos por la 125 hasta la derrota de Kirchner en la Provincia de Buenos Aires, en 2009, a manos de Francisco De Narváez, Rendo fue sumando poder interno y pasó casi imperceptiblemente de vocero a voz.



Sólo que cuando el viento político cambió y el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner transitó el segundo semestre de 2009, y se dictaron las leyes centrales de su recuperación electoral y política –la Asignación Universal por Hijo, el traspaso de los fondos de los jubilados de manos privadas a la ANSES, y los avances en la Ley de Medios–, Rendo comenzó a quedar descolocado en la interna del Grupo.
¿Era Magnetto o era Rendo el que bajaba la línea para que más del 80 por ciento de las tapas del diario estuviera dirigida a colisionar contra el gobierno kirchnerista en los últimos tres años?

En la actual redacción, hay por lo menos dos grupos bien diferenciados entre editores y redactores de primera línea. Y cada uno a su turno, responsabiliza a Rendo por la ruidosa caídas en las ventas y en la credibilidad del diario.


1) Los “Históricos”, que sienten una frustración personal muy alta, porque saben que se hizo realidad la premonición de Néstor Kirchner en tiempos de la 125, cuando dijo que Clarín “no hacía periodismo, sino la defensa corporativa de sus intereses económicos”. En la sección Deportes, por ejemplo, los “Históricos” no soportan que durante casi una década se hayan tenido que “tragar” sin publicar notas contra Julio Grondona y hoy el presidente de la AFA sea un enemigo al que hay que castigar sí o sí. En la sección de Investigaciones, el resquemor con la camada de jóvenes periodistas que ingresaron entre finales de 2010 y 2011 es cada vez más alto. La tensión es casi insoportable, ya que los acusan de ser funcionales a la fiebre anti K que baja Rendo a través de la mano dura de Carlos Roa.

2) Los “Profesionales a ultranza”, que sienten que las directivas surgidas de la oficina de Rendo, unidireccionales en el castigo sistemático al gobierno de Cristina, los deja sin el capital más valioso: su credibilidad periodística. Al tiempo que advierten que la caída en la ventas terminará en una crisis de despidos.

Pero aún en medio de este clima enrarecido y de discusión por lo bajo en la redacción sobre directivas como las de dedicar las 5 ó 6 primeras páginas del diario a hacer una oposición salvaje aunque haya que forzar la información al límite de lo razonable, no son éstos los motivos del stress que intenta sobrellevar sin desbordes –por lo menos públicos– Jorge Rendo.


Sólo apenas un escalón por debajo viene el estallido de ira de José Aranda. “Tu pelea estúpida con los del Grupo Veintitrés me hizo perder una sociedad con Soros (George) y un negocio de quinientos palos verdes”, dicen que le soltó en uno de sus arranques, que también son un tiro por elevación hacia Magnetto.

En noviembre del año pasado, George Soros puso punto final a lo que podría haber sido una multimillonaria inversión y un negocio “redondo” para todo el Grupo Clarín. Ambos grupos habían formado una UTE para impulsar el proyecto Ayuí Grande, en Corrientes, para producir alimentos por medio de la construcción de una represa ubicada sobre el arroyo del mismo nombre.

Algo olió mal para Soros y su imperio, que prefirió desistir de la UTE. Ahí fue cuando estalló la ira de Aranda, aunque él tiene claro que por más “juego propio” que tenga Rendo, no haría nada sin el aval de Magnetto. En ese punto, es uno de los pocos dentro del diario que no hace leña del árbol caído con la hoy devaluada figura de Rendo. Aranda no pierde de vista que si bien muchas decisiones estratégicas erradas las tomó Rendo, en especial cuando Magnetto estaba concentrado en recuperar su salud, fue el CEO del Grupo que siempre lo dejó “hacer”.

Por ejemplo, el estrepitoso fracaso de la estrategia anti-ley de Servicios Audiovisuales, que pergeñó y llevó adelante Rendo con una veintena de diputados de la oposición en la Cámara de Diputados, a la mirada de Aranda no sólo debería ser cargado a la mochila de éste, sino que debería ser compartido con Magnetto, quien ya por ese entonces había logrado atravesar lo peor de su enfermedad.

Ni siquiera el fantasma de en algún momento ser desplazado por Martín Echeverz (su número dos en la oficina de Relaciones Institucionales del Grupo y un activo militante del desgaste sutil cada vez que se sienta en off de récord con algún periodista influyente de otros medios), lo desvela tanto como el miedo visceral a comenzar a desfilar por la Justicia. Jorge Rendo conoce de memoria los mecanismos de autopreservación del establishment empresarial. Los líderes como Héctor Magnetto siempre encontrarán un resquicio, una salida, para preservarse. Y en esquema preventivo, los alter ego siempre resultan funcionales.

Por eso, el temor profundo, hoy, para Jorge Rendo, pasa por vigilar de cerca el destino de una causa radicada en un juzgado federal del Sur del Conurbano bonaerense. Allí aparece mencionado, por lo menos en una treintena de veces, en escuchas a jueces, políticos y periodistas (incluso del propio Clarín). Y Rendo sabe que de esa investigación sólo se puede salir herido, en el mejor de los casos.

Informe: Pablo Noto

Ahí va el Capitan Veto... por el espacio...


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