martes, 30 de octubre de 2012

El ídolo de los quemados


30-10-12 | Política

Luis Barrionuevo, 10 años después: "Me encanta el programa de Lanata"

El líder gremial aseguró que sigue todos los domingos el envío periodístico de Canal 13. En 2002, el gastronómico había protagonizado una fuerte discusión con el periodista.

Más.

domingo, 28 de octubre de 2012

Otra pieza del museo del horror



... Dicen que prefiere cada vez más la soledad.

... Su paciencia es crecientemente corta. El gabinete teme a los arrebatos de Cristina. Algunos funcionarios entran a su despacho, cuando entran, con un incontrolable temblor en las piernas.

... Varios ministros quisieran renunciar a tiempo, antes de una descortés despedida. ¿Julio De Vido? ¿Nilda Garré? ¿Carlos Tomada? No pueden. La jefa ya les aclaró que sólo ella decidirá el día y la hora del final de sus carreras políticas. Los cansados obedecen; la represalia podría ser peor que la angustia de la permanencia.

... No soporta que la Corte tenga más prestigio social que ella, resumen en los tribunales.

... La mecánica ludópata del todo o nada incluye al crucial 7-D, pero no sólo a ese día ni al Grupo Clarín. Su obsesión con ese multimedio ya llevó a la Presidenta a recusar a un juez tras de otro y a enviar al Senado una lista impresentable de jueces subrogantes, algunos con más prontuarios que antecedentes. O habrá jueces kirchneristas o no habrá jueces.

...  Decidió que no seguirá dependiendo de los radicales y de Francisco de Narváez en el Congreso de La Plata. Allí, el kirchnerismo lo acosa como un violador serial.

... Cristina los está cercando a todos con ambiciosos jóvenes de La Cámpora.

... No teme convertirse en una decepción de la historia.

martes, 16 de octubre de 2012

Clarín por dentro


Testimonio de Néstor Réstivo, periodista que trabajó 26 años en Clarín

Néstor Restivo es periodista desde hace más de 30 años, muchos de los cuales los trabajó en el diario Clarín. Desde hace casi una década trabaja en diversos programas de Radio Nacional. También ha colaborado o trabajado, y lo sigue haciendo, en numerosos medios. Tiene actividad gremial, docente y es además licenciado en Historia por la UBA y autor de varios libros. Lo consultamos sobre su experiencia sobre todo en el grupo multimedia y sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audivisual.

Pero en tu caso puntual, ¿viste “mentiras” en el diario?

A ver, en los últimos dos años que estuve, ya con la pelea abierta contra el gobierno, un tiempo insufrible para mí, prácticamente dejé de firmar. Además habían inventado una excusa (una amenaza de juicio de un senador italoargentino del partido de Berlusconi, sobre quien yo había escrito una crónica) para que no firmara. Yo, chocho. Ya me avergonzaba realmente estar en esa redacción como para aparecer firmando, y encima no lo que yo quería sino lo que me “editaban”. Pero aun así era mi trabajo, y debía escribir notas. Una vez hubo una “noticia”, por llamarla de algún modo, de un diario venezolano, El Universal, donde se “informaba” que Venezuela era el país más violento de América Latina. Clarín ya entonces le daba con un caño a Chávez, a Rafael Correa (me tocó cubrir todo el proceso de ascenso de Correa, pero luego las coberturas sobre su gobierno sólo tenían que ver con sus supuestos “ataques” a la prensa, y me corrieron del tema porque yo ya no les servía para eso), siempre tirando tiros por elevación contra el kirchnerismo. Bien, me pidieron que buscara datos para una infografía comparativa y lo que encontré fue que según la OEA, Naciones Unidas, en fin, organizaciones “serias”, en todo caso no chavistas, Venezuela estaba mal en el ránking pero no era el peor caso. Jamaica, Honduras, El Salvador, Colombia, tenían peores estadísticas. ¿Qué hicieron en el diario? Igual pusieron a Venezuela al tope de la lista de los “feos, sucios y malos”. Lo insólito fue que pusieron como fuente “diario El Nacional”, furiosamente antichavista, y luego seguían los demás países -que en realidad si uno es honesto debían ir antes- con fuente OEA, etc. O sea, “desdoblaron” las fuentes a piacere. ¿Esa manipulación no es mentir? Desde luego hubo el correspondiente recuadro sobre la inseguridad en la Argentina. Otra más, cuando pasó el tsunami en Japón me pidieron una nota sobre los efectos en la economía mundial, que es el tema con que más trabajaba. En la nota reproduje un párrafo de The Economist donde decía cuáles eran los 10 países que crecían más en ese momento y sostenían la expansión mundial en medio de una crisis global centrada en Europa y EE.UU. En el pelotón de esos 10, según The Economist, un medio muy conservador y para nada K, más bien antiK, estaba Argentina y así lo consigné. Bien, al otro día los lectores de Clarín leyeron los otros 9 países, pero no el nuestro. Más que mentira eso era censura. En todo caso, estas dos muestras son absolutamente nimias al lado de verdaderos operativos que, no sólo Clarín, como digo, porque los medios jamás son objetivos, se hacen con total impunidad.

¿Bajan línea o son los propios periodistas?

Hay de todo, de hecho las anécdotas que conté se cocinan entre los editores. Es tanta la presión de los patrones, en esta coyuntura insoportable de guerra con el gobierno, que ya los editores lo hacen por sí solos, sin que “de arriba” les bajen línea. Cuando ellos veían por ejemplo algo de la SIP contra Chávez, ya lo pautaban para publicar, total ganaban tiempo antes de que viniera una orden de arriba para que la publicaran… Pero también había bajadas directas de líneas, imágenes bochornosas que no había visto en mi vida. No me gusta mencionar a colegas, ni lo haré, pero por ejemplo vi a un periodista de Negocios que escribía sus notas contra el gobierno con uno de los accionistas, Héctor Aranda, al lado, dictándole. Jamás había visto la profesión tan por el piso. Aranda bajando de la redacción y dictando notas, qué vergüenza, no sé cómo un colega pueda tolerar eso. O los corre-ve-y-dile de la gerencia bajando con lo que tenían que escribir los periodistas, algo patético. Recuerdo a otro colega que en su vida había hablado de derechos humanos y en su vida había cuestionado a una sola empresa argentina de evasión de impuestos (se estima que la evasión en nuestro país es del 50% promedio), más bien siempre fue demasiado “amigo” de las empresas privadas. Pero cuando saltó el escándalo Shocklender, se llenó la boca en un video del diario insultando a las Madres de Plaza de Mayo (debe haber sido la primera vez en su vida que las nombraba), en un verdadero acto de caradurez. Otro, de bien arriba en la redacción, que en sus editoriales da clases de moral pública y para publicar en los ’80 sus columnas gremiales recibía sobres con dinero de los sindicatos. Una vez, me contó ese querido colega y maestro que fue Oscar Raúl Cardoso, le tocó reemplazarlo para una entrevista para la columna sindical de la semana, y cuando terminó de entrevistar a un sindicalista, un “gordo”, éste le ofreció dinero. El Gordo se quedó helado, pero el otro le dijo que era “lo de siempre”… Quiero decir, los patrones de los grandes medios no hace falta que diga lo que son. Pero algunos periodistas… Eso se daba y se da mucho, gente “más papista que el Papa” y veletas para todo servicio. En la sección Medios del diario quizá sea donde se llega al sótano de esa miserabilidad. Por supuesto no sólo en Clarín, ni en sólo en empresas periodísticas, ni siquiera sólo en empresas.

¿Qué pasa con eso de ser “leal” al medio en que uno trabaja? ¿de “ponerse la camiseta”?

Una burrada. Tengo militancia gremial en prensa desde que empecé en la profesión, casi desde que empecé a estudiar periodismo en 1979. Y tengo eso que llaman conciencia de clase. Yo no tengo problemas en dar las gracias a quien da, o me da, trabajo, siempre que se entienda que esa persona o patrón también debe darle las gracias a los trabajadores que amasaron su propia fortuna. El trabajo no es una dádiva, alguien lo da porque gana con eso, y a costa de los trabajadores. Y en todo caso ser agradecido no es vender la conciencia, el honor, la vergüenza. ¿Qué es eso de ponerse la camiseta? ¿de una empresa? ¿de una empresa periodística, con toda la responsabilidad que esas empresas tuvieron en las desgracias argentinas? Hay algo peor todavía, aquel que dice “no morder la mano del amo”. Una vez, un viejo amigo, Rubén Calmels, con quien había compartido algún tiempo de trabajo en The Buenos Aires Herald desde 1980, entró a trabajar a La Nación ya en democracia y enseguida fue electo delegado por los compañeros de Administración. En una de las primeras medidas de fuerza desde 1983, él estaba repartiendo volantes en la puerta del diario de los Mitre y un olfa pasó y le dijo eso, lo de no morder la mano de quien te de comer. Y Rubén le contestó lo tan obvio, aunque lamentablemente para no todos: que él ni era un perro ni tenía amos. Y yo hubiera agregado lo que te decía antes. No me dan de comer a mí. O si reconocemos eso, en todo caso yo y todos los trabajadores le damos de comer (y varios platos más) al patrón. A ver, no es odio de clase ni revanchismo ni nada (éso es lo que yo creo que hoy tienen, sí, los que buscan desestabilizar al gobierno de Cristina), es poner las cosas en su lugar, en el lugar que debe ocupar cada uno. Y en Clarín muchos quieren ocupar un lugar patético que deberían ocupar, en todo caso, los patrones, dando la cara, diciendo lo que piensan sin esconderse en “independencia” (¿de qué?, no lo dicen), diciendo desde donde hablan, cuáles son sus intereses económicos, etc. Muchos en el diario, decenas de trabajadores de prensa, vivimos eso, y cuando pudimos irnos, casi todos con un arreglo económico legal, nos fuimos. Muchísimas firmas importantes del diario de los últimos años se fueron y se siguen yendo, el clima se fue haciendo irrespirable. Por otro lado en mi opinión el nivel de los diarios es muy mediocre. Es un campo de batalla, más que una labor periodística, instructiva, comunicadora. Además en el caso del grupo, como todas las grandes empresas del gremio en general, está en un período de achique impresionante, por la crisis de los medios gráficos (a lo que en Argentina se suma la pelea con el gobierno) Por todo eso es que mucha gente se ha ido de la empresa. Algunos ni siquiera soportaron tener que esperar una indemnización y se fueron sin más, como el recordado y querido Claudio Díaz.

Nota completa

lunes, 15 de octubre de 2012

¿Es posible chavizar la Argentina? (por José Natanson)



Quizás el famoso aforismo del editor venezolano Rafael Poleo sea exagerado (“En este país no hay buenos y malos gobiernos sino buenos y malos precios del petróleo”), pero ni los chavistas más fanáticos podrán negar que la economía venezolana es una típica economía rentista. Más parecida a la de Nigeria o Arabia Saudita que a la de potencias agroalimentarias con ciertos niveles de industrialización como Brasil y Argentina, Venezuela exporta prácticamente un solo producto (en 2011 el 90 por ciento de sus exportaciones y el 48 por ciento de sus ingresos fiscales provinieron del petróleo o derivados) a básicamente un solo país (el 44 por ciento se dirigieron a Estados Unidos, donde Pdvsa tiene tres refinerías, incluyendo la gigantesca de Lake Charles). El auge de los precios de los hidrocarburos terminó de ahogar al sector agrícola de las llanuras venezolanas, que en su momento supo ser pujante, y asfixió cualquier actividad productiva, a punto tal que hoy Venezuela importa, sobre todo de Estados Unidos y Colombia, casi todo lo que consume, empezando por el 70 por ciento de los alimentos.
 
La soja, el petróleo argentino, no es una actividad rentista derivada de un recurso extractivo sino una actividad productiva (a la soja hay que sembrarla y cosecharla) generada a partir de un recurso renovable (el suelo). Su incidencia en la estructura económica es por supuesto relevante, pero menor a la del petróleo en Venezuela: el complejo sojero explica el 25 por ciento de las exportaciones, que se estiran al 35 si se suman otros cultivos, y menos del 13 por ciento de los ingresos fiscales. Las exportaciones argentinas incluyen también al poderoso sector automotor (12,7 por ciento del total) y no se concentran en un solo destino, sino que se dividen entre el Mercosur (básicamente Brasil), China (hoy el segundo socio comercial), Estados Unidos y Europa. Además, Argentina cuenta con una industria textil (aunque acotada), economías regionales (aunque algunas hoy en crisis), un incipiente sector de industrias culturales y turismo, segundo generador de divisas. En suma, un panorama económico más diversificado y moderno que el de Venezuela. La trayectoria económica de los últimos años también es diferente. Desde el inicio del boom de los commodities en 2002-2003, algunos países latinoamericanos atravesaron un ciclo de bajo crecimiento y baja inflación (Brasil, Chile), otros alto crecimiento y alta inflación (es el caso de Argentina) y otros baja inflación y alto crecimiento, aunque muy desigual (Perú). Venezuela es un caso único de crecimiento moderado (3,7 promedio en la última década según la Cepal) y alta inflación.

Los límites a la compra de dólares comenzaron a implementarse en Venezuela con el paro petrolero de 2003, que paralizó la producción y frenó el ingreso de divisas. El resultado fue la consolidación de un mercado que cotiza el dólar negro (allí lo llaman “lechuga”) al doble que el oficial. Las restricciones aquí se iniciaron más tarde, como resultado de la segunda fase de la crisis mundial, y generaron un dólar (“blue”) un 30 por ciento más alto que el oficial. Aunque ambos gobiernos impusieron controles ausentes otros países de la región, la diferencia es que en Venezuela rige un sistema de doble tipo de cambio consolidado y explícito, con un valor para los productos de primera necesidad y otro para el resto, que la brusca devaluación ordenada en 2010 no hizo más que afianzar, mientras que en Argentina el doble tipo de cambio es incipiente y con una trayectoria de devaluación suave.

Sigue.

sábado, 6 de octubre de 2012

Terror para la gilada



(...) Dicen que hay un satélite por el que Chávez vigilará a los que voten en su contra. Dicen, también, que los lugares de votación tienen cámaras donde espían a la gente . Dicen que un grupo secreto de hackers rusos espía el sistema. Dicen que un cable submarino conecta Caracas con La Habana, y que así los cubanos podrán meterse en el comicio para votar a favor de Chávez.

(...) Un mensaje que titila en el contestador de cada habitación del hotel Renaissance les advierte a los turistas desprevenidos que “el domingo habrá elecciones y se esperan situaciones de violencia en la jornada ”. Aquí, donde todos dicen, dicen también que los servicios de inteligencia bolivarianos (el SEBIN, a quienes tuve el gusto de conocer durante un interrogatorio en el subsuelo del aeropuerto) grabaron en forma clandestina a Diosdado Cabello, vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) durante una conversación telefónica en la que decía que, frente a una derrota, defenderían la Revolución “a como dé lugar” .

(...) El fantasma de la violencia vuela sobre Caracas como un pájaro negro: en el Comando Electoral no descartan escarceos antes de saberse los resultados y ya la oposición como el oficialismo han distribuido un mapa de las zonas conflictivas. Alberto Barrera, autor junto a Cristina Marcano de “Chávez sin uniforme”, asegura: “No sé lo que hará Chávez si pierde, pero a nivel simbólico para él entregar el poder es una traición al pueblo ”. Por su lado el ministro de Defensa, general Henry Rangel, aseguró el martes que se había detectado un plan violento de “grupos minúsculos” contra la “legalidad constitucional”, dijo que algunas de esas personas ya han sido identificadas y que se actuará en consecuencia contra quienes pretendan “subvertir el orden” . Jorge Valero, el embajador venezolano ante la ONU, denunció por su parte a “sectores antidemocráticos y golpistas, en alianza con poderosos intereses foráneos que querrán desconocer la voluntad popular”.

(...) La introducción del voto electrónico, en el que el votante debe dejar su huella digital, multiplicó las sospechas sobre el uso cruzado de los datos por parte del Estado: la gente teme que las huellas se crucen con el voto y queden expuestos a la venganza estatal contra los rebeldes.

Fuente

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