martes, 30 de julio de 2013

Periodismo truhán

Román Lejtman

Es un secreto de Estado cuántas veces puteó Cristina Fernández de Kirchner cuando se anunció que Jorge Bergoglio era el sucesor de Benedicto XVI. La Presidente desconfiaba de Bergoglio y sus alaridos exhibieron un temor atávico. Había conspirado para evitar su ascenso al papado y ahí estaba el padre Jorge transformado en Francisco, sonriendo con alegría desde los balcones del Vaticano. Cristina destiló su rencor en la primera carta oficial que envió al flamante Papa, domesticó su ego político cuando viajó a Roma para participar de su asunción y decidió usar la influencia de Francisco tras asumir que las jornadas de Río de Janeiro exhibían un cambio de paradigma religioso. Forzada por sus deseos personales, la Presidente fue fiel a sí misma: todo vale para ganar una elección primaria, incluso sonreír al peor enemigo sobre la tierra.

El Papa ya descubrió la estrategia de Cristina, y somete su ambición al peor de los ritos. Francisco no trata a la Presidente como un jefe de Estado, se limita a escuchar sus anécdotas con gesto inocuo y sólo contesta los hechos familiares. No discute la situación de los fondos buitres, ni los niveles de inflación en la Argentina. En los escasos minutos que otorgó a la delegación oficial, el Papa regaló a Cristina unos escarpines para su nieto Iván, mientras Martín Insaurralde aguardaba agazapado su foto-amuleto de campaña. Francisco obvió el encuentro reservado con la Presidenta, porque prefiere saber de la Argentina a través de la información que fluye desde Buenos Aires a Roma. El Papa no valora el relato de Cristina, y en Río de Janeiro limitó su conversación a un temario liviano muy alejado de las preocupaciones del poder global.

Si la Presidenta no hubiera conspirado contra Francisco, el Vaticano podría haberse transformado en una pieza clave de la diplomacia secreta de la Argentina. El Papa tiene prestigio y sus opiniones influyen alrededor del planeta. Sin embargo, Cristina jugó mal sus cartas y Francisco calla cuando se le pregunta sobre el gobierno argentino. El Papa defiende al país, pero exhibe su silencio frente a los tropezones políticos de la Casa Rosada.

Cristina soltó a sus perros para que involucraran a Jorge Bergoglio en crímenes de lesa humanidad. Un tribunal probó que la acusación era falsa, y Bergoglio jamás olvidara sus noches de insomnio y pesar. El Papa nunca entendió la alevosía de Cristina y Néstor Kirchner, y menos ahora frente al caso del general César Milani, acusado de la desaparición de un soldado conscripto en junio de 1976. Frente a las evidencias, Cristina defiende al general Milani. Ante la ausencia de pruebas, la Presidenta jamás se disculpó con el padre Jorge.

El Papa conoce a los clásicos italianos. Hay platos que se comen fríos.

jueves, 18 de julio de 2013

Republicanos

 "Sr. Director:

No es fácil ser un trabajador de prensa del multimedios.

Después de 11 años sin representación gremial de los trabajadores de prensa en Canal 13/TN, ocho compañeros fuimos elegidos delegados en diciembre de 2008. Por supuesto, lo habitual, desde ése momento quienes suscribimos esta carta tenemos prohibido el ingreso a la empresa.

No es fácil ser un trabajador de prensa del multimedios más poderoso de la Argentina. Por lo general los trabajadores no elegimos ni concebimos a nuestros patrones a nuestra imagen y semejanza.

Vimos desde adentro crecer la influencia y el peso del monopolio en la sociedad. Su avaro apetito de maximizar ganancias a costa de trabajadores despedidos o precarizados.

Sufrimos, hasta el límite de poner en riesgo nuestra propia salud, las presiones diarias para que ningún contenido quede fuera de control.

No es fácil ser un trabajador de prensa del multimedios y saber que de nuestros sueldos, fuera de todo parámetro convencional o paritario, dependen la alimentación, la salud y la educación de nuestras familias.

Sabemos y aprendimos con la experiencia que cuando confrontamos por un modelo distinto de periodismo y empresas periodísticas nos enfrentamos a directorios aliados de dictaduras militares. Las escalofriantes imágenes de connivencia casi familiar de la heredera del monopolio Ernestina Herrera de Noble con los dictadores Lanusse y Videla inaugurando Papel Prensa es de una violencia simbólica para muchos suficientemente “ejemplificadora” del lugar que deben ocupar los reclamos en éste tipo de empresa. Los compañeros periodistas desaparecidos, perseguidos o exiliados, son testimonios por demás elocuente.


“No es éste un lugar para libre pensadores”, reflexionaba a viva voz Carlos De Elía Gerente de Noticia de Canal 13. “Solo somos soldados” repiten sus capitanes en la redacción.

La mirada atenta de las cámaras de seguridad cubriendo todas las perspectivas posibles de una redacción sin ventanas y la policía privada recorriendo los pasillos, son recursos extremadamente eficaces para el control hasta de los deseos.

No es fácil ser un trabajador de prensa del multimedios.

En los años 2007/8 después de mucho tiempo de silenciamiento obligado y esfuerzos “clandestinos”, nos atrevimos a denunciar las condiciones laborales que sufríamos. La total indiferencia al convenio colectivo de trabajo. La falta absoluta de respeto al Estatuto del Periodista. La falta de libertad de sindicalización. La reincorporación de los compañeros despedidos. Todas condiciones que abonan la idea de que el multimedios es un territorio desprovisto de derechos constitucionales solo comparable a la Argentina del terrorismo de estado.

Y la respuesta a nuestros reclamos no tardó en llegar. Repatriaron a la Gerencia de Recursos Humanos de Artear S.A. a un viejo conocido de los trabajadores, el licenciado Ángel Franco Cosentino, el mismo que echó a cientos de compañeros allanando el camino para que Clarín se alzara con Canal 13 en los 90. Carrera que continuó con despidos injustificados y persecutorios en Canal 9 y América.

No es fácil trabajar en el multimedios sobre todo si la decisión es organizarse junto a otros compañeros. Quince de nosotros fuimos despedidos o castigados por éste intento organizativo.

En nuestro caso, desde el día 1º de diciembre de 2008, después de más de 10 años de trabajo, la empresa nos impide el ingreso por haber sido elegidos delegados de los trabajadores de prensa.

Aun recordamos cuando, 24 horas antes de las elecciones gremiales, el licenciado Ángel Franco Cosentino amenazaba que, como nosotros, las urnas “NO ENTRATRÍAN” a la empresa. Finalmente, pese a estas maniobras, 104 compañeros eligieron una comisión interna después de once años sin representación sindical.

El 7 de julio de 2010, ya son varios los fallos en el mismo sentido, la Justicia vuelve a condenar a la demandada Arte Radiotelevisivo Argentino (ARTEAR) S.A. a reinstalarnos en nuestros puestos de trabajo y al pago inmediato de nuestros salarios, por cuanto “(…) los despidos fueron nulos (…) productos de actos ilícitos”.

No permitir la organización gremial de los trabajadores es atacar la libertad de expresión.

No reconocer los fallos de la justicia es creerse un poder superior al estado mismo.

No es fácil ser trabajador de prensa del multimedios, mucho más difícil aún, ser un trabajador organizado con opiniones independiente.

¿Cuántas comisiones internas de delegados fueron despedidas sin titubeos? Por supuesto que recordamos la lucha de los compañeros del diario Clarín por organizarse y permanecer, con ellos aprendimos.

En junio de 2008 en un acto por demás pletórico de anuncios, realizado en un estudio del canal, el Gerente de Noticia Carlos De Elía anunciaba la fusión técnica de Cablevisión y Multicanal como la coronación del exitoso e irreversible proceso de concentración de empresas, cuyo origen fue, ahora queda claro, el saqueo de la dictadura militar y las privatizaciones menemistas. Más de 250 canales, anunciaba como parte de guerra, forman esta extensa red de “Periodismo Independiente”. Para su control se recurriría a una nueva gerencia que se haría cargo de la “necesaria homogenización de contenidos” que “como el General Roca, en el buen sentido” explicó, correrían las fronteras de la comunicación en la Argentina.

Dos años después asistimos al debate de la nueva Ley de Servicios y Medios Audiovisuales que tira por tierra aquella ley de la dictadura que diera marco legal a la monopolización de los medios de comunicación y el manejo discrecional de los contenidos.

Para los trabajadores la monopolización significó menos ocupación y más trabajadores precarizados. Menos periodistas y más periodistas silenciados.

Por eso la Ley de la democracia no puede ser objeto de chantaje para los trabajadores.

Democratización de los medios de información, pluralidad, libertad de expresión, defensa de las fuentes de trabajo, aplicación de las convenciones colectivas y el Estatuto del Periodista, paritarias libres con trabajadores organizados, son caras de una misma moneda.

Porque no es fácil ser trabajador de prensa del multimedios afirmamos que ningún trabajador puede ser despedido o extorsionado. Nos merecemos dar la batalla por un trabajo digno, por más libertad de expresión, por más y mejor democracia.



Ricardo Junghanns y Marcelo Moreira
Delegados de los Trabajadores de Prensa de Canal 13/TN
Ciudad de Buenos Aires"

sábado, 6 de julio de 2013

Dime cómo diseñas a tu enemigo y te diré quién eres

La intención es más o menos siempre la misma:

Todo aquel que adhiere al proyecto de gobierno no lo hace guiado por convicciones. Por el contrario, lo hacen por codicia personal, por viciado oportunismo. Los periodistas, los artistas, los deportistas y un largo etcétera, sólo son capaces de adherir y exhibir esta adhesión a las políticas del gobierno nacional por conveniencia en cada caso.

¿Por qué pensar de este modo? ¿A qué habilita este razonamiento? Por supuesto, a la desacreditación de todas esas voluntades que eligen apoyar un modelo político. Justamente, la intención radica en desarticular la autenticidad de esas voluntades (des-voluntariarlas). Como si se dijeran. “si puedo comprobar que no lo hacen por propia voluntad, puedo comprobar que todo es una inmensa mentira, que todo es falso, todo es una impostura” ¿Y con esto qué? Con esto se diseña un mundo con dos clases de individuos: los compradores de voluntades y los vendedores de voluntades. Estos últimos, a su vez, pueden incluir otras dos variantes: los que venden su voluntad por conveniencia y los que son engañados.

También hay en todo esto un componente clasista.

Como a “los artistas” no resulta tan fácil colocarlos entre las voluntades engañadas –un saber común los hace portadores de una formación cultural-, se los coloca en las voluntades que especulan hacia el beneficio personal. En relación al gobierno nacional se los ataca por ser canjeadores de adhesión política por trabajo (dinero). 

Otra situación se da en relación a una masa votante que también adhiere al modelo político. A esta masa también se le endilga un proceder por conveniencia (planes sociales, jubilaciones, etc.); pero no ya una conveniencia especulativa –inviable porque se nos dicta que se trata de una masa desposeída culturalmente-. La adhesión de éstos es por mera supervivencia.

Tantos unos como otros encarnan el mismo patrón de corrupción personal dependiente de la corrupción institucional. De este modo se pretende construir un mundo de vilezas (para todo espíritu destructivo suele ser necesario envilecerlo todo, instalar la podredumbre en cada conducta humana: esto conduce a un clima harto conocido por cualquier argentino) ¿Pero acaso TODO el mundo funciona con la vileza como motor exclusivo?

No, todo el mundo no. En todo discurso pretendidamente moral siempre debe existir una contra parte sana. Y es ese nosotros que alerta y denuncia al mundo enfermo de vileza el que se nos propone como la parte sana, independiente de todas aquellas dependencias que atan tanto a los portadores de cultura (“artistas, intelectuales, etc.”) como a los desposeídos de la misma (la masa votante). El fárrago generalizado de corrupción tiene sus excepcionalidades y se nos sugiere que es ese nosotros denunciador.

Los divulgadores de este esquema nada dicen y nada describen acerca del lugar desde el cual se pronuncian. Con este silencio procuran inmunizar ese lugar, desvincularlo de aquel otro mundo de vilezas que señalan como la parte enferma. Quizás sea en la idea de “independencia” en donde más absurdamente se amparan de cara a la sociedad. Para ellos la “dependencia” sólo existe en relación al Estado, por eso la vileza individual o grupal siempre está atada al Estado y no, por ejemplo, a una corporación (como si el poder de éstas no se hubiera germinado a costa de los diversos Estados). Se trata de una mirada privatista del mundo.   

No es nada casual que Lanata (que hoy encarna alevosamente el ideario y el espíritu de una de las versiones de nuestra clase media) ataque la inversión cultural del gobierno (“despilfarro”) a partir del argumento rentístico; es decir, cuánto éxito tienen las producciones en las que el Estado ha puesto dinero. No pueden evitar entender, describir y atacar al Estado a partir de la lógica empresarial que sus propios empleadores utilizan con ellos mismos. Para ellos cualquier acción del Estado sólo se justifica si es eficaz cuantitativamente. Este es un clásico de buena parte de la clase media: siendo empleados, razonan como patrones.

Es suficiente con sintonizar un programa de radio de este tipo de divulgadores para comprobar la importancia que le otorgan al rating de las producciones culturales. Los informes de rating son una columna de esos programas. En el mismo programa radial de Lanata la mañana de los lunes el “tema rating” es abundantemente tratado. “A mayor rating, mejor es el producto”, es la fórmula. Que es la fórmula excluyente, por ejemplo, de la televisión: “Si medís permaneces, si no medís estás afuera”. Esta lógica empresarial (la misma que creen que debe regir a un Estado) los arrastra a una obsesión con el dinero.

No más entrar al sitio web de cualquiera de los diarios que atacan al gobierno para comprobar el asedio casi obsceno de publicidades (el mouse no da abasto a cerrar una ventana tras otra). La lógica empresarial no acepta espacios libres de publicidad. Cuando arrastran esta lógica al comportamiento de un Estado, claro está, no pueden menos que encontrar objeciones aquí y allá. Quizás sea ésta la hipocresía más impune que esgrimen en la actualidad: porque estas empresas de medios son las mismas que se han hecho poderosas gracias al Estado de ayer y antes de ayer. Sus ataques permanentes al Estado de hoy es resultado de que éste los ha corrido de sus viejos privilegios. La lógica empresarial es esencialmente camaleónica: no duda a la hora de cambiar posturas según los intereses de la hora.        

Si a periodistas como Lanata les sacas el “argumento del dinero” como motivador de las diversas corrupciones individuales poco les queda. A todo aquello que les es esquivo a la interpretación (los votos, las convocatorias, el amor al líder, etc.) lo explican con el “argumento del dinero”. Para la lógica empresarial todos los ciudadanos son pasibles de corrupción, todos son vendibles y comprables. Todos somos potencialmente viles porque, según ellos, a todos nos guía una pasión descontrolada hacia el dinero. El “argumento del dinero” les funciona como un bálsamo para la interpretación de los hechos. Y este es un rasgo de carácter de buena parte de la clase media argentina; el costado “langa” que cierra todo análisis con el argumento de la guita (alguien, en un indudable rapto de lucidez intelectual, ha sabido decir que “Clarín es el PJ de la clase media”).

"Los otros" suelen ser a menudo construcciones de cada quien. Aun los enemigos, aquellos a quienes dedicamos cada minuto de nuestras vidas a vituperar, también lo son. Y esa construcción de "el otro" en realidad habla más de uno que de otra cosa. Por eso: dime cómo diseñas a tu enemigo y te diré quién eres.

jueves, 4 de julio de 2013

Hoy escuché


Rosario, un almacén, barrio centro.
Diálogo entre una vieja, un viejo y la almacenera.

Vieja: Parece que él [Néstor Kirchner] andaba con la secretaria y el hijo también, los dos tenían relaciones con ella. Entonces la madre (CFK) y el hijo lo envenenaron para quedarse con toda la plata.

Almacenera: Vos sabés que a mí me llegó la misma historia por otro lado.

Vieja: Yo no sé para qué querían tener tanta plata.

Viejo: La plata ya la tienen. Para qué la votan.

Vieja: Y... la votan porque les dan cada vez más cosas. A mí me suben los impuestos todos los días.

Almacenera: Y viste que acá se tapa todo. Lo de la rodilla del hijo fue una sobredosis y así...

Viejo: Hablando de un todo un poco qué pinta ese hijo ¿no?

miércoles, 3 de julio de 2013

Colón o Azurduy


Un indígena con avión es muy sospechoso

A Evo Morales le han hecho pernoctar en Viena, que es un sitio estupendo para pasar una noche toledana. Viajaba el boliviano de Moscú a La Paz cuando varios países europeos decidieron retirarle las autorizaciones para sobrevolar su territorio, no tanto porque pensaran que el hecho de que un indígena viaje en un avión presidencial es más sospechoso que Urdangarin jugando al Monopoly -que eso, al parecer, ya lo tienen medio asumido- sino porque temían que hubiera escondido en su interior a Edward Snowden, el exanalista de la CIA que tiene a Obama de los nervios.

Los europeos somos así. EEUU espía a nuestros gobernantes hasta en la ducha, pero en el Viejo Continente no somos rencorosos y basta una orden de Washington para que corramos en su auxilio ante la amenaza de que el joven que denunció este espionaje precisamente ponga en aprietos al Imperio. Con Morales, además, es que no se puede uno fiar, porque no sabe lo que es la seguridad jurídica ni el ordenamiento jurídico ni nada que tenga que ver con lo jurídico en general.

Por esa razón, un puñado de los países más respetuosos con la ley decidieron hacerse con ella un avión de cartulina y obligar a Morales a efectuar un aterrizaje de emergencia en Austria, pasándose de paso por el forro todos los convenios internacionales en materia de navegación aérea que aseguran el libre tránsito sin permiso previo. Y es que el presidente de Bolivia no respeta nada.

España, en esta ocasión, ha vuelto a ocupar su lugar en la historia como soñaba Aznar, que no es otro que el de la genuflexión ante el amigo americano. Se demuestra también que cualquier cuento, incluido el de Caperucita, puede cambiar una barbaridad en poco más de diez años. En aquellas fechas en este país no se preguntaba nada a los aviones con tipos de la CIA en su interior que aterrizaban en nuestros aeropuertos, especialmente si como pasaje viajaban supuestos miembros de Al Qaeda secuestrados por los servicios de inteligencia de EEUU y en rumbo a Guantánamo para poder ser torturados en ese clima tropical tan benéfico.

Como entonces, España ha estado a la altura de las circunstancias. No sólo negó el paso al avión de Morales sino que trató de enviar a su embajador en Viena a investigar dentro del aparato con la excusa de tomarse un café con el mandatario boliviano y certificar así si entre la tripulación estaba Snowden disfrazado de azafata o, en su defecto, comprobar si Morales había aprovechado su paso por Moscú para cargar de ‘estrangis’ unas latas de caviar de beluga, dificilísimo de encontrar en el altiplano.

Aunque se haya demostrado que Snowden ni estaba ni se le esperaba, Morales debería entender que no puede viajar por el mundo en avión impunemente. Hay que cumplir unas reglas, un protocolo. Debe someterse a la ley del hombre blanco y dejarse de pachamamas y otras gaitas. Rajoy, que tiene buen corazón, le permitía esta mañana sobrevolar la madre patria y hasta repostar si lo deseaba. Tendría que estarnos agradecido.

Juan Carlos Escudier - Público.es

Snowden: ¿por qué no te callas? El reino bananero de España

El primer encontronazo del Presidente Chávez con Bill Clinton tuvo lugar precisamente por culpa del espacio aéreo. Clinton agradecía a Chavez que, en nombre de la amistad entre los pueblos venezolano y norteamericano, y en virtud del Plan Colombia, autorizara a la fuerza aérea gringa sobrevolar territorio venezolano. A lo que Chávez contestó: nada que agradecer Presidente, porque el pueblo venezolano reconoce igualmente la amistad del pueblo norteamericano que en virtud de las relaciones entre ambos pueblos y en aras del Plan Colombia permite a la fuerza aérea venezolana sobrevolar territorio norteamericano. Y hasta ahí podíamos llegar, pensó Clinton. Estos países bananeros…

Pero es que América Latina ya es otra. Decía el Che que la Organización de Estados Americanos era el Ministerio de Colonias norteamericano. Y por eso, con el impulso del corajudo Chávez, decidieron dotarse de instituciones regionales soberanas: UNASUR, CELAC, ALBA. Y hacía ahí camina ese continente. En el caso de Bolivia con la decisión de Evo Morales, quien no ha dudado en expulsar de su país a los norteamericanos realizando labores de espionaje. Como en Europa, vamos. Un continente soberano, digno, decente. Todo lo contrario de esta decadente Europa que, al tiempo que descubre que su amigo Estados Unidos tenía micrófonos hasta en los baños del Parlamento Europeo, le dice quién puede y quién no sobrevolar su propia espacio aéreo.

Somos una colonia norteamericana. ¿Será mejor asumirlo de una vez por todas? Lo entendió muy bien José María Aznar: ya que somos rehenes de los norteamericanos, hágamonos uno de ellos. Alguna migaja te cae de su banquete. Y mientras Europa se convierte de facto en una estrella más de la bandera, como Puerto Rico, si hablo con acento tejano y señalo hacia las montañas con el dedo mientras digo arrobado “Mountains, Mountains”, por lo menos me dejan poner los pies encima de la mesa y eructar como los de Kansas después de beberme una Coca-Cola.

América Latina ha empezado a ser librándose de las tutelas. Algo que no hemos hecho en Europa y, mucho menos, en España. Contamos con lengua de serpiente que la liberación de Europa de los nazis comenzó en el desembarco de Normandía, y ya se encargargó Hollywood de hacerlo cierto. Pero la verdad es que la derrota del fascismo empezó con la debacle del 6º Ejército alemán en Stalingrado. Fue el ejército rojo el que liberó Europa. Claro está, salvo en España. Que Franco se quedaría para siempre. Para eso nos pusieron las bases de Torrejón, Rota, Morón y Zaragoza. Donde, seguramente, almacenan los micrófonos que luego siembran por Europa, su amiga, para espiarla.

Si España tiene un valor añadido es América Latina. Nos llamamos hermanos. Pero no dejamos que el hermano Evo Morales, Presidente Constitucional de Bolivia, sobrevuele territorio español. Lo detenemos como si fuera un delincuente. Lo registramos. Lo convertimos en sospechoso. Al final, de manera vergonzante, autorizamos el vuelo. Al igual que con las elecciones en Venezuela que ganó Maduro. Al final, como a la fuerza ahorcan, terminamos asumiento lo que teníamos que haber hecho desde el principio. Quedamos con todo el mundo como gente de poco fiar. ¿Será verdad que nos parecemos a nuestros gobernantes?

El primer viaje que hizo Juan Carlos de Borbón después de sustituir a Franco en la jefatura del Estado fue a los Estados Unidos. Seguimos tutelados. Somos un vergonzoso Reino bananero. En el próximo viaje del monarca, su familia o el gobierno a la América del Sur, cuando los brindis y las palabras huecas de amistad entre los pueblos, alguien hará sonar una copa con una cucharilla, les interrumpirá y les recordará este gesto de inamistad, de vejación, de falta de soberanía. Igual al Rey lo más que se le ocurre es decir, achispado, ¿por qué no te callas? Ignorando que ese continente, a diferencia del nuestro, ha aprendido ya a hablar sin pedir permiso.

No sirve de mucho, pero otra España os pide disculpas.

Juan Carlos Monedero - Público.es 
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