jueves, 10 de octubre de 2013

El Papi Malo

 
 
Elecciones 2013 / Marca personal / Cien horas con los candidatos

Luis Barrionuevo: la revancha de un eterno sobreviviente

Política
Con el peso de su gremio, volvió a Catamarca para ser diputado; quiere tener un papel protagónico en la mesa de poder del peronismo poskirchnerista
Por   | LA NACION
 
 
 
Otro pozo. La Amarok gris se sacude. Baja del cerro por un camino árido y pedregoso. Sentado en el asiento del acompañante, Luis Barrionuevo, el brazo por fuera de la ventanilla, levanta la mano para hacer equilibrio y que no se le vuelque el Speed. Va por la mitad de un día que ya es agotador. "Qué hago yo acá pudiendo estar en Miami?", dice fuerte, y se ríe.
 
Empezó la mañana antes de las 7 en un hotel de Santa María, casi en el límite con Tucumán, con tres grados bajo cero. Ya regateó con cuatro dirigentes la plata que les iba a dejar, entregó seis camas en un hospital, pateó penales en un potrero, llevó a la iglesia un cuadro con la cara de Francisco, se disfrazó de cacique en un museo, y todavía no son las 12.

A los 71 años, Barrionuevo quiere ser otra vez diputado nacional por Catamarca. Después de mucho tiempo de jugar sus cartas detrás de escena, el hombre que conoce todos los trucos del poder volvió al territorio. "Si me estoy rompiendo el culo así, es porque quiero volver con la diputación, no con el culo roto", dice con la sutileza de siempre, ante la pregunta de qué está buscando.

En las elecciones primarias salió tercero, con el 19 por ciento de los votos, lo suficiente para entrar como el tercer diputado si le va igual en las generales. Pero volver al Congreso es sólo una parte del plan de este peronista que ya fue senador y diputado, que presidió por más de una década Chacarita Juniors y que lleva 16 años como líder absoluto del sindicato gastronómico. Su apuesta va mucho más allá de Catamarca: Barrionuevo pretende ser un armador de peso en la mesa del "nuevo peronismo". Nostálgico de los tiempos de Carlos Menem, aspira a volver a ser del club de los que pongan al próximo presidente.

En Oyola, en una casita escondida entre talas y pastizales, 40 personas llevan más de tres horas esperándolo con el locro helado cuando el candidato se baja por fin de la camioneta. Cuando todos se ubicaron en sillas de plástico en torno a las tres mesas que juntaron en la galería, les hace un anuncio: "El kirchnerismo está terminado. El próximo presidente va a ser amigo nuestro. Puede ser el gallego De la Sota o Massa". Para su auditorio, las inquietudes son mucho más urgentes: no tienen agua y reclaman desde hace años un sistema de transporte público para llegar a la ciudad. Él los escucha y asiente. Les dice que apuesten al cambio, y el cambio, explica, es él. "Catamarca tiene 360.000 habitantes y yo conduzco 600.000 gastronómicos. Y ustedes podrán ver por televisión cómo los atendemos."

Aunque se instaló en Catamarca, Barrionuevo tiene dos campañas en la cabeza: la suya y la de Sergio Massa. Pero no es de los aliados que el candidato bonaerense elige exponer a la luz. "Ahí está Graciela. Yo no me meto", dice él. La diputada Graciela Camaño, a quien Barrionuevo nunca llama "mi mujer", sino "Graciela", o alguna vez "La Negra", lleva casada con él más de 30 años y tiene un rol clave en la campaña de Massa: organizar la fiscalización; es decir, garantizar que no les roben votos.

Mientras tanto, en Catamarca, Barrionuevo juega su batalla solo. O no tan solo. Puso a su gremio a disposición.

Dice que la campaña le costará unos 500.000 pesos, pero que buena parte la resuelve con "donaciones de amigos", y sostiene que el "verdadero gasto" está en la fiscalización y la movilidad. Para eso, cuenta, tiene a los muchachos del gremio de esta provincia y las de alrededor. Y además piensa traer a otros 50 de Buenos Aires, con más experiencia en elecciones, para cubrir los lugares "de mayor peligro". Dice que el gremio puede. "¿La UOM no bancó el regreso de Perón a la Argentina?", alega.
Tan verticalista es su manejo del sindicato que, mientras él recorre los valles, en el vuelo AR 2440 viene llegando a Catamarca uno de sus hombres con un pilón de cheques para firmar. Viajó para traérselos. Sólo Barrionuevo tiene firma.

"Rojitas, hacé entrar a la gente. Que vayan pasando, dale, que ya nos vamos." Es martes y Barrionuevo, las manos en los bolsillos, entra a la "oficina de información turística" de Los Nacimientos, un caserío enclavado entre montañas áridas donde parece hacer años que no para un turista.

Pegada en la pared, casi contra el techo, Barrionuevo ve la foto de sus adversarios. Ella y Él, sonrientes. Rojitas le habla, pero él no desvía la mirada. Llama a Fernanda, su jefa de prensa, entrecruza las manos y le hace piecito para que arranque la boleta de los kirchneristas. Ahora sí, se instala detrás del escritorio.

Que su marido es diabético y necesita un médico. Si pueden levantarle un baño en la casa de su suegra. Hay vacante, pero no me nombran en la escuela. Barrionuevo no anota; escucha y da consejos. "¿Pero cuánto pesa tu marido? Nosotros le traemos los remedios, pero él tiene que adelgazar." Mira la hora en su reloj TAG. Buzo con el escudito del Pebble Beach Golf Club, chaleco de gamuza, anteojos Prada, boina escocesa. Vestido entero en la gama de los marrones, tiene un aire de patrón de estancia.
El que anota, de pie a su lado, es "Rojitas", que promete que se va a ocupar. Juan Carlos Rojas es el secretario del gremio gastronómico en Catamarca. Chiquito, cara curtida, pelada franciscana y anteojos, tiene a su cargo la logística. Se mueve con la ambulancia del sindicato, una Sprinter blanca con luces verdes y sirenas, convertida en depósito móvil de las donaciones del candidato.

Las sirenas no las prenden. Para hacer ruido tienen el "barriomóvil" de Santa María, un viejo camión de cabina azul y caja de maderas pintadas de naranja, abierto por atrás, donde diez chicos van tocando bombos y trompetas. Arrancan prolijo, pero treinta kilómetros más adelante van empujándose haciendo pogo, y cambiaron la marcha peronista por canciones de cancha.

En la ambulancia viaja casi todo lo que Barrionuevo reparte. Desde leche y frazadas hasta equipos completos de fútbol que dicen "Barrionuevo diputado", y vinos que tienen como etiqueta una foto del candidato sonriente y de traje, con la leyenda "La esperanza en marcha". La Sprinter va primera en la caravana. Casi siempre unos kilómetros más adelante, los muchachos van preparando el terreno para la llegada del candidato.

Lo mismo que hacía Barrionuevo en la primera campaña de Menem, cuenta Juan Otero, "Juanqui", su chofer. "Íbamos de avanzada y le juntábamos data. Entonces el Turco llegaba y decía: «José, cómo anda su madre, ¿sigue internada?». Y así en todos los pueblos." Barrionuevo se ríe.
Juanqui va al volante de la camioneta que baja de Los Nacimientos. Barrionuevo nunca maneja y cuando llega a la estación de servicio de las afueras de Belén demuestra que ni siquiera sabe si la Amarok es gasolera o naftera. Tampoco maneja en Buenos Aires. "Cuando viajamos a Mar del Plata, Graciela no me larga el volante ni en pedo", cuenta, mientras Juanqui baja a buscar un playero. Es la hora de la siesta.

Juanqui es "el fercho de Luis" desde hace 30 años. Es un peronista oriundo de San Martín que no se le despega nunca y habla poco. Su admiración por el jefe es enorme. "Tiene unos huevos? ¡cómo va al frente! Y eso que ahora estamos grandes?", dice. Después de llevarle un año los palos, empezó a jugar al golf con él. Es uno de los pocos del equipo a los que Barrionuevo no verduguea.

Detrás de la Amarok viene el resto de la caravana con sus hombres. "El Papi Malo" lo llaman ellos a sus espaldas, pero están seguros de que él ya lo sabe y que le gusta. "No sé para qué los traigo, si me tengo que ocupar de todo yo", provoca divertido por teléfono a dos que se perdieron.
La número dos de la lista de Barrionuevo, Gladys Moro, pasó de largo. También gremialista, ella es radical, aunque la cargan con que ya empezó a tratar a la gente de "compañero".

Con Barrionuevo viajan Marcelo Rivera, legislador provincial, y Fernanda Minotto, la encargada de la prensa. Atrás llega Sergio "Charly" García, abogado catamarqueño, ex presidente de la caja forense de la provincia y excelso contador de cuentos, y en una Hilux negra, otro abogado, Víctor Pintos, que se hizo famoso como defensor de Guillermo Luque en el caso María Soledad.

"Yo le di a Lanata los 34 puntos de rating", se jacta Barrionuevo con LA NACION cuando retoma el camino. Eso fue gracias a otro de los pasajeros de la caravana, Solano Navarro, joven empresario que contactó a Federico Elaskar con Barrionuevo. El candidato también hace gala de haber reconciliado a Martín Redrado con Luli Salazar, de haber inventado las caravanas de Menem y de haber hecho desde su sindicato "concejales, diputados y gobernadores".

Ya caída la tarde, en el hotel de Belén, Barrionuevo le asegura a un living de dirigentes que a la mayoría de los intendentes los hizo él. Que después se pasaron, pero que igual muchos le responden. "Huelen sangre, y el peronista cuando huele sangre dispara", dice por lo bajo.

Después de tantas campañas, Barrionuevo asegura conocer muy bien a su gente. "Y ésta no sabés lo que es? una talibana." Habla de Nelly, una morocha bajita de más de 60, de pelo corto enrulado y boa de lana con brillos, que en Santa María le discutía a quiénes tenía que ir a ver la mañana siguiente. "Después vino a mi pieza, me hizo mate cocido y me revisó el presupuesto de los otros. Me querían currar con la comida? A mí que soy gastronómico", dice burlón.

Está claro que a Barrionuevo le gustan las mujeres fuertes. Su mujer es la mejor prueba. "La Negra es de fierro", dice. Baja de su habitación y acaba de hablar por teléfono con ella. "La piña que le da a Kunkel... La gente por la calle en Mar del Plata le besaba los puños", relata. Según dice, al principio la historia no le gustó mucho. "La llamé y la cagué a pedos. ¿Cómo vas a hacer eso? Patotero yo y patotera mi mujer. Me desprestigiás", dice el hombre que acuñó frases como "Si en la Argentina dejamos de robar dos años, nos salvamos todos", y que sigue alegando que las urnas que su gente quemó en 2003 eran de una elección pasada. Pero sonríe: "Ahora, vos viste que Kunkel nunca más jodió?".
La gira por el interior está terminando y, camino a San Antonio de la Paz, donde lo esperan 15 chivitos y un centenar de personas, la pregunta por su coquetería para vestirse es la única que lo deja pensando. Dice que no es ropa cara, que es de golf, que casi todo se lo regalaron y que él no es "marquero". También, que no tiene por qué andar en sandalias. Pero diez minutos después de bajarse de la camioneta suelta la Coca Light que venía tomando para abrazar a un viejo puntero y, sin una palabra, le cambia su boina escocesa por un gorro blanco que parece de pintor. Con él seguirá viaje por los pueblos que faltan.

Otra vez en el camino, vuelve el recuerdo de campañas pasadas y todos los cuentos terminan en alguna historia sobre Menem, con quien el candidato dice haber perdido todo contacto desde que "hizo el ridículo de volverse K". Se nota que Barrionuevo las fue adornando de tanto contarlas.
Suena una zamba triste que repite "Por qué ha cambiado la vida me pregunto a cada paso", y la Amarok empieza a bajar la Cuesta del Portezuelo, llegando ya a la capital. "Un día íbamos en el Menemóvil por Ciudad Evita, Menem estaba cansado y se metió a dormir. Yo tenía patillas. Me puse el poncho que me tapaba bastante la cara, me paré y empecé a saludar. La gente encantada, hasta que un hijo de mil putas se trepa al Menemóvil y dice: «Ése no es Menem. Es trucho». Se pudrió todo. «Nos van a matar a todos», digo. «Vayan a buscarlo. Que vuelva Carlos»."

Barrionuevo evoca "el carisma del Turco" con nostalgia. Media zamba después, hablando como para sí, como quien quiere convencerse a sí mismo más que a los demás, dice fuerte: "Massa también tiene de algo de eso".

 

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