jueves, 14 de noviembre de 2013

Un poco de peronismo

Cuando me separé de los estudiantes volví a casa y en la esquina de Nassau Street y Harrison encontré a un hombre, con jeans y campera de franela a cuadros, que hacía propaganda política aprovechando el semáforo largo de la avenida. Alzaba un cartel de apoyo al candidato republicano en las elecciones legislativas de mayo. Le había agregado una banderita norteamericana, señal de que pertenecía a la derecha patriótica. Nunca había visto el acto proselitista de un solo hombre. Todo se individualiza aquí, pensé, no hay conflictos sociales o sindicales, y si a un empleado lo echan de una oficina de correos en la que trabajó más de veinte años, no hay posibilidad de que se solidaricen con un paro o una manifestación, por eso, habitualmente, los que han sido tratados injustamente se suben a la terraza del edificio de su antiguo lugar de trabajo con un fusil automático y un par de granadas de mano y matan a todos los desocupados compatriotas que cruzan por allí. Les haría falta un poco de peronismo a los Estados Unidos, me divertí pensando, para bajar la estadística de asesinatos masivos realizados por individuos que se rebelan ante las injusticias de la sociedad.

El camino de Ida. Ricardo Piglia. Pág. 44

sábado, 9 de noviembre de 2013

La Nube

Si uno se toma el arduo trabajo de escuchar, por ejemplo, Radio Mitre o el 90% de la programación de Continental es inevitable sentir que buena parte de los periodistas que allí trabajan piensan y hablan como si viviesen en una nube de pedos. ¿En qué consistiría esta nube? Básicamente un país gobernado por una banda de sicarios, improvisados, truhanes, mafiosos, mentirosos, fabuladores, vengativos, etc. Un país gobernado por gente capaz de todo. Los periodistas que viven dentro de esta nube, en consecuencia, se sienten parte de una resistencia poco menos que heroica.

Escuchar a Leuco relatando el robo que sufrió esta semana (situación que lamentablemente le toca a miles de ciudadanos) fue una experiencia desopilante. Apenas sucedido el hecho el periodista no cesó de aportar ambigüedad en relación al robo. Intentando vincularlo todo con una acción del propio gobierno habló de “motochorros seleccionados”: es decir delincuentes pagos (por la diktadura, obvio) para atacarlo a él, precisamente a él y no al boleo. Hasta llegó a sugerir, sin vergüenza, que Verbitsky podría haber sido ¡el instigador!

Rápidamente uno podría pensar, primero, en una vil victimización. Segundo, en una operación, en un aprovechamiento informativo del caso. Y tercero, en la nube de pedos.

Hay periodistas que el Relato del gobierno ilimitadamente perverso les viene como anillo al dedo para sentirse y transmitir una anacrónica y delirante idea de Periodismo de Resistencia (a la Carrió). Los escuchás hablar y los tipos parecieran creerse verdaderamente parte de una resistencia cuasi heroica. Algo similar a lo que pudiera salir de la mente imaginativa de un niño que construye un enemigo malísimo, monstruoso y amoral frente al cual se propone como el oponente dispuesto a combatirlo y aniquilarlo.

Leuco le cuenta a Bravo su catastrófico episodio callejero como si el tipo fuera Rodolfo Walsh narrando una emboscada de las patotas de la dictadura. Los comentarios de sus compañeros de radio más los llamados telefónicos de los oyentes van construyendo un Súper Leuco desopilante. Poco menos que la experiencia de un héroe de la Segunda Guerra Mundial relatando cómo es que zafó de las garras nazis. ¡Y todo hace creer que el tipo se la está creyendo! Narra cómo le robaron la computadora como si se tratase del archivo oculto del FBI. Y a nadie de los que lo escuchan se le ocurre frenarlo en sus alocadas pesquisas. A todos les parece una hipótesis posible, creíble. Esto es la nube de pedos.

Magdalena y Morales Solá viajaron a Papá USA a llorar por la diktadura. ¡Morales Solá, colaboracionista y censor durante la dictadura! Magdalena vuelve y se encuentra con la Afip (otra vez, igual que miles de ciudadanos). Nuevamente surge una única hipótesis: el gobierno amedrenta a la Resistencia Periodística.

La construcción de un Monstruo de mil Kabezas, perverso y sin límites para el ejercicio del mal, es el pie necesario para construirse ellos como los combatientes por la Libertad y la Verdad. Resulta bastante insólito ver a la aristocracia del periodismo sentirse ¡y creerse! parte de la Resistencia.

No advierten que hace diez años muchas de las aristocracias de la Argentina (no todas, lamentablemente) están siendo cuestionadas en sus privilegios. Ellos están convencidos de que sus palabras no deben ser juzgadas, reprobadas ni hasta atacadas en el barro de los medios de comunicación. La Ley de Medios les da miedo no por lo que el gobierno pueda hacer con su implementación (¡el mismo gobierno al que dan por muerto!). A lo que le temen es a la lupa que como nunca hoy tienen encima. La lupa que los revela como incoherentes, corporativos, contradictorios y vulgares. No se bancan que una columna radial o gráfica pueda tener como consecuencia una puteada callejera o una burla televisiva (mientras que cada día ellos insultan, escrachan sin pruebas, se mofan, demonizan, inventan, especulan, etc.). Juegan en el barro y pretenden estar siempre de punta en blanco.     

lunes, 4 de noviembre de 2013

De 1 a 0,7 (por Juan Gelman)

Los muchachos de “Ocupar Wall Street” tendrán que revisar consignas: ya no es el 1 sino el 0,7 por ciento de los acaudalados quienes controlan el 41 por ciento de la riqueza mundial. Así lo afirma Jason Bellini en el Wall Street Journal precisamente (2013 Wealth Report//line.wsj.com, 15/10/13). El periodista se basa en un informe reciente del poderoso Credit Suisse según el cual ese 0,7 por ciento está formado por personas cuyos “bienes tienen un valor neto de más de un millón de dólares” (www.credit suisse.com, 10/9/13). Son unos 32 millones de los 7000 millones de habitantes del planeta y su riqueza reunida asciende 99 billones de dólares.
 
El informe del Credit Suisse divide al 0,7 por ciento en dos grupos: a) el que tiene de 1 millón a 50 millones; b) los de 50 millones para arriba, que en EE.UU. son 45.000. La vasta mayoría de millonarios en el mundo, 28 millones de personas, posee entre 1 y 5 millones, otros 2,2 millones de 5 a 10 millones de dólares y más de otro millón de 10 a 50 millones de billetes verdes. “Dos millones de nuevo millonarios aparecieron en todo el mundo el año pasado.” El 91,6 por ciento de la humanidad se reparte un 17 por ciento de lo que queda.

Se asiste a una crisis económica muy particular. La recuperación estadounidense fue muy, pero muy, benéfica para los multimillonarios por quinto año consecutivo, es decir desde la recesión del 2008. Pero lejos están los tiempos en que los estadounidenses del rubro constituían el 40 por ciento del total mundial y casi todo el resto era de Europa occidental y Japón. Una investigación compartida por Forbes (www.forbes.com/billio naires, 4/3/13) y el Instituto de Estudios Políticos de Washington mostró que la multimillonariez se desplazó de manera notable hacia la región Asia/Pacífico.

Ahora EE.UU. (442 multimillonarios) viene escoltado por China (122, cero en 1995) y Rusia (110). En cuarto lugar se encuentra Alemania (58), seguida de India (55), Brasil (46), Turquía (43), Hong Kong (39) y el Reino Unido (38). Resulta que hay más en Turquía que en cualquier otro país europeo, salvo Alemania.

Claro que no hay winners sin losers. “El desempleo mundial ha subido tras registrar una disminución durante dos años consecutivos y podría aumentar aún más en 2013”, advierte un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) (www.ilo.org, 22/1/13). El número de sin trabajo aumentó 4,2 millones en 2012 y el organismo de la ONU estima que llegará a 202 millones este año, superando el record de 199 millones del año 2009 registrado en el momento más brutal de la crisis. En el 2014 habría 3 millones más. Un cuarto del incremento en el 2012 se produjo en las economías desarrolladas y repercutió en otras regiones, en especial en Asia Oriental y Meridional y el Africa Subsahariana.

Todo periodista sabe que la acumulación de cifras aburre a cualquier lector y quien esto escribe pide las disculpas del caso. Pero la que asoma detrás de la frialdad de los números redondos es un espectáculo nada primoroso. La presentación cuantitativa de la OIT es alarmante y más aún lo es el desacoplamiento de sus partes. Unos 73,4 millones de jóvenes serán desocupados en el 2013, según estimaciones de la OIT, un incremento de 3,5 millones respecto del período 2007-2013: se da “una proliferación de los empleos temporales y un creciente desaliento entre los jóvenes de las economías avanzadas: y empleos de baja calidad, informales y de subsistencia en los países en desarrollo”. Cuando se consiguen.

No es todo, claro. A más edad, más posibilidades de perder el empleo. La alternativa es mantenerlo con salarios a la baja y padecer la inestabilidad de los contratos, la no jubilación, el trabajo en negro, la pregunta de si será posible mantener a la familia en adelante, una sensación de inseguridad que afecta a millones de hogares en todo el mundo, sin duda más que el terrorismo de Al Qaida. Tal vez por eso hay que vigilarlos a todos. Saber qué indignación cultivan y cómo pudiera estallar algún día.

El informe mundial sobre salarios 2012/13 de la OIT subraya que “las diferencias entre el aumento salarial y la productividad laboral, y entre las personas con más ingresos y las que menos perciben, son cada vez mayores”. En su informe 2010/11, que analiza datos de 115 países o el equivalente al 94 por ciento de los 1400 millones de asalariados en el mundo, la OIT revela que “el crecimiento promedio de los salarios mensuales cayó del 2,8 por ciento en 2007 (antes el estallido de la crisis) a 1,5 por ciento en 2008 y 1,6 por ciento en 2009. Si se excluye a China, el crecimiento de los salarios
bajó a 0,8 por ciento en 2008 y 0,7 en 2009”. La torta es grande para algunos, chiquita para casi todos los demás.
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